Distintas formas de entender el periodismo

Últimas noticias de los corresponsales extranjeros en España

Matthew Bennett, Rosa María Calaf, Masako Ishibashi y Josto Maffeo

Todo un crisol heterogéneo de nacionalidades, formas de entender el periodismo y visiones de España buscando siempre un ángulo diferente. ¿Cuáles son sus agendas informativas? ¿Hasta qué punto son importantes las redes sociales para su trabajo? ¿Y cuáles son sus diagnósticos del periodismo español? A estas cuestiones y otras más han respondido media docena de periodistas foráneos.

  

AGUSTÍN RIVERA*

He aquí las últimas noticias del trabajo de los corresponsales extranjeros en España, envueltos en una encrucijada inédita. Aún conviven corresponsales clásicos como Raphael Minder (The New York Times) con veteranos como Josto Maffeo (Il Messaggero); freelances como la francesa Cécile Thibaud y el alemán Martin Dahms; un corresponsal 2.0 –más bien 3.0– como Matthew Bennett (The Spain Report), muy activo en Twitter, y la visión japonesa, siempre heterodoxa, de Masako Ishibashi (Kyodo News).

Cuando se empezaba a preparar este artículo para Cuadernos de Periodistas, fallecía Walter Haubrich, casi 40 años corresponsal en Madrid del Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). Fue el corresponsal extranjero más importante. Decisivo durante la Transición, era el decano, el jefe de “la tribu”: la expresión acuñada por Manu Leguineche para referirse a los enviados especiales y corresponsales de guerra también se puede extender a los corresponsales extranjeros.

Los que le conocieron de cerca certifican su valentía y sus análisis certeros con un inequívoco compromiso con la democracia. “Un corresponsal de fondo”, tituló Juan Cruz en El País. Considera que Haubrich se sitúa en la misma línea que Harry Debelius, corresponsal de The Times de Londres en España entre 1969 y 1999, expresidente de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera en España, y de José Antonio Novais, quien, “en situaciones complicadísimas, ejerció la misma función para el diario Le Monde”.

Haubrich, Premio Francisco Cerecedo 2001 de la Asociación de Periodistas Europeos, mantenía en sus artículos “un profundo conocimiento de España que se distingue por una visión que no procede de la distancia o la lejanía. Siente como algo propio los problemas de España y los objetos sobre los que informa. En ocasiones se ocultan a duras penas sus filias y fobias. Su visión progresista llama la atención a muchos en un periódico conservador”, escribió José Comas en El País en 2007.

Miguel Ángel Aguilar explica la labor fundamental de corresponsales como Haubrich, esa ventana de libertad que ofrecía la prensa extranjera acreditada en España durante la dictadura de Franco. “Los periodistas españoles merecedores de ser considerados como tales, comprometidos con el advenimiento de las libertades y legítimos adversarios del régimen, buscaban ansiosamente, por ejemplo, a Haubrich para informarle y ganar así visibilidad internacional, la única que erosionaba el sistema y otorgaba prestigio. Así se establecía una activa simbiosis entre los nativos y los corresponsales más conscientes que se hacían responsables y ayudaban de manera decisiva a la causa de la libertad”.

Felipe Sahagún, profesor titular de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y articulista del diario El Mundo, también abundó en los valores del excorresponsal del FAZ: “Walter #Haubrich, fallecido ayer, hizo más por la democracia y por el periodismo en #España que muchos españoles. Gran pérdida”, Sahagún en su cuenta de Twitter.

Haubrich no trabajaba con internet. Ni con ordenador. Tampoco utilizaba máquina de escribir. Elaboraba sus artículos con bolígrafo. “Su amor por la gente le hacía odiar las máquinas. Era lo contrario al universo internet. Nunca dejó de ir directamente a las fuentes. Ni siquiera descolgaba el teléfono. Se presentaba directamente”, explica Silvia Román, excorresponsal de El Mundo en Berlín[1].

Hans-Günter Kellner, presidente del Círculo de Corresponsales Extranjeros desde 2012, le contó a Román: “Su agenda era impresionante, pero te la abría sin problema y te pasaba sus contactos. Siempre te ayudaba, era un excelente compañero. Nadie supo explicar mejor la realidad española”. El propio periódico Frankfurter Allemaigne tituló así el obituario de su periodista: “Empatía y pasión completa”.

Resulta oportuno recordar la visión del periodismo de Haubrich. En el Informe Anual de la Profesión Periodística, editado por la Asociación de la Prensa de Madrid del año 2005 y dirigido entonces por Pedro Farias Batlle, se quejaba de que los medios ahorraban en sus gastos “más que hace unos años y envían menos periodistas a los acontecimientos importantes, cubriendo la información cada vez más con notas de agencias y copiando de internet”.

Los corresponsales extranjeros utilizan con frecuencia el ‘off the record’

Sahagún ya alertó de esta situación en el número 26 de Cuadernos de Periodistas (junio de 2013): “Las dificultades económicas han obligado a los medios a recortar el presupuesto en información internacional y, a muchos de ellos, a reducir corresponsalías. Tan importante o más que la cantidad de corresponsales es la utilización que se hace de su presencia y coste en un mapa informativo completamente diferente. Con excepciones, renuncian a la esencia de la figura del corresponsal: el conocimiento del lugar, fuentes propias, un mejor análisis y capacidad para contextualizar”.

Haubrich también opinaba sobre el posicionamiento editorial de los medios: “En España, debido a la fuerte politización de las noticias en cada diario, pienso que la gente que lee ‘su’ periódico cree lo que está escrito y no lee otro periódico de otra tendencia política”.

