Obras destacadas sobre periodismo

Libros

  • Reset. Cómo concluir la revolución digital del periodismo (Albert Montagut), por Ignacio Blanco Alfonso
  • El hijo del chófer (Jordi Amat), por Alfonso Sánchez
  • La seducción de Urganda (Joaquín G. Cuenca), por Felipe Sahagún
  • La cara oculta de China (Isidro Ambrós), por Pablo M. Díez

El periodismo será digital o no será

Vivimos en una sociedad plenamente digitalizada en la que pocas estructuras escapan al influjo de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC). En este contexto, la pandemia de la COVID-19 no ha hecho sino acelerar un proceso que, en realidad, se encontraba bastante evolucionado en las sociedades desarrolladas.

No obstante, si bien el periodismo es una de las realidades que ha experimentado un mayor impacto de las TIC, no está claro que la revolución digital haya culminado todavía. Esta es la cuestión que trata de desentrañar el periodista Albert Montagut (Barcelona, 1957) en su último ensayo: Reset. Cómo concluir la revolución digital del periodismo (Galaxia Gutenberg, 2021). En cierto modo, el título de la obra ya anticipa la tesis, pues, en opinión del autor, la revolución digital del periodismo aún no ha concluido. Cabe preguntarse si esto es así. ¿Todavía perviven estructuras empresariales y procedimientos periodísticos característicos del paradigma analógico? Y en caso afirmativo, ¿puede el periodismo retrasar mucho más la plena integración de la cultura digital en sus rutinas profesionales?

Hace 15 años que Henry Jenkins acuñó el concepto de “convergencia mediática” para señalar el camino que, tarde o temprano, tendría que recorrer la industria mediática. En su planteamiento, la convergencia no se presenta como un punto de llegada, sino como un proceso de integración cultural bastante complejo en el que intervienen muchos agentes. Si en el paradigma analógico la generación y distribución de contenidos editoriales consistía en un proceso vertical controlado por unos pocos emisores bien identificados, parece claro que internet ha arrasado con esa hegemonía. Quien se resista a aceptarlo solo tiene dos alternativas: o adapta su antiguo negocio editorial a la nueva cultura digital o echa el cierre porque el proceso es irreversible.

Montagut, veterano periodista y flamante doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha abrazado con optimismo la primera opción, al considerar la digitalización como una oportunidad, no como una amenaza. Ello no quiere decir que los medios no tengan que ponerse manos a la obra y afrontar profundas y costosas reformas.

El autor construye su discurso a partir de la experiencia de 17 expertos a los que preguntó sobre el proceso de digitalización de prestigiosos medios 

Hay que aclarar que Reset es una obra polifónica fruto de la investigación que Montagut ha realizado para su tesis doctoral defendida en julio de 2020. En concreto, el autor construye su discurso a partir de la experiencia de 17 expertos a los que ha preguntado sobre el proceso de digitalización de algunos de los medios más prestigiosos del mundo. Esas experiencias, junto con las opiniones de otra veintena de profesionales del sector recabadas en grupos de discusión, desembocan en un texto científico, pero ameno, cuya lectura es recomendable por dos motivos: por un lado, para comprender el proceso de convergencia digital del periodismo no desde la teoría, sino desde la práctica y la experiencia reales; y, por otro, para reconocer que el paradigma digital ofrece más beneficios que perjuicios para hacer buen periodismo.

El libro, cercano a las 400 páginas, se estructura en seis bloques: 1.- “Un nuevo mundo”, que recorre los primeros años de la irrupción de lo digital en el sistema analógico de comunicación; 2.- “El paradigma digital”, donde sienta las bases para una comprensión tecnológica del nuevo modelo comunicativo; 3.- “La convergencia”, que incluye la descripción de casos de éxito, como The New York Times, y disecciona las ventajas de ensamblar procedimientos tradicionales con contenidos multiplataforma; 4.- “Las herramientas”, capítulo -en mi opinión- demasiado expuesto a la obsolescencia, pues en él se enumera una serie de programas, plataformas y aplicaciones para el periodista digital cuyo conocimiento resulta útil hoy, pero que, al cabo de no mucho tiempo, habrán sido superadas por la propia tecnología; 5.- “El escenario real”, donde se glosan las experiencias de los expertos consultados, con mención a los errores que se cometieron y de los que tanta enseñanza extrae este libro, y 6.- “Conclusiones”, capítulo en el que el autor cierra el círculo de su discurso recogiendo el espíritu de la hipótesis de partida, es decir, que la revolución digital se presenta como una oportunidad para transformar y mejorar el periodismo tradicional.

