Un equipo global de casi 400 periodistas

Los papeles de Panamá: su intrahistoria periodística

Más allá de los nombres propios, la investigación expone un problema sistémico que afecta a la ciudadanía mundial: el uso de paraísos fiscales para ocultar riqueza que en muchos casos se origina en la evasión de impuestos o en el blanqueo de dinero procedente de actividades ilícitas. Ese mundo amparado por el secretismo no lo han desnudado los Estados, sino que es el resultado de un striptease forzado por el trabajo de un equipo global de casi 400 periodistas que muestran las entrañas de un sistema corrupto.

MARCOS GARCÍA REY*

Todo empezó en la primavera de 2015 cuando John Doe –“fulano de tal”, en inglés– se puso en contacto con Bastian Obermayer, periodista del equipo de investigación del diario alemán Süddeutsche Zeitung:

“Hello. This is John Doe. Interested in data?
“We’re very interested”, respondió Obemayer. (…)
– “Why are you doing this?”, preguntó el periodista.
“I want to make these crimes public”, replicó el informante.

¿Por qué filtraba la información? “Quiero que estos delitos se hagan públicos”, argumentó.

A ese primer contacto siguieron varias conversaciones entre la fuente anónima y los reporteros del diario alemán hasta que los documentos fueron llegando en varias entregas. Siempre se comunicaron mediante un chat cifrado, la vida del filtrador corre peligro. Sería conveniente que su identidad jamás se conozca, salvo que la propia fuente desee voluntariamente revelarla algún día.

Un total de 11,5 millones de archivos, 2,6 terabytes de información procedentes del despacho de abogados Mossack Fonseca, uno de los cinco más grandes del mundo dedicados a procurar secretismo a sociedades que operan en paraísos fiscales y a las cuentas bancarias asociadas. En síntesis, existen para ocultar actividades que aumentan la riqueza de una minoría que opera al margen de los cauces transparentes.

El lector se preguntará qué representan exactamente 11,5 millones de documentos, 2,6 terabytes de información digital datada entre 1977 y finales de 2015. No se inquiete, los periodistas que hemos navegado por ellos durante meses tampoco tenemos una idea nítida de su dimensión real; pero no solo por su tamaño, sino también por su valor periodístico: incontables las piezas informativas que ya se han generado y que se seguirán armando en los próximos meses. La documentación es como el río Amazonas: caudalosa y larga, tan vasta que aún estamos lejos de culminar la travesía periodística hasta su desembocadura. 

John Doe manifestó en un comunicado publicado el 6 de mayo que liberó ese ingente caudal de información para combatir la desigualdad en el mundo y exponer un sistema corrupto que usa los paraísos fiscales para evadir impuestos y ocultar la comisión de otros muchos actos ilícitos y delictivos. Un sistema, “nuestro sistema” –escribió la fuente–, “cuyos esclavos no son conscientes de su propia situación de esclavitud y desconocen quiénes son realmente los que mandan”.

Después de la filtración, el periodismo
Cuando a comienzos de 2014 dos periodistas de Le Monde consiguieron un disco duro que revelaba los secretos de las actividades de las personas involucradas en la Lista Falciani, llegaron a su redacción y se dispusieron a imprimir los 60.000 documentos que albergaba. El resultado fue que colapsaron el sistema reprográfico del diario francés. ¿Y si hubieran logrado imprimirlos? ¿Qué habrían conseguido? Columnas y columnas de papeles por leer, datos desestructurados y difícilmente relacionables para poner en contexto la información.

Dado el fracaso inicial, eligieron una solución más razonable, más generosa y más eficaz:
compartirlo con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), una organización que tiene la experiencia de estructurar y analizar grandes volúmenes de información para hacer periodismo y, sobre todo, coordinar investigaciones transnacionales. Así se comenzó a fraguar Swiss Leaks, un trabajo que involucró a 140 reporteros de 45 países para informar a la opinión pública mundial sobre los tratos financieros del banco HSBC con criminales y evasores de impuestos.