Josto Maffeo, otro de los corresponsales históricos de la prensa extranjera en España, del diario Il Messaggero de Roma, ya no se dedica a la batalla de la información, el titular y el scoop [primicia]. Ahora está volcado en el análisis y la opinión. Es tertuliano de Radio Nacional de España e imparte charlas y conferencias en universidades para hablar de periodismo o de cómo los corresponsales extranjeros fueron “cómplices en la Transición”.

El pasado mes de enero participó en el seminario internacional Corresponsales de prensa: contar el mundo con la mirada de un extranjero, organizado en Churriana (Málaga) por la Casa Gerald Brenan y la Fundación Manuel Alcántara. En una mesa redonda moderada por Rosa María Calaf, excorresponsal de TVE en Nueva York, Moscú, Buenos Aires, Roma y Hong Kong, Maffeo resaltó que en más de tres décadas como corresponsal en Madrid solo ha escrito “tres veces de toros”. También huye de tópicos como el flamenco. En su opinión, “un periódico no enseña un país, es un escaparate no objetivo. Yo creo en la honrada subjetividad pasada por el filtro de tu personalidad. Eso para mí es la honradez de la profesión”[2].

Los corresponsales utilizan con frecuencia el off the record en almuerzos y cenas, sobre todo con políticos y empresarios. Maffeo dice que el off es “fundamental para que te puedan contar mejor lo que está pasando” en un país. Felipe González se fiaba mucho más de contar confidencias en la famosa Bodeguilla de Moncloa a corresponsales como Haubrich y Maffeo que no buscaban el titular de impacto, sino entender y comprender. “El titular ha jodido el invento y la confianza”, expresó de una manera muy gráfica el periodista italiano en el coloquio de la mesa redonda en Málaga.

Raphael Minder, corresponsal del diario The New York Times, la “biblia” del periodismo mundial, no utiliza “casi nunca” una fuente no identificada. “El off the record se convierte en un instrumento de manipulación de la prensa brutal. Yo tengo una guerra abierta con los portavoces oficiales de partidos o empresas que no quieren que aparezca su nombre. Y la mayor parte del tiempo lo dicen sin razón concreta. He hecho entrevistas en las que ha sido todo off, pero evito hacer del off la parte clave de la entrevista; si alguien me cuenta algo relevante en off, busco una manera de contrastarlo y convertirlo en on. Seguro que habrá otras personas que sepan del tema y al final llegas a algo on. El problema es cultural: en España, muchas veces las fuentes se han acostumbrado a hacer filtraciones”[3].

Minder: “El ‘off the record’ se convierte en un instrumento de manipulación brutal”

Minder lamenta que la justicia española sea un “nido de filtraciones”. “Al final no sabemos si la información viene de alguien de dentro del juzgado o de Manos Limpias”, explica. Hay otras veces en las que el off es imprescindible, como en la filtración por parte de un trabajador de la compañía aérea Germanwings del contenido de la caja negra del avión siniestrado en los Alpes. “Si se hubiera sabido quién era, hubiera perdido su empleo al minuto. Ese tema es de importancia mundial, y si la información está contrastada, se publica”, argumenta el corresponsal del diario estadounidense.

Maffeo es de los periodistas del que se fían las fuentes. Le ayuda su veteranía por haber acompañado a toda la clase política durante la Transición. Con algunos mantiene “una muy buena relación”, aunque luego los ha criticado “ferozmente”. “A veces te revelan algo, y si fuera español, correría para publicarlo, pero a lo mejor yo no tengo esa urgencia. Yo lo utilizo una semana después y ni siquiera poniendo comillas. Puede ser un elemento más para explicar algo que, visto desde fuera de España, no tiene el mismo apremio que tiene aquí. Esa ventaja te la dan los años, la confianza mutua y el hecho de haber demostrado que respetas las reglas. Nunca hay que dejar un terreno quemado detrás de ti. Un día te encuentras con todo quemado alrededor y estás perdido. A veces algunos periodistas utilizan la política del ‘muerde y huye’. Hay que tener mucho cuidado con eso”, explica.

El corresponsal italiano se encuentra en una fase en la que opina más que narra el mero hecho. Con el tiempo ha aprendido que los medios de un país no pueden ser la única fuente, en muchos casos ni siquiera la principal. En sus charlas con estudiantes de periodismo les insiste en la relevancia de la agenda telefónica. También en que para un periódico español Estocolmo es un punto en el mapa… y para un periódico italiano también “Madrid es un punto en el mapa, por muy importante que sea”, sostiene Maffeo. “No tenemos 200.000 páginas o 50 horas de Telediario”, concluye.

Y añade: “Soy uno que se empapa de todo. Gracias a mi agenda, recurro al experto. La tentación del periodista es ser un todólogo y el todólogo no existe. En las tertulias se opina de todo: un día son sismólogos y otro día son psiquiatras. Eso no es posible. Ahora, como ciudadano y como periodista, tienes derecho a opinar, pero con la prudencia de ‘hasta aquí he llegado’. Después llamas a las fuentes, eliges temas y los tienes que proponer”.

Maffeo: “La tentación del periodista es ser un todólogo y el todólogo no existe”

Esa imagen mítica del corresponsal que trabaja sus textos días e incluso semanas ya no existe o, como mínimo, se encuentra en vías de extinción, lamenta el corresponsal italiano, cuando hace no más de 15-20 años en los grandes periódicos el periodista viajaba una semana a un sitio y “solo después de siete días escribías tu primer artículo. Hubiera sido irresponsable hacerlo antes si te estrenabas en ese país. Hoy no. Las empresas pretenden que escribas desde que estás en la escalerilla del avión”.