El libro demuestra que la digitalización es un proceso imparable, lo que lleva a Montagut a afirmar que “todos los medios se verán obligados a iniciar una etapa digital en la que deberán invertir de manera constante para contar con los recursos necesarios que la tecnología desarrolle en cada momento”. Esto no significa que no haya resistencias. De hecho, el libro sugiere que el principal freno para la plena digitalización del periodismo es el cambio de cultura -de mentalidad, diríamos- por parte de las redacciones. Según el autor, las diez resistencias más repetidas por los entrevistados son “falta de interés, falta de tiempo, añoranza de tiempos pasados, falta de presión empresarial, rapidez del desarrollo digital, restricciones tecnológicas, falta de recursos, temas salariales, precariedad laboral y falta de profesionalidad”.

Entre los riesgos que conlleva la digitalización, que obviamente existen, cabe destacar “el tsunami de la cantidad”, fenómeno que no escapa de la crítica y que bien puede relacionarse con el enorme problema que ha supuesto la pérdida del control de la distribución de las noticias en beneficio de las plataformas tecnológicas como Google o Facebook.

Por último, una de las ideas que sobrevuela el libro y que el lector encontrará formulada de varias maneras es esta: “Informar es una cosa y hacer periodismo es otra”. Quiere Montagut establecer una clara distinción entre el reportero o periodista, “que enriquece la información cuando llega a sus manos, añadiendo datos de interés para el lector y para facilitar su comprensión”, y el informador, que “se limita a transmitir textos que recibe sin mejorarlos o enriquecerlos”. “Desafortunadamente -concluye el autor-, las redacciones están llenas de informadores y sufren de falta de periodistas”.

El debate se complementa con la descripción del doble perfil profesional que convive actualmente en la redacción: por un lado, el veterano “que tiene poco interés en digitalizarse” y, por otro, el júnior, “que carece de experiencia periodística y no sabe, en muchos casos, lo que es salir a la calle y buscar una noticia”. Esto lleva a Montagut a proclamar la necesidad de la fusión entre periodismo tradicional y periodismo digital, partiendo de la premisa de que “lo más importante no es la plataforma donde se transmite la información, sino el contenido”.

En definitiva, cabe felicitar al autor por el ingente esfuerzo que ha realizado para fusionar teoría y práctica en un texto riguroso, pegado al terreno, basado en la experiencia de muchos de los mejores periodistas y medios del mundo, e inspirado por la voluntad de defender el periodismo como un servicio público necesario y, sobre todo, como una forma de vida que, realmente, merece la pena.

Ignacio Blanco Alfonso
Profesor titular de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo

 

Manual de corrupción (periodística)           

Jordi Amat, ensayista y crítico literario, firmaba en enero de 2017 un artículo en La Vanguardia, titulado “El hijo del chófer”, en el que daba cuenta de cómo un joven que aún no había cumplido los 17 años se atrevió un día a chantajear por carta al escritor Josep Pla, amenazándolo con denunciar ante la brigada político-social sus conciliábulos catalanistas, con Tarradellas como uno de los actores destacados. Llevaría a cabo su amenaza -le advertía- si su padre, Josep Quintà, el chófer que hacía las veces de secretario del escritor, no le firmaba el imprescindible permiso paterno para solicitar el pasaporte.

Aquel joven hijo del chófer era Alfons Quintà, quien, años después, se convertiría en un destacado periodista, testigo de la transición en Cataluña desde la atalaya privilegiada de ser el primer delegado del diario El País, puesto que abandonaría cuando le encargaron poner en marcha la televisión autonómica TV3 y convertirse en su primer director, una decisión personal de Jordi Pujol. Amat publicó aquel artículo en La Vanguardia cuando apenas había transcurrido un mes desde que Quintà se quitara la vida con una escopeta de caza, la misma con la que acababa de asesinar a su mujer.

