Vendidos por Pearson a Nikkei y a los Agnelli

‘FT’ y ‘The Economist’: nuevos propietarios para afrontar una nueva era del periodismo

Amparo Polo

El grupo británico Pearson vendió el pasado julio Financial Times, diario del que fue dueño durante los últimos 58 años, al grupo japonés Nikkei por 1.200 millones de euros. Dos meses después, vendió el 50% de The Economist a la familia italiana Agnelli por 665 millones. De esta manera, se ponía fin a la larga historia de Pearson como propietario de medios de comunicación; en concreto, de dos de las publicaciones más influyentes del mundo.

 

AMPARO POLO*

Londres.- Lionel Barber, el director de Financial Times (FT) desde hace diez años, es un personaje con tirón en la City de Londres. Su mezcla de altanería, sentido del humor y fama de tipo duro le convierten en un orador al que las salas se le acostumbran a quedar pequeñas. A mediados del pasado mes de noviembre, el auditorio de la London School of Economics (LSE) aparecía abarrotado para escuchar su clase magistral sobre el futuro de los medios de comunicación.

La charla, en esta ocasión, tenía un atractivo adicional. Se trataba de una de las primeras ocasiones en las que Barber hablaba en público tras la compra del Financial Times por parte del grupo japonés Nikkei. La operación ha sido una de las más relevantes del mundo corporativo en 2015 por el alto precio pagado por el diario. Pero también ha causado una fuerte polémica en Reino Unido, ya que muchos se preguntan si el periódico será capaz de mantener la independencia que ha mostrado durante sus 127 años de historia una vez en manos del gigante japonés.

Barber zanjó cualquier tipo de duda que pudiese surgir a la primera de cambio. En primer lugar, saludó al auditorio en japonés. “Buenas tardes o, como decimos en japonés, konbanwa”, dijo bajando ligeramente la cabeza. Pero viniendo de un periodista del FT, este saludo no se puede tomar solo como un acto de cortesía hacia el nuevo propietario, sino más bien como un desafío: “Ha habido mucha especulación sobre lo que el acuerdo entre Nikkei y FT va a conllevar. Yo digo lo siguiente: nuevo propietario, nuevos socios, el mismo FT”.

Financial Times fue fundado en 1888 y desde entonces ha sido uno de los emblemas de la City de Londres. Su papel de color salmón y su tamaño asabanado han sobrevivido a todo tipo de crisis y cambios accionariales. Su lema en todos estos años no ha cambiado: “Without fear, without favour” (“Sin miedo, sin favores”), algo que su plantilla, formada por cerca de 500 periodistas, parece llevar grabado a fuego.

Entrar en la sede del periódico siempre impone. Políticos y empresarios de todo el mundo respiran hondo al subir las escaleras del edificio porque saben que dentro no van a tener amigos. Las reuniones con los periodistas son breves, directas y muy profesionales. Esta corresponsal todavía recuerda el día que se cruzó con Emilio Botín en la entrada del edificio. El fallecido expresidente del Banco Santander iba a conocer a Lionel Barber: “¿Cómo es? ¿Es simpático?”, me preguntó. Yo tuve que decirle la verdad… 

La compra del FT por parte de Nikkei se anunció a mediados del pasado mes de julio. El grupo editorial Pearson, dueño del periódico durante los últimos 58 años, decidió vender FT Group a los japoneses por 844 millones de libras (1.200 millones de euros). Esta cantidad –que no incluía la sede del diario, en el centro de Londres, y tampoco el 50% de la revista The Economist, también en manos de Pearson– deja en algo anecdótico la compra del Washington Post por parte del fundador de Amazon, Jeff Bezos. El empresario pagó de su propio bolsillo 250 millones de dólares (236 millones de euros) por el diario en 2013, una quinta parte de lo pagado por Nikkei. La única gran operación que supera a la del FT fue la compra del grupo propietario de The Wall Street Journal y Dow Jones por parte de Rupert Murdoch por 5.000 millones de dólares (4.720 millones de euros) en 2007.