Y son ya muy pocos los que cuentan con un contrato fijo. Una de las excepciones es Raphael Minder, suizo de la cosecha del 71, que trabaja en exclusiva para The New York Times como corresponsal en Madrid desde abril de 2010. Minder, formado en la Universidad de Oxford y en Columbia (Nueva York), trabajó siete años en la agencia Bloomberg en Zúrich y Madrid y luego diez años en Financial Times en París, Bruselas, Sydney y Hong Kong como corresponsal en Asia.

Minder utiliza las mañanas para quedar con gente y hacer entrevistas. A partir de las 17 horas ya está listo para escribir. Evita los compromisos a finales de la tarde. Cuenta con la ventaja de no tener necesariamente que escribir para el día siguiente. “Yo empecé en la agencia, en donde hay que contar las cosas en tiempo real. Aprendí muchísimo y eso ahora me sirve bastante para el periódico. En Bloomberg sentía envidia y celos de ver a los corresponsales que trabajan en los diarios y podían digerir los temas durante todo el día y a finales de la jornada empezar a trabajar de verdad”, razona.

Christopher David Tulloch ya alertaba en Corresponsales en el extranjero: mito y realidad (2004) que la mayor rapidez en los avances tecnológicos y la transmisión de las noticias permitía en la práctica que en la dirección de los medios primara “la velocidad por encima de todo, con lo que muchas veces solo se llega a una información superficial o a la versión escrita del periodismo del sound bite [cita jugosa], sacrificando la perspectiva y el análisis por la instantaneidad”[4].

NYT sigue siendo un periódico, pero se convertirá en una web non stop pensada en todas las áreas geográficas del planeta. “En algunos periódicos se ha entendido que no se puede competir en la pura noticia ni en la velocidad de la información. Nadie va a pagar por entrar en una web si están los mismos contenidos de un sitio gratuito. Tenemos el análisis para buscar un ángulo distinto”, expone. Responde Minder a esa pregunta eterna de cualquier debate que sea digno de tal sobre periodismo, la de ¿va a desaparecer el papel?: “Sí, aunque no se sabe la fecha o si se va a convertir en un modelo más próximo al semanario, pero la compra diaria de un producto en papel va a desaparecer. No sé si me voy a jubilar antes o no…”.

El corresponsal elabora reportajes en la línea de los clásicos features [artículos] del periodismo anglosajón que en el NYT se denominan journals: “No son temas de una importancia tremenda, ni a lo mejor muy novedosos, pero podrían ser llamativos para un lector internacional o americano”. Se trata de presentarlos con una visión ajena, esa mirada diferente que debe poseer todo buen reportero. “Tampoco me olvido del público español. España está muy interesada en nuestra visión. Me preguntan mucho que cómo veo este país desde fuera. ¡Yo vivo aquí!”, exclama. Minder destaca las informaciones sobre el rey Juan Carlos I antes de su abdicación o la cuenta de Emilio Botín en el banco HSBC como temas que la prensa española no trató en su momento con la profundidad que requerían y el NYT sí que profundizó e investigó. “Eso fue muy llamativo”, recalca.

Hay corresponsales que bendicen cubrir en este momento la información de este país. Hans-Günter Kellner, presidente del Círculo de Corresponsales Extranjeros, lo dijo sin titubeos en La Sexta: “Es el momento más interesante para trabajar como corresponsal en España en los últimos 20 o 25 años”.

Relación poco fluida con los dos últimos Gobiernos

Los corresponsales extranjeros en España no han disfrutado de una idílica luna de miel con el Gobierno de Mariano Rajoy. Tampoco la mantuvieron en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011). En una carta enviada a Rajoy y al resto de los responsables de los partidos políticos, justo antes de tomar posesión Rajoy en diciembre de 2011, recordaban que en los siete años y medio que duraron las legislaturas de Zapatero no tuvieron “encuentro alguno” con el presidente del Gobierno ni con la oposición: “En la actual coyuntura, con la importancia que tienen las políticas del Gobierno en el marco de la crisis de la Unión Europea, mantener una vía de comunicación con los representantes de los medios internacionales nos parece esencial. Entendemos que la calidad de una democracia depende también de la independencia de los profesionales de la información, incluyendo los de los medios internacionales”.

La relación de Rajoy con los corresponsales no ha sido tampoco muy fluida. La periodista Rosa Veloso, corresponsal de la Radio Televisión Portuguesa (RTP), criticaba las “dificultades” que encuentran los corresponsales extranjeros “para conseguir que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría les dé la palabra en las ruedas de prensa posteriores a los Consejos de Ministros”.

En el reportaje elaborado por David Junquera en 2013 para ZoomNews, varios  corresponsales no quisieron desvelar su nombre. Son fuentes no identificadas, si bien muy relevantes porque remarcan la dificultad que conlleva su trabajo en Moncloa. Lo tildan como “muy difícil”. “Estos periodistas lamentan que conseguir cifras fiables, datos exactos o entrevistas se convierte muchas veces en un imposible. Entiendo que la prensa extranjera no sea un prioridad, pero en una crisis como esta importa mucho lo que digan fuera”, argumentaba uno de estos profesionales.

El Gobierno también sufrió un encontronazo con el Círculo de Corresponsales Extranjeros al prohibirles que el exjuez Baltasar Garzón ofreciera una charla en el Centro Internacional de Prensa, controlado por la Dirección General de Comunicación de Moncloa. Finalmente, Garzón dio la conferencia en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. El presidente del Círculo calificó como “censura” la negativa gubernamental. El Gobierno lo rechazó porque Garzón pertenecía al “ámbito privado”.