Amat había descubierto la nota del chantaje a Pla mientras recopilaba información para escribir otro libro, la biografía del catalanista Josep Benet. Aquel documento, sumado al trágico final del periodista, le despertó de tal modo la curiosidad que, tras una amplia y rigurosa indagación, en noviembre del pasado año, publicaba, utilizando el mismo título de aquel antiguo artículo, «El hijo del chófer», un impactante relato sobre el proceso de formación, ascenso y decadencia del periodista Alfons Quintá. Una deslumbrante narración literaria de no ficción que ha cosechado el reconocimiento unánime y de la que se suceden las ediciones.

Además de su calidad literaria, con una estructura narrativa que lo acerca al thriller político, El hijo del chófer hace partícipe al lector, sin que este apenas lo perciba, de la marcha de la indagación sobre las circunstancias que van conformando el carácter y destino de Alfons Quintá, partiendo de ese momento en que descubrió que “la información sobre la conducta de los otros puede usarse como un poder para conseguir lo que uno quiere”, hasta que se pega un tiro.

No menos atractivo es el contexto en que se sirvió, el ya periodista Quintá, de ese poder que utilizaba a conveniencia: el ascenso y consolidación de Jordi Pujol a la Presidencia de la Generalitat. El lector asiste a cómo se va tejiendo la tela de araña del poder, a los entresijos de cómo el caso Banca Catalana pudo haber frustrado la carrera de Pujol si no llegan a triunfar las maniobras que se orquestaron para que la investigación no siguiera adelante. Como muestra, un botón. A cuenta del primer artículo de Quintà sobre la crisis del banco, que ha hecho sonar todas las alarmas, hay movimientos para que se frene la publicación de una segunda entrega: “Juan Luis Cebrián entiende perfectamente lo que está en juego (…). No lo publica. Llama a Barcelona, se lo dice a Quintà y, sorprendentemente, el periodista no parece disgustado. Él también entiende la lógica del poder y sabe que conserva un comodín que, de alguna manera, puede seguir empleando”.

El lector disfrutará, y se horrorizará, con las andanzas de este periodista poderoso, que devino en acosador sexual, manipulador y rencoroso

El lector disfrutará, y se horrorizará, con las andanzas de este periodista poderoso, que devino en acosador sexual, manipulador y rencoroso, a partir de la narración de numerosos hechos reales, algunos ya conocidos, pero que puestos en el debido orden y contexto nos da un panorama poco aleccionador de la connivencia de poderes económicos, políticos y mediáticos en un momento decisivo en Cataluña, con el fin de defender potentes intereses particulares.

Se ha dicho que este es un libro que deberían leer obligatoriamente los aspirantes a periodistas -con lo que estoy de acuerdo-, pues es el retrato de un profesional del periodismo que, como escribe Amat, “tenía unas fuentes excelentes y la peor de las deontologías”. Ese uso cuasi delictivo de las fuentes y de la utilización de la información para medrar a su favor es todo un ejemplo de práctica contraria al código deontológico. Práctica, por otra parte, no seamos ingenuos, más habitual de lo que conocemos.

Pero hay otra razón más, a mi juicio, para que el libro sea especialmente recomendable para periodistas: el rigor con que se relatan los hechos, la precisión, el distanciamiento del narrador de lo que cuenta, que da como resultado una apreciable neutralidad ante lo que va descubriendo. Y porque, en definitiva, El hijo del chófer es una rara avis en el panorama de los libros que podríamos denominar de crónica política, por su calidad, que abunda poco en nuestro país en este tipo de literatura. Bienvenido sea, por tanto, el camino que nos señala Jordi Amat.

Alfonso Sánchez
Periodista

 

Obra magna de Joaquín González Cuenca sobre el cervantismo y el periodismo del XIX 

En 2002, unos cien de los mejores autores del mundo consultados por el Guardian -entre ellos, Lessing, Rushdie, Gordimer, Soyinka, Heaney, Fuentes y Mailer- eligieron El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha como el mejor libro de todos los tiempos. La seducción de Urganda, editado por las universidades de Córdoba y Sevilla en dos volúmenes (1.264 páginas), puede ser el mejor sobre cervantismo y periodismo publicado en muchos años en castellano.