La sede del diario, a orillas del río Támesis, junto a la City, está valorada en unos 100 millones de libras (más de 140 millones de euros), según un análisis publicado por Barclays. Nikkei pagará un alto precio a Pearson por seguir utilizando este edificio en régimen de alquiler, lo que hace pensar que a medio plazo el diario cambiará de ubicación.

Una vez vendido el FT, la búsqueda de comprador para el 50% que Pearson tenía en la revista The Economist resultó inminente. Dos meses después, el 12 de agosto, se anunció la venta de esta participación por 469 millones de libras (665 millones de euros) a la familia italiana Agnelli y al propio The Economist Group. La operación ponía fin a la larga historia de Pearson como propietario de medios de comunicación.

Para Pearson, la decisión de vender ambas publicaciones no fue fácil. La mayor parte de su negocio procede del área educacional, pero tener en su portfolio a dos de las publicaciones más influyentes del mundo ha sido durante años algo casi sagrado. “Educación y periodismo son causas nobles, pero no son lo mismo y requieren diferentes habilidades, capacidad y foco”, aseguró en el momento de la venta el consejero delegado de Pearson, John Fallon. “Pearson ha sido un propietario orgulloso del FT durante casi 60 años, pero hemos alcanzado un punto de inflexión en los medios, provocado por la explosión de los móviles y las redes sociales. En este nuevo entorno, la mejor forma de asegurar el éxito periodístico y comercial del FT es formando parte de un grupo global, digital y de noticias”, añadió.

Rumores
Los rumores sobre una posible venta del FT y de The Economist llevaban años en el mercado.  Los analistas no veían sentido estratégico a mantener estas dos publicaciones, aunque Pearson seguía aferrado a su historia. “Era solo una cuestión de tiempo”, afirmó Claudio Aspesi, analista de Bernstein. Y aclaró: “Los precios ofrecidos por ambas publicaciones no podían ser rechazados”.

Marjorie Scardino, anterior consejera delegada del grupo, intentó acallar las especulaciones con una frase que se hizo muy famosa en Londres. “El FT se venderá por encima de mi cadáver”, aseguró la ejecutiva hace una década, tras el asedio al que la tenían sometida los periodistas.

Las dudas volvieron hace un par de años, cuando el nuevo consejero de la compañía, John Fallon, no quiso repetir la misma declaración al ser preguntado en público sobre el futuro del periódico. Ahora queda claro que su nombramiento tenía como principal objetivo la búsqueda de un comprador para las dos publicaciones.

En la mañana del pasado 22 de julio, los rumores se hicieron intensos. La agencia de noticias Bloomberg fue la primera en sacudir el mercado diciendo que Pearson mantenía negociaciones con varios grupos internacionales para vender el FT. La información no citaba compradores específicos, pero daba señales de que, en aquella ocasión, la venta podía ser inminente.

Nikkei, un gigante en japonés desconocido en Europa

Al día siguiente, la bomba estalló. Nikkei, un gigante japonés desconocido en Europa, anunció la compra del diario británico. De nuevo, se confirmó aquello de que en casa del herrero, sartén de palo. “En mis 40 años como periodista, he seguido muchas fusiones y adquisiciones, pero creedme, la cosa cambia cuando tu propia empresa es la que aparece en el titular”, atestiguó Lionel Barber en su conferencia.

Pearson llevaba meses negociando la venta del FT a Axel Springer, el grupo alemán al que todo el mundo daba por ganador en la puja. Pero en el último momento, los japoneses les adelantaron por la derecha, ofreciendo más dinero –se calcula que unos 100 millones de libras (142 millones de euros) más–, y dando más garantías de que no habría recortes de plantilla ni cambios sustanciales en la organización, al no existir sinergias entre los dos grupos.

En la propia redacción, nadie daba crédito a lo que estaba ocurriendo. “La gente entró en un estado de shock”, confesó un periodista del FT que esa mañana estaba en la sede central del periódico. “No podíamos creerlo. ¿Nikkei? Pero… ¿de dónde han salido estos rumores?”, recordó que todo el mundo se preguntaba.