Cambios en el contenido de la agenda informativa española

Dejando a un lado la tensión en las relaciones del periodismo con el poder político, los corresponsales han vivido un intenso tobogán con los cambios en el contenido de su agenda informativa española. Un estudio de 2011 elaborado por Dédalo Comunicación entre corresponsales en España de medios de referencia europeos como The Times, The Guardian, Financial Times, International Herald Tribune, The New York Times, The Economist y Le Monde diagnosticaba que la crisis económica y las elecciones regionales y nacionales en España fueron los temas más candentes. No obstante, “hemos encontrado otros contenidos destacados como el cierre de El Bulli, la crisis del pepino, las sugerencias sobre viajes y gastronomía, el anuncio de ETA del cese definitivo de su actividad armada, así como las noticias relativas a empresas españolas. Todos los mensajes referentes a España, a excepción de los relativos al deporte, fueron objeto de este estudio”.

A la economía (prima de riesgo o elevada tasa de paro como temas principales) y la “nueva marca España” (corrupción institucionalizada con casos como los ERE[5], Bárcenas y Pujol) se ha unido el auge del independentismo en Cataluña.

El president de la Generalitat, Artur Mas, consciente de la importancia de crear una buena imagen internacional, se reunió en abril de 2014 con 25 corresponsales acreditados en España. El objetivo era crear una imagen de estadista e intentar “seducir” a los periodistas extranjeros de las “bondades” de su proyecto soberanista.

Teodoro León Gross (Fundación Manuel Alcántara), Cecile Thybaud, Tom Burns Marañón y Martin Dahms
Teodoro León Gross (Fundación Manuel Alcántara), Cecile Thybaud, Tom Burns Marañón y Martin Dahms

Los fenómenos de Podemos y Ciudadanos tampoco han pasado desapercibidos. La edición del NYT de 23 de mayo de 2015, la víspera de las elecciones autonómicas y municipales, abrió con un titular de Podemos y una foto de su líder, Pablo Iglesias. En marzo de 2015 ya había sido portada con una fotografía alzando uno de sus puños en alto como si fuera a “asaltar el cielo”.

Los corresponsales no han obviado en sus crónicas las peculiaridades regionales de España. Esta visión se acrecienta en cada convocatoria electoral. También les llama la atención “el folclore de los coches con la música de los partidos políticos” y se muestran muy curiosos en cómo acabará el auge de los nuevos partidos. Así lo declararon a El Confidencial los corresponsales Mathieu de Taillac (Le Figaro), Jyrki Palo (TV finlandesa), Jairo Máximo (Revista Imprensa, de Brasil), Eduard Gushchin (Komsomolskaya Pravda, de Rusia) y Di Wang (Diario del Pueblo, de China).

Palo resalta las similitudes políticas entre Finlandia y España: “Nosotros tuvimos un partido nuevo en nuestro país que apareció hace cuatro años, se llama Finlandeses de Bases. Es populista, de protesta, pero este año ha consolidado su posición con los mismos votos que cuando surgió. Estamos en un momento en Europa en el que los partidos nuevos pueden consolidarse”.

Kellner, que trabaja como freelance en la agencia alemana EPD y en la radio Deutschlandfunk, es de los corresponsales que está más atento a una realidad muy diversa: “No hay una rutina fija. Siempre depende de si hay trabajo del día anterior o no, si hay entrevistas ya concertadas”. Así es un día normal de este periodista alemán:

  1. Escuchar la radio
  2. Lectura de periódicos
  3. Elaborar propuestas para los clientes
  4. Escribir noticias con la prensa como fuente
  5. Retomar tareas del día anterior, escuchar material grabado, elaborar guiones o:
    [Y vuelta a empezar]
  6. Localizar fuentes, visitarlas
  7. Escuchar las noticias de la radio o ver los informativos.
  8. Elaborar guiones después
  9. Producir reportajes
  10. Escuchar la radio

¿Aportan las corresponsales una perspectiva diferente? Cécile Thibaud (París, 1961) colabora como freelance en una revista francesa (L’Express) y un periódico suizo (La Tribune de Genève). Es la autora de un libro sobre las madrileñas (Une vie de pintade à Madrid) y ejerce como vicepresidenta del Círculo de Corresponsales Extranjeros. “Veo con mucha curiosidad los fenómenos de Podemos y Ciudadanos. Son partidos que nacen de una crisis y no son xenófobos. Es sorprendente que no sean de extrema derecha, como ocurre en mi país. Habrá que ver cuál es la consecuencia política de todo esto”, explica tras admitir que los políticos españoles están “más pendientes de los enviados especiales que de los corresponsales”[6].

El trabajo de Thibaud se centra en “leer los periódicos” y “mirar por internet lo que se ha publicado”. Luego envía las propuestas. “Todo se ha acelerado bastante. Mi trabajo es más continuo”, apunta, “pero sería mucho más estresante si trabajara para una radio o una agencia de noticias”. En un libro imprescindible para saber más de los corresponsales y sobre todo para conocer la mirada de estos periodistas, la freelance se presentaba como alguien que llegó a España “por amor y porque sí”. Se quedó aquí “por el gazpacho y el café con hielo, y por amor” y sueña con “montar un chiringuito de playa”. Tiene dos niñas que le han abierto “las puertas del mundo de los parques infantiles y otros universos paralelos”[7].