En el caso de los papeles de Panamá, en abril de 2015, los periodistas del Süddeutsche Zeitung tuvieron menos dudas. Fueron visionarios, generosos, humildes en el reconocimiento de sus limitaciones y ambiciosos en sus aspiraciones. Si querían aprovechar al máximo el ingente volumen de información para hacer una investigación de alcance mundial, tenían que compartirlo con el ICIJ por tres razones fundamentales:

  1. Para que su extraordinaria unidad de periodismo de datos, encabezada por la periodista española Mar Cabra, tratara, estructurase y analizara los 11,5 millones de documentos, que llegaron en muy diferentes formatos, y los domesticase para que fueran accesibles y trabajables por los periodistas.
  2. Porque el ICIJ tenía la experiencia y el conocimiento de tratar el mundo de los paraísos fiscales tras haber realizado desde 2013 cuatro investigaciones vinculadas a ese tema: Secrecy for Sale: Inside the Global Offshore Money Maze, China LeaksLuxembourg Leaks y Swiss Leaks.
  3. Para que fuera el Consorcio el que coordinara la investigación más grande de la historia, en la que, antes de la primera publicación en abril pasado, trabajaron 109 medios de 76 países. ¿Por qué? Porque el ICIJ tiene una metodología muy asentada para dirigir orquestas de periodistas de los cinco continentes y lograr que todos toquen una melodía al unísono durante meses.

Antes de la primera publicación, trabajaron 109 medios de 76 países

A los primeros contactos entre el Süddeutsche Zeitung y el ICIJ y a los viajes de discos duros de aquí para allá se sucedieron reuniones en Múnich y Washington. Allí, un grupo de docenas de periodistas de grandes medios comenzaron a planificar la investigación,  justo un año antes de sus primeras publicaciones en abril pasado.

La planificación debía desembocar en que el ICIJ, una vez más, configurara una redacción ubicua que cubriera cada una de las historias que emanaran de los papeles de Panamá en cualquier parte del globo. Un modelo de redacción transnacional que ya es casi un copyright del ICIJ.

Pero hagamos un alto en el camino de los papeles de Panamá para conocer un poco mejor qué es el ICIJ.

El director de orquesta
El Consorcio o ICIJ está compuesto actualmente por casi 200 profesionales de 65 países. No lo conforman medios, sino individuos que son invitados a formar parte del Consorcio tras haber colaborado en diversas investigaciones y entender la dirección del ICIJ. Profesionales aptos para colaborar conforme a los estándares más altos del periodismo.

Fue fundado en 1997, bajo el paraguas del Center for Public Integrity, por el ímpetu del afamado periodista Chuck Lewis, con el fin de llevar a cabo investigaciones transnacionales. Sin ánimo de lucro y financiado por fundaciones y por micromecenazgo, el ICIJ nació y se ha desarrollado con el objetivo de paliar la falta de atención que los grandes medios estadounidenses estaban dedicando a ciertos temas que requerían del periodismo en profundidad y en equipo para ser narrados.

Su plantilla permanente la conforman solo doce profesionales que trabajan en red desde Washington, Caracas, San José, Madrid, París y Berlín. El periodista australiano Gerard Ryle lo dirige desde la capital estadounidense. La argentina Marina Walker Guevara es la subdirectora.

Además, en cada proyecto, el ICIJ contrata a otras personas para que conformen el núcleo duro de la investigación –en el caso de los papeles de Panamá fuimos más de 20– y llega a acuerdos con medios internacionales para que cubran la parte periodística de sus respectivos países.

¿Se les cobra algo a los medios? No, solo se les pide que adopten la metodología de colaboración radical que exige el Consorcio: compartir todos los hallazgos de la investigación y evitar reservarse información exclusiva.

La colaboración con otros medios proporciona muchas ventajas, principalmente: ahorro de costes en personal, aprovechamiento del conocimiento de contexto de la realidad de cada país y un impacto más extendido de las investigaciones.

Hasta 109 medios de 76 países trabajaron en los papeles de Panamá, entre ellos: Süddeutsche Zeitung y NDR de Alemania, BBC y The Guardian del Reino Unido, Le Monde y Premières Lignes de Francia, El Confidencial y La Sexta de España, Univisión y The Miami Herald de Estados Unidos o La Nación y Canal 13 de Argentina.

Ahora son más los medios que están indagando en los archivos de Mossack Fonseca porque muchos han solicitado ese permiso y a algunos se les ha concedido tras estudiar cuidadosamente su compromiso, entre ellos, The New York Times y The Washington Post.