Los comentarios vertidos en Twitter por parte de la redacción fueron el mejor termómetro para valorar la tensión que se vivió esa mañana. Una imagen subida a la red social por el periodista Neil Hume, en la que se muestra a 20 o 30 periodistas mirando absortos las pantallas de televisión, son el mejor ejemplo de la confusión que se vivió. “Todos nos agolpamos en torno a las teles. No entendíamos nada de lo que estaba pasando”, reconoció el periodista.

La confusión se vio acentuada cuando el propio Financial Times abrió su página web a las 14:13 horas con la noticia de que Pearson negociaba la venta del FT a Axel Springer. Poco antes, el acuerdo ya se había cerrado con los japoneses, aunque casi en secreto y tras una llamada de teléfono in extremis desde Tokio. A las 15:13 horas, Pearson comunicaba los términos del acuerdo a la Bolsa de Londres. El FT tuvo que morder el polvo y hacer una de esas cosas tan dolorosas para un periódico: modificar la información y decir que Nikkei, contra todo pronóstico, era su nuevo propietario. “Y mientras yo aquí, aprendiendo alemán”, dijo con humor en un tuit el corresponsal en Bruselas, Peter Spiegel.

Otros tres grupos valoraron la compra del FT

Al menos, otros tres grupos valoraron la opción de comprar el Financial Times: Bloomberg, Thomson Reuters y Vivendi, aunque ninguno llegó a competir con la oferta final de Nikkei.

Frente a este espectáculo, la venta de The Economist fue algo mucho más discreto. Dos días después del traspaso, Pearson reconoció que buscaba comprador para la revista. La operación se anunció en agosto. El grupo británico acordó vender su 50% en la revista al fondo Exor y a The Economist Group por los citados 469 millones de libras.

Según este acuerdo, Exor, propiedad de la familia Agnelli, los fundadores de Fiat, dueños del diario La Stampa y mayores accionistas del Corriere della Sera, principal diario italiano, tendrá el 27,8% de las acciones ordinarias del grupo –valoradas en 227,5 millones de libras (casi 323 millones de euros)– y todas las acciones del tipo B de la compañía –59,5 millones de libras (84,5 millones de euros)–. Los Agnelli, que ya tenían un 4,7% de la compañía, controlan ahora el 43,4% de la revista, lo que les convierte en el mayor accionista de la publicación.

The Economist Group, la sociedad en la que participan familias como los Rothschild, Schroder y Cadbury, pagó 182 millones de libras (258 millones de euros) a Pearson para aumentar su participación en la revista. La compra será financiada, en parte, con la venta de la histórica sede de la revista en el céntrico barrio de St. James. “The Economist venderá su sede, con las mejores vistas de Londres, para asegurar la independencia de sus puntos de vista”, decía en Twitter el periodista Matthew Bishop, quien trabajó durante años para la revista. Fuentes del sector inmobiliario consideran que este edificio puede estar valorado en 150 millones de libras (213 millones de euros).

Fundada en 1843, The Economist tiene una tirada de 1,6 millones de ejemplares y ha logrado fortalecer sus ventas durante la crisis, al convertirse en una herramienta útil para comprender el mundo y la economía. La revista entendió pronto el valor de las suscripciones digitales y en los últimos meses ha lanzado un nuevo servicio, Espresso, con contenidos diarios para sus suscriptores.

La publicación tuvo un beneficio antes de impuestos de 59 millones de libras (83,7 millones de euros) en 2014 y unos ingresos de 328 millones de libras (465 millones de euros). La venta por parte de Pearson valora The Economist Group en 955 millones de libras (1.354,6 millones de euros), incluida una deuda neta de 17 millones de libras (24,1 millones de euros). Mientras existen dudas sobre el efecto que el control de Nikkei puede deparar en el contenido e independencia del Financial Times, es difícil que The Economist cambie de rumbo, a pesar de la nueva propiedad. Ningún accionista puede tener más del 20% de los derechos de voto ni más del 50% del capital. Exor podrá nombrar a seis de los 13 consejeros del grupo. “Siempre hemos admirado la integridad editorial y la mirada global que ha permitido el éxito de The Economist”, aseguró John Elkann, consejero delegado de la compañía italiana, quien también se sienta en el consejo de News Corp, el grupo de Murdoch.