Los corresponsales extranjeros no deben olvidar que también son reporteros, como recordó Alfonso Armada, excorresponsal de ABC en Nueva York. En El País fue enviado especial en África. Asegura que “un reportero tiene que salir y palpar el pulso de la realidad hablando directamente con la gente. El género rey es la crónica y el reportaje hecho con profundidad, con calma. Hay que volver a ver los ojos de un niño y escuchar, que haya jefes sensibles. Algunas historias necesitan ser escuchadas, estamos para contar historias, ver y escuchar”[8].

Masako Ishibashi también escribió en ese libro caleidoscópico sobre España y sus costumbres. Ishibashi, natural de Kioto, la antigua capital imperial, trabajó viajando por España como freelance para cadenas de televisión japonesas en programas documentales. Desde el año 2000 es corresponsal de la agencia de noticias Kyodo, la “Efe japonesa”. Lleva 45 años viviendo en España.

“Me paso el día frente al ordenador, buscando noticias. Y a las 15:00 y a las 21:00 horas estoy delante de la televisión para ver los informativos. Por la noche veo muchos programas como La Noche en 24 horas en Televisión Española. Intento también buscar las fuentes yo misma y recurro mucho a los expertos”, disecciona esta japonesa que desde que era niña tenía un sueño: “Conocer el país de Don Quijote y Picasso”[9]

A Ishibashi le encantaría escribir un tanto por ciento mucho más elevado de arte y cultura (es presidenta de la Escuela Enshu de Ikebana en Madrid, en la que practica y enseña el ikebana, el ancestral arte floral japonés), pero sobre todo lo hace de política y fútbol. Para muchos jóvenes nipones, España es sinónimo de Real Madrid y Barcelona y, en general, de la Liga de fútbol: “Conozco a muchos que vienen en un avión chárter barato desde Tokio, vía París, para ver un derbi en el Santiago Bernabéu o en el Camp Nou”.

La corresponsal de Kyodo no utiliza las redes sociales para su trabajo. “Quizá es que soy una antigua”, bromea. “En Twitter opinan todos. ¿De quién me fío? Si me equivoco yo, se equivoca la agencia. Hay peligro de ello al publicar cualquier tuit. Tenemos que ser muy firmes y estar convencidos de que las noticias y cifras son correctas. Somos muy puntillosos”, dice.

Dahms: “Mi obligación es tener una visión generalista de este país”

Martin Dahms (Oldenburg, Alemania, 1963) y Matthew Bennett, de 35 años, son dos ejemplos de corresponsales bien diferentes. Dams no tiene cuenta de Twitter. Bennett no viviría sin Twitter. Dams trabaja para muchos medios, principalmente para el Berliner Zeitung. Así lo lleva haciendo desde hace 20 años: “No anhelo una situación distinta: me quedan 15 años de vida laboral y, si no empeora mucho la profesión, me siento muy libre y satisfecho con lo que hago y lo que me pagan”. Bennett tiene su propio medio de comunicación (el diario digital The Spain Report).

Dahms confía mucho en las fuentes secundarias, en sus colegas españoles y los del Círculo de Corresponsales Extranjeros, que funciona como un aglutinador, como una especie de lobby de los periodistas internacionales. Dahms es tesorero del Círculo, formado por 80 socios. “Procuro conocer a los protagonistas de los que escribo. Son muy importantes los almuerzos que tenemos con políticos y personajes relevantes de la sociedad española. Si quiero conocer a alguien de Podemos, ayuda estar en el Círculo para conseguir entrevistas de primera mano”[10], afirma.

Durante algunos años, el tema principal de agenda que manejaba era ETA: “Como ya no existe o está casi desmantelada, ha perdido interés. En 2014, el foco estaba en Cataluña y antes en la crisis económica. Lo que se me pide es que observe lo que se cuece en el país y tenga una sensibilidad por saber lo que es de interés e importancia en España, como los asuntos de inmigración o los temas del salto de valla en Ceuta y Melilla”.

El periodista alemán, autor de varios libros sobre España y que reside en Madrid desde 1994, acaba de regresar de elaborar un reportaje de la mina de Aznalcóllar (Sevilla): “En ocasiones me marcho fuera, pero no es lo habitual. Lo hago en momentos que no hay nada de actualidad”. “Me veo”, añade, “como un periodista antiguo que busca en prensa información en profundidad y análisis. Es trascendental la parte de reflexión. Lo importante es encajar una historia en su contexto para que el lector esté informado. Mi obligación es tener una visión generalista de este país”.

Dahms no tiene ni Twitter ni Facebook. Solo está en LinkedIn, aunque tampoco utiliza mucho esta red profesional. “Llego a la información sin formar parte de las redes. Si fuera importante para publicar nuevas historias, estaría seguro ahí, pero temo perder mucho tiempo”, asegura.

Por su parte, Minder se define como un usuario “malísimo” de las redes. “Las sigo, pero me estoy ahogando con la cantidad de cosas que hay. Intento tapar el ruido de fondo que produce, en mi opinión, todo el material de la red. Lo que me parece interesante es que surgen noticias o rumores que se mueven tan rápido que al final salen ocho o diez versiones distintas. A veces me llegan a través de Facebook, Twitter o LinkedIn 15 veces la misma información de sitios y personas muy diferentes. Cuesta mucho saber dónde ha empezado un tema. Hay una gran falta de respeto al trabajo y propiedad intelectual”, asevera.