Sin embargo, la nómina de los medios asociados que son invitados a participar en las investigaciones poco tiene que ver con su grandeza empresarial. Guarda más relación con su compromiso para colaborar abiertamente y compartir los hallazgos con el resto, con su predisposición para liberar a un grupo de periodistas que trabaje de forma exclusiva, y también vinculado al interés por seguir unas directrices metodológicas marcadas por el ICIJ. De modo que no todos son la BBC. Participan medios más modestos, pero que cuentan con profesionales muy capacitados que esgrimen grandes habilidades investigativas en su contexto, como Runrun.es de Venezuela, Ojo Público de Perú o Inkyfada de Túnez, por citar algunos.

El método
A mis estudiantes de postgrado intento inculcarles que el periodismo de investigación es la suma de tres fundamentos: esfuerzo, talento y método. Los dos primeros sumandos son suficientes para ejercer el resto de los otros géneros del oficio (o casi), pero no así el periodismo de investigación que aspira a cumplir con los mejores estándares internacionales y que precisa de una metodología bien definida.

Metodología muy definida y colaboración radical entre profesionales y medios

En ese sentido, el ICIJ no es solo una coalición de profesionales que trabaja en red. Es algo más, es una escuela de periodismo para los miembros que lo integramos. Y esto ocurre gracias a una metodología bien arraigada que está orientada hacia la colaboración radical entre profesionales y medios. Un tipo de interrelación que guía hacia el trabajo en equipo, lo que permite publicar investigaciones más rigurosas, más profundas, más atractivas y que tienen un impacto en la ciudadanía y en el funcionamiento de las instituciones.

Insistimos sobre la idea clave: colaboración.

Si nos centramos en los papeles de Panamá, seremos didácticos si explicamos por puntos algunos aspectos metodológicos de la investigación:

  • Jerarquía mínima para garantizar una colaboración eficaz y construir confianza. La jefa de proyecto, Marina Walker, dirige las operaciones, principalmente desde una plataforma colaborativa, con el fin de establecer directrices comunes a todos los miembros de la investigación –más abajo, aportamos detalles de la plataforma–. Ella coordina el trabajo de más 100 medios con el apoyo de las Unidades de Investigación y Datos propias del ICIJ, cuyos profesionales forman a los periodistas en la interpretación y la búsqueda de la compleja documentación, les entrenan en la seguridad de las comunicaciones y los archivos, les ayudan en sus dudas tecnológicas y les guían en cómo compartir los hallazgos con el resto del equipo. No obstante, cada medio goza de soberanía para investigar lo que considere oportuno, siempre y cuando comparta los hallazgos y no se los guarde en un cajón para su propio consumo. Así, construir confianza en el día a día es un pilar básico de la rutina laboral.
  • La investigación necesita del periodismo de datos. Sin las técnicas usadas por la Unidad de Datos del ICIJ, hubiera sido imposible llevar a cabo la investigación. Su labor es el faro que nos ilumina entre las tinieblas de 11,5 millones de archivos, entre los que hay correos electrónicos, documentos mercantiles, copias de pasaportes, contratos bancarios, htmls propios de Mossack Fonseca, imágenes y PDF no buscables, documentos de texto, etc. Tras la limpieza y organización de la información, se pusieron dos plataformas al servicio del más de centenar de medios asociados: una, para consultar la documentación mediante buscadores llamada Blacklight, y otra, Linkurious, que proyecta gráficos de relaciones y permite comprender con mayor facilidad los complejos vínculos entre las redes offshore y sus beneficiarios.
  • Plataforma de colaboración para generar conocimiento y compartirlo. Se crea una red social, llamada Global I-Hub, para que todos los miembros de la investigación puedan comunicarse diariamente. Es una especie de Facebook donde se crean grupos de trabajo, foros, se envían mensajes internos entre los reporteros o se suben archivos. Se invita a que cada periodista de cualquier parte del mundo comparta sus hallazgos con el resto del equipo dentro de foros y subforos temáticos. Dos ejemplos: “México, lindo y querido” o “FIFA corruption case”. Cuando encontré a Leo Messi en los papeles de Panamá e indagué cuáles eran los movimientos de sus estructuras offshore, me faltó tiempo para compartirlo en Global I-Hub, de forma que cualquier medio se pudiera beneficiar del descubrimiento de la estrella azulgrana y entre todos pudiéramos enriquecer el proceso de investigación periodística hasta que publicamos.
  • Seguridad. Las tres plataformas arriba descritas están encriptadas y cada miembro de la investigación debe usar unas claves complejas de doble autentificación para acceder a ellas. Además, se exigen medidas básicas que son recomendables para todo periodista que maneja información sensible y se forma en ello a los reporteros. Entre las medidas: no utilizar el teléfono móvil para hablar sobre la investigación, no abrir las plataformas cifradas o archivos sensibles en cafeterías o aeropuertos con red wifi compartida, siempre usar correos electrónicos y sistemas de mensajería instantánea encriptados, usar herramientas de cifrado para ocultar el acceso a documentos y comunicar urgentemente el extravío o el robo de un dispositivo electrónico. Hasta el punto de que uno de los pequeños milagros de los papeles de Panamá fue que un grupo de casi 400 periodistas lograra durante un año mantener el secreto de la investigación a propios y extraños.
  • Memorias intermedias y planificación de la publicación. Todos los medios comparten en Global I-Hub unas memorias detalladas en las que indican los temas que están tratando, así como ponen en conocimiento de toda la coalición qué piezas informativas tienen pensado publicar.
  • Diligencia informativa obligada. A todas las personas aludidas en la investigación, antes de la publicación, se les da la oportunidad de conocer la información habida en poder del ICIJ sobre ellas, contrastarla y defenderse. Es una buena práctica que protege ante errores puramente periodísticos, que previene acciones legales indeseadas y que se considera como un ejercicio deontológico esencial. Es indiferente quién sea la persona aludida: Vladimir Putin, la familia del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev o Leo Messi. Todas y cada una.
  • Cuatro filtros de calidad de la información. Trabajar para el ICIJ implica asumir una serie de premisas, entre ellas: publicarás la mejor versión de la verdad que sea posible y la hoja de ruta solo se parecerá a un camino de rosas en que hay muchas espinas. Manual básico de supervivencia: siente mucha pasión por lo que investigas, sé buena gente con tus compañeros y haz provisión de mucho café (del bueno). Cada pieza informativa que trabajes llevará aparejada una memoria y un borrador que irán perfectamente acreditados con notas a pie de página para cada afirmación de un hecho. Luego, llegarán los filtros de calidad de profesionales sobresalientes: editores, fact-checkers [verificadores de datos],el jefe de proyecto y/o el director y, finalmente, el abogado. Todo ello hasta conseguir una versión final que lleva una firma o varias, pero que, en realidad, es el fruto del trabajo de un equipo amplio y bien engrasado. Volvemos a la palabra clave: colaboración. Cuando publicas, puedes tirarte del trapecio sin red, sin problemas. Todas las piezas publicadas por el ICIJ en su microsite para la investigación han seguido ese proceso, incluidos cada uno de los párrafos del interactivo de los políticos, los vídeos o los gráficos.
  • Publicación colegiada. Unos días antes del día marcado del inicio de la publicación, el 3 de abril, el Consorcio compartió con los socios de la investigación todas sus piezas informativas. No faltaban en esas versiones las notas a pie de página –a veces más de 100– para que el medio receptor pudiera hacer su propio fact-checking. Se marcó para cada una de ellas un embargo que debía ser respetado estrictamente en cuanto a su fecha y hora de publicación. Muchos medios republicaron esas informaciones, traducidas en muchos casos a los idiomas correspondientes, o simplemente sirvieron de inspiración para adaptarlas localmente.
  • Transparencia. El ICIJ tiene una vocación periodística de servicio público. Esa es la razón medular por la que el pasado 9 de mayo liberó una base de datos que contiene información sobre más de 320.000 entidades registradas en paraísos fiscales y sus beneficiarios. La puede consultar cualquier ciudadano o periodista mediante buscadores y bases de relaciones interactivas, pero también todas las fiscalías, ministerios de Hacienda o los cuerpos policiales y de inteligencia de cualquier país. Ahí no están publicados todos los documentos en bruto, si bien hay muchas pistas para seguir investigando actividades ilícitas relacionadas con el uso de los paraísos fiscales. La publicación de todo el conjunto de archivos podría dañar la honorabilidad y violar la privacidad de mucha gente que no tiene un interés público, además de provocar muchos conflictos legales a los medios socios de la investigación. Como dijo el director del ICIJ, Gerard Ryle, a Wired: “No somos WikiLeaks. Estamos intentando mostrar que el periodismo se puede ejercer de forma responsable”. Y por último y no menos importante, esa base de datos liberada es un bonus terapéutico para conspiranoicos.