Ambición global
Nikkei fue fundado en 1876, doce años después de que el primer FT saliese a la calle. Es uno de los grandes grupos de medios de comunicación en Asia. La compañía da nombre al índice de la Bolsa de Tokio, tiene un periódico del mismo nombre que vende 3,1 millones de ejemplares al día y controla TV Tokio y el canal de negocios Nikkei CNBC.

Desde su nacimiento, el grupo ha sido una empresa privada, propiedad de los empleados y con intereses únicamente en el mundo de los medios de comunicación. Esta es una de las fortalezas que Pearson ha querido siempre destacar a la hora de explicar por qué la oferta asiática resultó vencedora.

Nikkei obtuvo en 2014 unos ingresos de 300.000 millones de yenes (2.250 millones de euros) y un beneficio operativo de 16.700 millones de yenes (125 millones de euros). El grupo es un gigante en Japón, pero fuera su influencia era muy limitada. La edición en japonés de su diario vende únicamente 6.000 ejemplares en Europa, mientras que la revista Nikkei Asian Review, que se publica en inglés, tiene 25.000 suscriptores, aunque no crece al ritmo esperado. “Estamos aumentando el número de periodistas extranjeros, pero lleva su tiempo”, aseguró Naotoshi Okada, consejero delegado de Nikkei. “Con este acuerdo estamos comprando tiempo”, añadió haciendo referencia a la compra del FT.

La ambición japonesa por crear una marca global no es un secreto. La compañía lleva 20 años sindicando los contenidos del FT en Japón y desde 2013 publica Nikkei Asian Review. También es accionista de la revista de lujo Monocle, con sede en Londres, desde septiembre de 2014. En toda esta estrategia, la compra del FT es un “fast ticket” (“pase rápido”) para crecer en el mercado internacional, tal y como la definió Okada.

Los lazos de Nikkei con el mundo corporativo japonés son estrechos. Tanto, que sus periódicos suelen publicar los resultados de las empresas antes de que se hayan presentado en la bolsa, una práctica que resulta impensable en Europa o Estados Unidos.

Dudas sobre la independencia del FT tras la venta

Esta íntima relación con las empresas es lo que ha hecho saltar las alarmas en la redacción del FT. Durante todos estos años, una de las características que ha permitido al diario británico seguir una estrategia clara ha sido su estabilidad accionarial. La política de “hands off” de Pearson (o lo que es lo mismo, de no entrometerse en los asuntos editoriales) ha sido clave para el buen hacer del periódico. La mejor muestra de esta independencia es la forma en que los periodistas del FT preguntaban en las ruedas de prensa de Pearson. Las cuestiones más directas y más incómodas dirigidas al consejero delegado de la compañía venían por parte del periodista en la sala del FT. Su falta de “respeto” hacia la propiedad era algo de lo que el periódico se enorgullecía. “Pearson fue un propietario modélico”, declaró tras el acuerdo Richard Lambert, director del FT en los años 90. “Dio a los directores total independencia y les apoyó en los momentos difíciles”, aseguró en una entrevista a The Wall Street Journal.

La duda ahora es si el FT, en manos de un grupo japonés, con una cultura totalmente distinta a la británica, será capaz de mantener esta forma de ser que le ha convertido en un diario tan valioso.  “Los periodistas japoneses no son corruptos, pero son respetuosos, como la cultura que les rodea. La tradición periodística anglosajona dice que no hay que ser respetuoso ni nada parecido”, esclareció Roy Greenslade, autor de un blog especializado en medios de comunicación del diario The Guardian.

Las dudas sobre el peligro que suponía la compra para la independencia del FT empezaron a ganar peso hasta el punto de que Tsuneo Kita, presidente ejecutivo de Nikkei, dio una rueda de prensa al día siguiente de anunciar la compra. Lo primero que dijo fue que la independencia del diario estaba asegurada y que valoraban la profesionalidad de sus periodistas por encima de todo. “Vamos a dejarlo claro: el FT va a seguir siendo el FT”, zanjó.