Bennett no podría (casi) trabajar sin Twitter. Desde marzo de 2008 ha publicado 44.400 tuits en su cuenta. Lo expresa así: “Twitter es el 90 %. Facebook vale poco por aquello de los algoritmos y la casi nula capacidad de búsqueda. YouTube, para los vídeos. Tal vez un poco de Instagram para las fotos. Las posibilidades de WhatsApp son fascinantes. Lo que hemos montado entre todos, gracias a la tecnología, es una enorme red de captación de noticias de ámbito mundial, que es capaz de grabar e informar básicamente en tiempo real de lo que está ocurriendo al otro lado del planeta. Ofrece una inmensa oportunidad a aquellos periodistas que sepan usarla para contactar con fuentes, pistas y datos”[11].

También observa barreras no tecnológicas en ese entorno como el idioma y las leyes (derechos de autor). Este británico llegó por primera vez a España en 1998 y, antes de crear The Spain Report, tradujo documentos legales, económicos y científicos y escribió un blog popular sobre la evolución de la crisis española.

El editor de The Spain Report califica su relación con las fuentes como, “en general, muy positiva, en el 99 % de los casos. Es muy poco frecuente que alguien no quiera hablar una vez que explicas quién eres, qué estás haciendo, todo el tema de off the record y si nombrarles o no (que siempre se respeta, desde luego). Los peores son los gabinetes y portavoces de las distintas instituciones, que facilitan mucho las cosas cuando la noticia o artículo les conviene, pero que rápidamente se cierran en banda, y de forma jerárquica, cuando hay una crisis real (ébola, Germanwings o el “Oleg Naydenov”) y quieren controlar la narrativa, entiendo que normalmente por alguna orden ministerial, aunque nunca se llega a saber”.

Cuando recurre a organismos como Salvamento Marítimo, Capitanía Marítima, Marina Mercante, Guardia Civil, Delegación de Gobierno e institutos oficiales, “resucita” la España del “Vuelva usted mañana” de Larra. “Cuando todos te dicen: ‘No te puedo decir nada más, lo lleva Fomento’, está claro lo que está pasando. Suelen tardar unas horas, o tal vez un par de días, en organizarse para dar esa orden. A los partidos les pasa un poco lo mismo en las noticias políticas. Pero los españoles normales, no institucionales, digamos, casi siempre son muy abiertos, receptivos y dispuestos a ayudar”. En la misma línea que Bennett, Carlos Meza, corresponsal en Madrid de la agencia mexicana Notimex[12], se queja de cómo los directores de comunicación relegan a los corresponsales. “Su prioridad son los medios nacionales y nosotros estaríamos para una gran cantidad de ellos en un sitio secundario”, señala Meza.

De un usuario entusiasta de Twitter como Bennett a un tuitero comedido. Según Josto Maffeo, nos encontramos en una “fase adolescente” del uso de las redes sociales por parte de los medios de comunicación. “Yo las uso mucho. Estoy muy presente en Twitter, pero no doy crédito a alguien que escribe un tuit o hace un comentario salvo que tenga constancia de quién es y cómo se mueve. Hay que tener muchísima prudencia porque se produce mucho ruido y se crea un estado de excitación que empuja a la inmediatez que casi obliga a dar espacio a ciertos temas –avisa–. Con el sistema mediático anterior había más sosiego y las valoraciones eran más equilibradas”.

En 2012 estaban acreditados en España 258 corresponsales

Ramón Salaverría, profesor de Periodismo de la Universidad de Navarra y Visiting Scholar in Journalism en la Universidad de Texas (Austin) en el curso 2014-2015, ha elaborado una lista pública en Twitter con las cuentas de los corresponsales extranjeros en España. El 25 de mayo de 2015 contaba con 68 miembros y 43 suscriptores. En esta lista figuran corresponsales en plantilla como Minder, una freelance como Claudia Cucchiarato, que escribe para medios italianos y está afincada en Barcelona, y un fotorreportero como Ervin Sarkisov, que colabora para Corbis y Sipa Press.

Salaverría también es el autor de un estudio sobre la situación de los corresponsales extranjeros en España[13]. En 2012 estaban acreditados en España 258 corresponsales, de los que casi las tres cuartas partes (72 %) eran hombres. Estos corresponsales trabajaban para un total de 202 medios: 89 diarios, 49 canales de radio o televisión, 40 agencias de noticias y 24 revistas[14].

Las cifras de 2012 suponen una caída en el número de medios acreditados en España del 14 % (33 medios) en cinco años: en 2008 había 235 medios internacionales con corresponsal en nuestro país (92 diarios, 64 radios y televisiones, 43 agencias de noticias y 36 revistas).

En cuanto a países con corresponsalías en España, las cifras apenas han variado en los últimos años. En 2008 había medios de 44 países con al menos un corresponsal acreditado en España, mientras que en 2012 la cifra era de 45 países. Ese año mantenían mayor presencia de corresponsales los siguientes países: Alemania, con 30 medios y 36 periodistas acreditados; Estados Unidos, 20 medios y 48 periodistas, y Francia, 16 medios y 22 periodistas. Por continentes, los más representados en nuestro país en 2012 eran Europa (con medios de 21 países), América (15 países), Asia (seis) y África (tres). No había ni un solo corresponsal de un medio de Oceanía. 

¿Y cuál es el retrato robot? Fundamentalmente, son hombres, de una edad media de 39 años, con formación universitaria y un nivel de estudios de máster, una media de 17 años de experiencia como periodistas y unos ingresos mensuales entre 2.000 y 3.000 euros. Esta cifra promedia el salario de los corresponsales contratados por medios extranjeros a tiempo completo –mejor pagados– y el de los stringers –que cobran según la cantidad de informaciones publicadas–.