El hilo conductor del libro no es la maga a la que Cervantes pone al frente del Quijote, sino un abogado, cervantista y periodista desconocido para el común de los lectores, Nicolás Díaz de Benjumea, nacido en Sevilla en 1828 y fallecido en Barcelona en 1884, a cuya vida y escritos ha dedicado el autor muchos años de investigación.

Con una paciencia y laboriosidad admirables, como en sus obras magnas anteriores –Las etimologías de San Isidoro romanceadas o los cinco volúmenes del Cancionero General, Premio RAE 2005-, el catedrático, filólogo y cervantista Joaquín González Cuenca, formado en Madrid con Rafael Lapesa, Eugenio de Bustos y Fernando Lázaro, y en Barcelona con Martí de Riquer, José Manuel Blecua y el gran Francisco Rico, rompe moldes y ofrece una perspectiva nueva sobre el cervantismo y sobre el periodismo en la España del siglo XIX de obligada lectura para quien esté interesado en cualquiera de esos ámbitos del conocimiento.

Para llevar a cabo su proyecto, encontró cuatro escollos: la dispersión de los escritos de Benjumea, perdidos en el maremágnum de la prensa periódica del XIX; las enmarañadas décadas centrales de ese siglo, con miles de publicaciones que nacían y morían en cuestión de días, semanas o meses; la proteica actividad periodística del personaje entre Inglaterra, donde residió durante al menos diez años, y España, y la escasez de documentación personal.

Al no existir archivos o bibliotecas de herederos del periodista andaluz, González Cuenca ha tenido que recomponer el itinerario literario y vital de su biografiado exhumando las cartas de Benjumea a su amigo Narciso Campillo que se conservan en la Biblioteca Nacional y mediante un meticuloso examen de las obras y artículos, uno a uno, cediendo la palabra al protagonista en forma de citas textuales.

Atraído al comienzo de sus indagaciones por la riqueza, originalidad y pintoresquismo de las teorías de Benjumea sobre Cervantes, González Cuenca desentraña cada recoveco de la obra cervantina del sevillano: los Comentarios filosóficos del Quijote publicados en 1856 en La América, los opúsculos La estafeta de Urganda (1861), El Correo de Alquife (1866) y El mensaje de Merlín (1875), los libros La verdad sobre el Quijote… (1878) y Vida de Cervantes (1880) y las Notas sobre el sentido espiritual del Quijote (1883).

“Es en las Notas”, concluye, “donde Benjumea expone, sin tapujos y con una insistencia a machamartillo, su ideario masónico, que le lleva a ver en don Quijote y en Cervantes un ‘filósofo, reformador, político, socialista’ que se reveló contra la opresión de la religiosidad ambiental, manipulada por la Inquisición”.

Pero la obra de Benjumea, como escritor, es mucho más amplia. “Es un periodista integral”, escribe González Cuenca, “en las dos dimensiones en las que se mueve el periodismo: la información y la opinión. En su caso, las dos funciones están íntimamente ensambladas, como era habitual en el ejercicio periodístico de la época; y en las dos, Benjumea fue madrugador”.

Su firma apareció en la prensa de Sevilla, Madrid, Londres, Cádiz y Barcelona, unas veces como redactor y otras como director de la publicación.

Su firma apareció en la prensa de Sevilla, Madrid, Londres, Cádiz y Barcelona, unas veces como redactor y otras como director de la publicación. Aparte de su actividad en Londres en diarios como El Español de Ambos Mundos y El Eco de Ambos Mundos, llegó a dirigir publicaciones de gran prestigio, como El Museo Universal, de Madrid, y, al final de su vida, La Ilustración de la Mujer, de Barcelona.

Sus largas estancias en Inglaterra, señala el autor, hacen de su periodismo un ejercicio extraordinario de trasvase cultural, en el que González Cuenca destaca, sobre todo, la larga serie de artículos sobre “Viajeros ingleses en España” recogidos en El Museo Universal.

 Felipe Sahagún
Periodista y profesor titular de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense

 

Crónicas de China

Ni siquiera para un corresponsal veterano resulta fácil escribir un libro sobre China. Créanme, sé bien lo que les digo. Mientras más tiempo lleva un periodista en este gigantesco país, menos cree saber, por sus frenéticos cambios y constantes contradicciones, que ponen en cuestión todo lo aprendido en años anteriores. Después de una década en Asia repartida entre Pekín y Hong Kong, el excorresponsal de La Vanguardia, Isidre Ambrós, se enfrenta al complicado reto de escribir “su libro sobre China”. De forma muy inteligente, lo supera con la técnica más periodística posible: recopilando una serie de historias, en forma de reportaje y noticias, que describen La cara oculta de China, como se titula su libro.