En una respuesta más elaborada, Kita agregó que “nuestro objetivo de ofrecer alta calidad en la información económica y, al mismo tiempo, mantener la justicia y la imparcialidad es muy cercano al del FT. Compartimos los mismos valores periodísticos. Juntos contribuiremos al desarrollo global de la economía”.

No obstante, de nuevo, la redacción no pareció impresionada con esta declaración de intenciones. “Nikkei dice que comparte la misma cultura que el FT. De verdad”, señaló de forma jocosa en su cuenta en Twitter Ben McLannahan, especialista en bancos del periódico. Una de las voces más críticas con este acuerdo ha sido el británico Michael Woodford, ex director general de Olympus, que tuvo que salir huyendo de Japón tras destapar uno de los mayores escándalos corporativos de país. Woodford denunció un fraude de 1.700 millones de dólares (1.604,5 millones de euros), pero fue despedido de la empresa. Ante el temor a ser apresado por las autoridades japonesas, contó al corresponsal del FT en Tokio todo el escándalo antes de coger un vuelo y salir del país. “Mientras que el FT dio la exclusiva en portada, Nikkei actuó como la oficina de relaciones públicas de Olympus”, criticó Woodford tras conocer el acuerdo. El directivo, que ahora reside en Londres, teme el “efecto subliminal” que pueda tener en el FT la propiedad de Nikkei y que le haga menos proclive a publicar historias críticas con Japón.

Hiroko Tabuchi, periodista del New York Times, también comparte esta opinión. Nikkei es “básicamente una máquina de relaciones públicas para las empresas japonesas”, afirmó al recordar cómo el grupo ha ignorado grandes escándalos corporativos en Japón.

Las voces más favorables a este acuerdo, sin embargo, destacan el potencial inversor de Nikkei en el Financial Times, uno de los graves problemas de Pearson en los últimos años. Nikkei puede ser la llave que permita al diario británico apostar fuertemente por el mercado americano y asiático, un plan que lleva muchos años sobre la mesa y que por falta de recursos había quedado paralizado. “Nosotros somos periódicos. No hacemos este acuerdo para aumentar los beneficios del grupo”, dijo Naotsoshi Okada, consejero delegado de Nikkei, al día siguiente de conocerse el acuerdo. “Lo hacemos para aumentar la influencia del periodismo. Las dos partes estamos de acuerdo en este punto y yo creo que el acuerdo será un éxito”, añadió.

Alto precio
A Nikkei la compra no le ha salido barata. La compañía paga cerca de 40 veces el beneficio anual del FT, un ratio muy alto en términos financieros. “¿Por qué paga esta cantidad? Porque las marcas tradicionales todavía tienen valor”, indicó Lionel Barber en la LSE.

Otra vez más, los periodistas de la casa mostraron su particular visión de la transacción económica. “Nikkei ha pagado 2,4 millones de dólares por cada periodista del FT. Un chollo total si me preguntáis”, apuntó con sorna Robert Armstrong, el jefe de la Lex Column, la prestigiosa columna de opinión diaria del periódico, cuando se conoció el acuerdo.

Nikkei compró la marca, el talento y la apuesta digital

Además de la marca y el talento de sus periodistas, Nikkei compra también la apuesta digital que el FT ha realizado en los últimos años y que explica que los múltiplos utilizados en la operación se asemejen más a los que se utilizan para comprar compañías tecnológicas que los empleados para adquirir empresas de medios (en el sector, la media son doce veces los beneficios).

Un caso paradigmático es el de BuzzFeed, una web que, con una quinta parte de los beneficios del FT, fue valorada en 850 millones de dólares hace un año. Lo que empezó siendo una web con noticias basadas en listas de cosas (del tipo: las diez películas que no te puedes perder o los diez mejores consejos para hacer un buen currículum) contrató a periodistas veteranos para tratar información económica y política. Otro caso reciente es el de ViceMedia, una revista canadiense que se ha convertido en un gigante del vídeo. Factura como el FT, pero vale el doble, 2.500 millones de dólares (2.362,25 millones de euros), según la valoración realizada hace un año. En enero de 2015, otra publicación digital, Business Insider, cerró una ronda de financiación de 25 millones de dólares (23,6 millones de euros) que incluía aportaciones de Jeff Bezos y de Axel Springer.

