Consultorio Deontológico

¿Qué principios éticos son fundamentales para ejercer la profesión de periodista?

El periodismo tiene lex artis, principios deontológicos: son pocos, sencillos y claros. Están bien explicados en los numerosos códigos deontológicos conocidos desde principios del siglo XX, muchos de ellos vigentes en numerosos países y redacciones. Por señalar algunos, sirven el Código de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), el del Consejo de Europa (1993) o la reciente Carta ética mundial para periodistas (junio de 2019) de la Federación Internacional de Periodistas. Todos ellos dicen lo mismo, aunque con distintas palabras y tamaños.

Los principios son equivalentes y se pueden resumir en los siguientes:

1.º La verdad. El periodista busca la verdad, de forma diligente. Hechos y datos. “Comunicar o recibir información veraz” reza el artículo 20 de nuestra Constitución, uno de los textos más brillantes y elocuentes sobre la libertad de información y de opinión, materias esenciales para los periodistas. Y para la democracia.

2.º Verificación. La búsqueda diligente de la verdad exige aplicar el principio, el método, la disciplina de la verificación. Comprobar, contrastar, distinguir, aclarar… son elementos y exigencias esenciales para el buen trabajo profesional. El periodista lo es en cuanto que verifica, no da por bueno lo que le cuentan, lo que lee u oye, lo que dicen o escriben otros. Verificar supone escepticismo frente a lo verosímil, lo posible o probable. Verificar requiere formación, experiencia, conocimientos, más que nunca en la nueva era digital, en la que abundan los excesos y las trampas. También las oportunidades. Verificar requiere técnica, profesionalidad.

3.º Relevancia, proporcionalidad, exhaustividad, criterio. Estos cuatro conceptos no son sinónimos, pero son complementarios, tienen que ver unos con otros. El relato periodístico debe ser relevante en el fondo (evitar lo banal e intrascendente, aunque da color y seguimiento) y en la forma, que sea interesante y comprensible. La información requiere proporcionalidad en su contenido, tener en cuenta a los interesados y afectados, aportar contexto, referencias…

4.º Diferenciar información, opinión y publicidad. Los hechos son sagrados, las opiniones son libres. Un principio esencial que obliga a los periodistas y a los medios a diferenciar claramente entre unos y otros espacios. La información y la opinión van parejas, pero por distintas aceras, con diferenciación clara. Otro tanto para la publicidad, que tiene sus propias exigencias éticas, si bien no es tarea de periodistas. Informar requiere desplegar recelo frente a la manipulación, a la utilización del periodista por parte de fuentes parciales, a veces legítimas, pero parciales.

5.º Lealtad al ciudadano. ¿A quién sirven, a quién se deben los periodistas? La respuesta es unívoca: a los ciudadanos (lectores, espectadores u oyentes). Las fuentes son necesarias, pero no destinatarios de la información; son instrumentales para un objetivo: informar. Un concepto que debe ser compartido por el editor profesional, que debe proteger a los periodistas y alentarles al cumplimiento de sus deberes deontológicos, por su propio interés. Olvidar ese principio es el mejor camino al extravío, a la pérdida de credibilidad, la cual es el principal activo del periodismo (de periodistas y editores), su razón de ser.

6.º Rectificación. La naturaleza del trabajo de los periodistas es lábil. El riesgo de equivocarse es elevado. El trabajo está urgido por la actualidad, por la rapidez, y ello incentiva la imprecisión y los errores. Por eso hay que rectificar con diligencia, con generosidad, con amplitud y con humildad. La rectificación contribuye a la credibilidad. Trata de reparar y compensar el daño causado. Los buenos periodistas, los medios serios, rectifican de inmediato.

El ejercicio del periodismo necesita libertad, pero sobre todo conciencia personal, independencia

El ejercicio del periodismo necesita libertad, pero sobre todo conciencia personal, independencia. La libertad no es ilimitada, tropieza con otros derechos de terceros que deben ser respetados y protegidos. El argumento de la libertad no puede ser el burladero, la excusa para justificar la mala práctica, la que no respeta los principios anteriores. Ejercer el periodismo impone riesgos, pasa por dilemas éticos permanentes que tiene que resolver la conciencia de cada periodista. Por ello, el debate interno, la consulta a otros colegas y a expertos ayuda a afrontar y resolver esos dilemas.

Todo esto se puede ampliar con más conceptos y razonamientos, desde la presunción de inocencia a la atribución y trasparencia de las fuentes y las citas y la buena gestión de los conflictos de intereses. También por el rechazo del plagio, por la protección de los más débiles, por el respeto a la intimidad… No obstante, los seis elementos enunciados son inexcusables, una guía suficiente sobre la lex artis y la buena práctica del periodismo: su ética profesional.  

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