Los corresponsales extranjeros en España, al revés que los españoles en el extranjero, no se quejan de lo que les pagan. El freelance de un medio internacional, y no digamos si está en plantilla, se encuentra infinitamente mejor pagado que el nacional enviado (o autoenviado) al extranjero.

Los corresponsales extranjeros también se animan a radiografiar el periodismo español actual. Para Minder, la prensa española adolece de “falta de libertad”: “Se ha polarizado muchísimo, casi no se necesita abrir La Razón para saber lo que vas a leer y casi todos los periódicos tienen temas en los que la línea editorial está hecha y no se cambia”. En la cobertura de la información económica y financiera, la situación es “incluso peor”. El mal de la publicidad institucional y el excesivo respeto a las empresas del IBEX 35 como problema galopante. “Ya ni se atreven a meterse con los grandes anunciantes del país”, denuncia el corresponsal del NYT.

Minder continúa con su crítica. Esta vez es el turno de la prensa deportiva. “No me parece normal que Marca, principal periódico deportivo nacional, ponga en la página 5 el resumen del partido entre el Barcelona y el Bayern de Múnich y abra el periódico con el rumor de llegada de Morata al Real Madrid. Me gustaría poder leer un diario sin pensar que voy a leer puros elogios al Real Madrid o en el Sport puros elogios al Barça. E igual en política cuando leo determinados periódicos que dicen que Podemos representa un amenaza casi de terrorismo para la sociedad”.

Eso sí, surgen nuevas oportunidades para nuevos medios. “En poco tiempo, algunos de los periódicos online han logrado mucho más de lo que cabría esperar si el entorno fuese menos polarizado o mediocre. Se nota en El Confidencial, Politikon o ElDiario.es. La gran ventaja para estos medios es que cuando los líderes ya no tienen las características de mantener el liderazgo se abren oportunidades y las están aprovechando”, relata el corresponsal del diario neoyorquino.

“La otra cara de la moneda”, insiste Minder, “es que muchos medios han perdido mucha plantilla, casi 10.000 empleados desde el principio de la crisis [2008-2013], lo que supone un valor añadido, con gran experiencia, que permite a nuevas plataformas encontrar jugadores de Primera División con dinero de Segunda División y eso es un gran lujo; igual que en la política, la inmovilidad o la falta de respuesta de los grandes partidos han dado oportunidades a nuevos actores”.

Bennett echa de menos un medio español de alcance mundial, con audiencias globales, no localizadas en los Estados Unidos o el Reino Unido, del tipo de The New York Times y The Guardian. Tampoco ve ninguno con una calidad similar a la de Financial Times y The Economist. “Lo digo como proyecto, no en artículos sueltos. A medio plazo, algo tiene que cambiar. Los lectores no necesitan 20 medios que les cuenten la misma noticia. De manera individual, obviamente hay periodistas excelentes”, señala el editor de The Spain Report, quien ha colaborado con medios españoles como El Mundo.

Bennett: “Falta un proyecto que aproveche del todo el nuevo entorno digital/móvil”

Este periodista británico también observa en el periodismo español “menos capacidad de respuesta y adaptación” que en otros países. “Los viejos medios están demasiado cerca del poder, de una forma poco transparente. Y algunos proyectos de reciente creación están teniendo bastante éxito online y experimentando con nuevos modelos de negocio”, afirma.

Bennett apunta otro inconveniente no estrictamente del campo del periodismo, pero sí empresarial: la publicidad intrusiva en los medios digitales, “que a menudo no te deja ver no ya el artículo que quieres leer, sino el medio en sí. Hay que buscar más transparencia con los nuevos formatos publicitarios y su relación con el poder. Además, la tirada de los diarios impresos sigue cayendo en picado. Y falta un proyecto en España que aproveche del todo el nuevo entorno digital/móvil”.

El presidente del Círculo de Corresponsales Extranjeros subraya cómo para los periodistas españoles es “complicado situarse en el mercado” y se experimenta “mucho” con formatos digitales “sin que el periodismo de calidad encuentre hueco en el mundo digital”. “Incluso, los digitales puros como ElDiario.es e InfoLibre trasladan su periodismo de calidad a ediciones impresas, en vez de desarrollar presentaciones digitales creativas”, apunta Kellner. 

Maffeo traza un panorama con una “inflación enorme” de futuros periodistas que luego no ejercerán el periodismo. “La crisis de la profesión y la competitividad ha conducido a una sobreabundancia y una necesidad de abaratar el producto”, explica. Masako Ishibashi mantiene que El País conserva “la excelencia, como hace años”. “Se practica un periodismo muy valiente que busca la verdad hasta el final, pero a veces se pasan –apostilla–. No sé si hay que ser tan prudentes como en Japón”. La corresponsal de Kyodo subraya que en el periodismo español existe “demasiada” información deportiva y programas de cotilleo. La “Salvameidiotización”.

“Me gusta que en España tengamos muchas mujeres periodistas. En Japón solo un 15 % ejerce la profesión en prensa y un 25 % en televisión. Yo creo que hay que recordar que el rey Juan Carlos hizo mucho por España en la Transición. La gente solo se queda con que fue a cazar elefantes, Urdangarín y Corinna, pero, en Japón, el emperador trabaja menos y se está conforme. España protesta por todo, empezando por el periodismo. Lo veo bien, aunque también es necesario un poco de autocontrol. Los japoneses lloramos por dentro. Los españoles son apasionados, alegres y, cuando están tristes, lloran delante de todos”, relata esta periodista, cuya filosofía periodística se fundamenta en tres puntos: “Primero, objetividad; segundo, objetividad, y tercero, objetividad”.