Financial Times ha realizado una profunda revolución digital en los últimos diez años, que le ha llevado a ser unos de los diarios mejor posicionados en el panorama mundial y uno de los más rentables. FT Group tuvo en 2014 unas ventas de 334 millones de libras (474 millones de euros) y un beneficio operativo de 24 millones de libras (34 millones de euros).

Hace casi una década, el periódico tomó la decisión de cobrar por sus artículos, en un momento en que todas las voces desde Silicon Valley aseguraban que el contenido gratuito era la única forma de triunfar en el mundo digital. El FT, consciente del valor que sus informaciones tenían para un segmento muy determinado de lectores, optó por ir a contracorriente y obligar a pagar en la web por sus historias. El tiempo ha demostrado que aquella decisión fue la correcta. El periódico aplicó el sistema denominado “metering”, que ofrece al lector varios artículos al mes de forma gratuita para que los no suscriptores puedan conocer el producto.

Hoy, el periódico no está preocupado por el número de clics que tienen sus artículos, sino por el tiempo que sus lectores pasan en su página web leyendo sus noticias: cuántas leen, con qué frecuencia, durante cuánto tiempo y con quién las comparten son ahora los datos clave para el periódico, obsesionado con el llamado “engagement” (compromiso) del lector.

En el centro de la redacción se sienta ahora Renée Kaplan, la nueva directora de redes sociales del FT, que participa en todas las reuniones de redacción y decide con su equipo qué historias son las más adecuadas para compartir en las redes sociales. Actualmente, el 36% de los lectores del FT llega a través de aplicaciones como Twitter.

Según datos de la compañía, el compromiso online de los lectores del FT ha aumentado un 20% en el último año. Y lo que es más sorprendente: los lectores del diario financiero dedican tres veces más tiempo a leer el FT que cualquier otro diario general.

En noviembre de 2005, el FT tenía una circulación de 420.000 ejemplares (mediante suscripción), de los que 76.000 eran digitales. La cifra ha ascendido a 750.000, de los que el 70% son suscriptores digitales. El objetivo es alcanzar el millón de usuarios de pago.

Bajo la consigna “Digital first” (“Primero, digital”), nada se guarda para el papel del día siguiente. Todas las noticias, en especial las que pueden mover la cotización de los valores en bolsa, aparecen en primer lugar en la página web del diario. Hoy, las exclusivas se dan en la web. El papel se ha convertido en una recopilación de las mejores historias del día, con especial énfasis en análisis y artículos de opinión.

La compañía también ha realizado una profunda renovación de su redacción, que ya no se dedica únicamente a escribir interesantes noticias. Ahora, el mantra es “text-plus” (texto y más), lo que incluye combinaciones de palabras, gráficos, imágenes y vídeos.

Y, por supuesto, todos los esfuerzos se concentran en dar soluciones para que el periódico pueda leerse en el teléfono móvil, el siguiente gran reto para todos los grupos de comunicación. Según varios cálculos, el 50% de todas las noticias se consume ya en dispositivos móviles.

Esto no impide que el FT siga publicando con éxito productos como How to Spend it, una revista de lujo y estilo de vida que goza de un gran éxito publicitario. O secciones legendarias como Lunch with the FT, una entrevista semanal que se hace a la hora del almuerzo. El periódico siempre paga la cuenta del restaurante y publica después el importe de la factura. Los resultados son sorprendentes. El FT solo gastó 20 euros en comer a finales de noviembre con Pablo Iglesias, el líder de Podemos, mientras que tuvo que desembolsar 758,81 libras (1.076,32 euros) con Richard Desmond, un magnate británico de los medios. La comida incluía una botella de 580 libras (822 euros) de Chateau Palmer 1983.