Cada medio puede investigar lo que estime, siempre que comparta los hallazgos

Impacto periodístico
El periodismo de investigación es intencional en la medida que busca mejorar las sociedades donde consigue impacto. Así lo demuestra el trabajo de los papeles de Panamá.

El ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, renunció a su cargo; a Pedro Almodóvar se le avinagró el estreno de su nueva película; dimitió el primer ministro de Islandia, Sigmundur David Gunnlaugsson; Juan Pedro Damiani no tuvo más remedio que cesar como miembro del Comité de Ética de la FIFA; cinco miembros de un peligroso cartel mexicano de narcotraficantes fueron arrestados en Uruguay; las actividades de Mossack Fonseca están siendo investigadas por las autoridades panameñas y de otros países; el jugador de fútbol…

Podríamos seguir dando ejemplos de repercusiones políticas, judiciales y legislativas durante varias páginas más. Pero dejamos ahí el listado porque en un texto metaperiodístico queremos dedicar unos párrafos a qué significa la publicación de este tipo de investigaciones en un contexto de crisis del sector.

El periodismo de investigación se hace mejor en equipo

Estamos de enhorabuena pues 2016 es un año notable para el periodismo de investigación. Spotlight ganó el Óscar a la mejor película y se está publicando desde abril el trabajo de los papeles de Panamá. Los dos trabajos muestran que el periodismo de investigación se hace mejor en equipo, que una buena metodología es fundamental, que los adjetivos calificativos y los partidismos huelgan, que se requiere el apoyo firme de editores y directores que confíen en trabajos hechos a fuego lento para exponer problemas sistémicos, y que es muy rentable si se hace bien.

Sí, rentable. La palabra mágica. Según fuentes de El Confidencial, el 4 de abril, el día siguiente del inicio de la publicación de los papeles de Panamá, el diario digital fue visitado por 1.587.980 usuarios únicos, un aumento del 57% respecto al lunes anterior, 28 de marzo.

Ese mismo día,The Guardian recibió 10,4 millones de visitantes únicos, cuando el promedio diario es de 8,5 millones. Su directora, Katharine Viner, publicó un tuit el 5 de abril en el que se leía: “¿Quién dice que el tráfico se consigue solo con clickbait [piezas para atraer clics]? El primer día entero de #PanamaPapers enThe Guardian arrojó números de récord (salvo en días de grandes noticias de última hora)”. Interpretación libre: no solo los vídeos de culos y tetas y las breaking news de atentados terroristas atraen a los lectores, sino también el periodismo de investigación.

Rentabilidad propia y ajena generada por el periodismo de investigación

Asimismo, poner al servicio del lector noticias basadas en hechos y alejadas de las declaraciones y los juicios de valor genera más informaciones y contenidos para otros muchos medios, cualquiera que sea su soporte de difusión. ¿Cuántas horas de informativos, cuántas columnas y tribunas en periódicos, y cuántas tertulias de radio y televisión han generado los papeles de Panamá en medios no asociados a la investigación? Negocio por cuenta propia y ajena. ¿Cuántos medios españoles han vampirizado las informaciones trabajadas durante meses por El Confidencial y La Sexta para generar tráfico y audiencias? De nuevo, rentabilidad por cuenta propia y ajena generada por el periodismo de investigación. No está mal.

La ardua labor periodística habrá valido la pena si las legislaciones nacionales y transnacionales se modifican para paliar en algo el problema sistémico del uso de sociedades que ocultan actividades ilícitas. En cuanto a los 400 periodistas de los papeles de Panamá, todo su esfuerzo de horas hurtadas al sueño y a sus seres queridos se verá recompensado si los editores de muchos medios se percatan de que los equipos de investigación tipo Spotlight del Boston Globe no son mera ciencia ficción.

 

Miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación

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