El corresponsal de The New York Times argumenta que en el periodismo español no se paga un precio alto por la equivocación. Y lo que es peor: “han bajado” las expectativas por parte del lector de que la información sea 100 % correcta. Estima que “debería haber tarjeta roja en el periodismo. Solo hay tarjeta amarilla y no pasa nada. Las encuestas revelan que hay un desapego por el periodismo y que no genera la misma ilusión que a principios de la década de los 80. El periodismo era entonces una parte clave de la sociedad española. Por eso, hay que tener recursos y no solo financiar proyectos de investigación para lograr independencia. Pero si los medios tienen grandes deudas y la gente trabaja bajo presión…”.

Minder cree que ya no existe un esfuerzo por contrastar la información: “A veces lo que se hace es asegurarse de si lo han publicado o no otras plataformas. Se está haciendo un periodismo basado muchas veces en el trending topic [tendencia] en Twitter, con olas de interés que van y vienen. Me parece que hay muy poco trabajo por saber qué ha pasado luego con un tema. Para mí, eso es una mina de información. Hay que seguir las siguientes fases de un tema. Se destapa algo, pero no se investiga qué ha pasado más tarde”.

El periodista británico Giles Tremlett, actual corresponsal de The Economist y The Guardian, cuenta que el semanario, en realidad, es un medio viewspaper (punto de vista) y no un newspaper (noticias). “Aporta información, pero su estilo tiene una tendencia editorializante, a diferencia de un periódico. Por lo tanto, las portadas sobre la crisis en España se corresponden con el estilo de la publicación”, esclarece. Y añade Tremlett: “El momento en el que España ha estado en el foco de la prensa internacional no es este, sino durante las Olimpiadas de Barcelona y el 11-M. Entonces sí que salía en todos lados”.

Se puede seguir aprendiendo –y mucho– de periodistas veteranos, “de la vieja escuela”, como Tom Burns Marañón y John Hooper. Burns fue corresponsal en Madrid del diario Financial Times, The Washington Post y de la revista Newsweek. Este reputado hispanista (autor de obras sobre España como Hispanomanía, del año 2000[15]) considera que lo más difícil para el trabajo de corresponsal es siempre la organización del tiempo. Habla Tom Burns: “Si estáis con un tema y habéis hecho bien el trabajo de campo, puedes escribir 1.000 palabras en 100 minutos”[16].

Hooper es de los corresponsales a los que les apasiona vivir en un país extranjero y se les queda corto el periodismo. No renuncian a la profesión, si bien necesitan muchos más folios para contar lo que oyen, palpan y olfatean. Hooper es autor de The Spaniards y de The Italians. Lleva 41 años como corresponsal de The Guardian y de The Economist. Así sintetiza qué es –o, más bien, qué ha sido– un corresponsal clásico: “He vivido en ocho países, hablo seis idiomas, he entrevistado a presidentes y a prostitutas, he presenciado el desastre aéreo más importante de todos los tiempos, he estado en una cena íntima con miembros de tres familias reales, he sido secuestrado por terroristas y una vez tomé té y galletas con la mafia siciliana”. Y Hooper, como Bennett, Maffeo, Ishibashi o Haubrich va y lo escribe.

 

[1] Román, Silvia (2015). “El periodista alemán que se implicó en la Transición”. El Mundo, 9 de abril de 2015. 
[2] Intervención de Josto Maffeo en la Casa Gerald Brenan el 15 de enero de 2015.
[3] Entrevista personal, de elaboración propia, realizada el 22 de mayo de 2015.
[4] Tulloch, Christopher (2004). Corresponsales en el extranjero: mito y realidad. Eunsa. Pamplona, 2004, p. 182.
[5] Rivera, Agustín (2012). El cortijo andaluz. Treinta años de subvenciones, enchufismo y despilfarro. La Esfera de los Libros, Madrid.
[6] Intervención de Thibaud en la Casa Gerald Brenan de Málaga el 16 de enero de 2015.
[7] Herzog, Werner (coord.) (2006): Vaya país. Cómo nos ven los corresponsales de prensa extranjera. Aguilar, p. 202.
[8] Intervención de Alfonso Armada en la Casa Gerald Brenan de Málaga el 15 de enero de 2015.
[9] Entrevista por teléfono de elaboración propia.
[10] Entrevista por teléfono de elaboración propia.
[11] Entrevista por correo electrónico de elaboración propia.
[12] Entrevista realizada el 26 de octubre de 2013 en el marco del Encuentro de Corresponsales Enacpen: “Corresponsalías y Periodismo en Crisis e Imagen Exterior de España”. Más información: www.reportarte.es y www.corresponsales.org. Disponible aquí. 
[13] Salaverría, Ramón (2014): Foreign Correspondents in Spain: Facing the Economic and Professional Crisis. En: Georgios Terzis (ed.): Mapping Foreign Correspondence in Europe. London, Routledge, pp. 243-251.
[14] El estudio de Salaverría no detalla la cifra de medios digitales. “Aunque parezca sorprendente, la Agenda de la Comunicación no contempla todavía esta categoría”, precisa en su blog 
[15] Burns Marañón, Tom (2000). Hispanomanía. Plaza&Janés, Barcelona.
[16] Intervención de Tom Burns Marañón en la casa Gerald Brenan de Málaga el 16 de enero de 2015.

 

(@agustinrivera) es profesor de Géneros Periodísticos de la Universidad de Málaga y delegado de El Confidencial en Andalucía. En el diario El Mundo fue corresponsal freelance en Tokio y enviado especial a 14 países.

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