El enemigo está en casa
El pasado 30 de noviembre, Nikkei formalizó la compra del Financial Times. Pronto comenzarán los proyectos conjuntos entre ambas organizaciones. El 1 de enero de 2016, por ejemplo, tres periodistas japoneses se incorporarán a la redacción del FT en Londres, mientras que dos periodistas británicos llegarán a las dependencias de Nikkei en Tokio. “Muchos grupos de medios, sobre todo los tradicionales, están jugando a la defensiva”, comentó John Ridding el día en que se cerró el acuerdo. “Pero creemos que hay una enorme posibilidad para crecer, ya que nos encontramos en la intersección de dos grandes tendencias: la digital, sobre todo móvil, y la globalización de los negocios”, agregó.

Sin embargo, estos planes de colaboración y buena sintonía pueden ser torpedeados por un enemigo con el que pocos contaban: la propia redacción del FT. Los tuits que los periodistas enviaron los días siguientes a la firma del acuerdo han dado paso a una batalla que puede poner en aprietos a los directivos japoneses.

Más de 200 periodistas pidieron a Nikkei garantías por escrito sobre la independencia de la redacción

En septiembre de 2015, más de 200 periodistas del diario firmaron una carta en la que pedían a Nikkei garantías por escrito sobre la independencia de la redacción. La iniciativa secundaba la petición realizada por tres exdirectores del periódico que, al día siguiente de conocerse el acuerdo, publicaron una carta en el propio Financial Times solicitando este compromiso.

Aquella primera misiva no tuvo una gran repercusión, pero varios periodistas séniores de la redacción, encabezados por Martin Sandbu –uno de sus reporteros más prestigiosos y autor de la newsletter diaria Free Lunch–, recuperaron la iniciativa. “Esto no pretende ir contra Nikkei o contra los gestores del FT. Por el contrario, la petición deja claro que la integridad editorial del FT es esencial para mantener el valor periodístico y comercial de la marca, y por ello debe ser también importante para el propietario”, explicó Sandbu en una carta enviada a toda la redacción.

La propuesta recibió el apoyo de la mitad de la plantilla, aunque ni Lionel Barber ni ningún alto cargo del FT la suscribieron. Las altas esferas del diario estiman suficiente el compromiso público realizado por Nikkei el día siguiente a la compra del diario. “Nadie ha considerado algo así necesario en los 58 años que Pearson tuvo el FT”, declaró John Fallon.

El último episodio que muestra el talante combativo de la redacción es el anuncio de huelga que realizaron los periodistas a finales del mes de octubre. Fue convocada por el National Union of Journalist (NUJ), el sindicato de periodistas del Reino Unido, al que están afiliados 260 de los 484 reporteros del periódico. El sindicato protestaba porque considera que Nikkei quiere modificar el plan de pensiones de la redacción y aprovechar estos ahorros para pagar la renta que debe pagar a Pearson por el alquiler del edificio.

Tras la convocatoria de huelga, el sindicato y los directivos del FT acordaron no modificar el plan establecido durante un año. El acuerdo anuló la convocatoria del paro previsto para el 30 de noviembre de 2015, el mismo día en que se iba a cerrar la operación de compra.  Sin embargo, el sindicato no descartó retomarla en el futuro si no se logran los objetivos deseados, que incluyen mantener intacto el plan de pensiones de los periodistas.

Nikkei compró una marca famosa por su independencia, su credibilidad y su prestigio en el mundo financiero. Quizás no midió bien que estos atributos se consiguen con una organización comprometida al cien por cien con su periódico.

Futuro
Solo el tiempo dirá si la unión de estas dos organizaciones logra crear un gigante mundial capaz de plantar cara a los nuevos grupos tecnológicos, cada vez más interesados en acaparar el mercado de la información. En su conferencia en la LSE, Lionel Barber aseguró que el futuro para las marcas de prestigio tradicionales “nunca ha sido tan brillante”. Y se mostró convencido de que el nuevo matrimonio, culturalmente tan distinto, tiene posibilidades de salir adelante: “En un mundo de competidores cada vez más ágiles, con mucho dinero y con gran conocimiento tecnológico, Nikkei y FT están mejor juntos que separados”.

 

Corresponsal de Expansión en Londres

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