Dividido en ocho partes, arranca de forma inevitable con el estallido de la pandemia del coronavirus en Wuhan y nos sumerge en sus 300 páginas en un viaje poliédrico al país que, en solo cuatro décadas, se ha convertido en la segunda potencia mundial y rivaliza con la hegemonía de Estados Unidos y del modelo democrático occidental. Desde el todopoderoso y omnipresente Partido Comunista hasta el consumismo que ha desatado su apertura al capitalismo, Ambrós se sirve de una serie de pequeñas historias personales, a veces incluso anécdotas, para contar el relato general de la nueva China del siglo XXI. Como él mismo reconoce en los agradecimientos, “este libro tiene sus orígenes en la curiosidad provocada por las informaciones pequeñas, a pie de página en muchas ocasiones, publicadas por los medios de comunicación chinos, así como por las situaciones vividas durante mi estancia en China”.

Ambrós, que nació en Barcelona en 1956 y llegó a Pekín en 2008 tras pasar por Berlín y Bruselas, nos desgrana desde la adicción al lujo y la ostentación de los nuevos ricos chinos hasta los casos más sangrantes de corrupción, pasando por la represión que sufren los opositores y todo aquel que se atreva a desafiar al régimen del presidente Xi Jinping, el líder más poderoso y autoritario desde Mao.

Más allá de la política y la economía, tampoco se olvida Ambrós de retratar los numerosos cambios sociales que está viviendo China. Entre ellos destacan la presión familiar por casarse, que lleva a muchas jóvenes a “alquilar novios” para presentárselos a los padres y a apodar “las sobras” a las mujeres solteras de más de 30 años.

Buen conocedor de las tres ciudades, Ambrós traslada al lector a Pekín, Shanghái y Hong Kong para narrar aspectos de su historia tan variados como sorprendentes, como el ya cerrado mercado de insectos de la capital china y la progresiva desaparición de sus hutong (callejones antiguos), la imparable construcción de rascacielos en Shanghái y las abismales diferencias económicas y sociales en la antigua colonia británica. Al haber residido Ambrós en Hong Kong durante la mitad de su corresponsalía asiática, también le dedica un capítulo a la revuelta por la democracia que sacudió a esta ciudad en 2019, que el régimen chino intenta sofocar con draconianas leyes electorales y de seguridad.

En el libro también se cuelan personajes secundarios como los familiares del último emperador y los nietos de Mao y dramas tremebundos como el de una mujer que, para vergüenza de sus vecinos, murió al quedar atrapada cinco semanas en un ascensor. Como no podía ser de otra manera en un libro de reportajes, abundan las malas noticias y las historias trágicas, como la de los huérfanos de los condenados a muerte que nadie quiere adoptar. Pero Ambrós también dirige su mirada, siempre comprensiva, hacia las peculiaridades del país más poblado del mundo y sus 1.400 millones de habitantes, como se aprecia en el capítulo dedicado a los regalos de mentira que las familias ofrecen a sus difuntos para que no les falte de nada en el otro mundo.

La obra es un ameno e instructivo retrato periodístico del país que, para bien y para mal, está cambiando el mundo en que vivimos

Desde la fría oscuridad de la frontera con Corea del Norte hasta las playas tropicales de Hainan, pasando por el “Gran Hermano” que vigila a los uigures de etnia musulmana en la convulsa región de Xinjiang, el recorrido del excorresponsal de La Vanguardia no es solo geográfico. También es histórico y nos descubre algunas joyas arquitectónicas y culturales del pasado colonial de Shanghái y Hong Kong y hasta las huellas que dejó el paso de Hemingway por China. Mención aparte merece el recuerdo de importantes figuras españolas hoy olvidadas, como el magnate de los cines Antonio Ramos Espejo y el arquitecto Abelardo Lafuente, que dejaron su impronta en el fascinante Shanghái de los años 20 del siglo pasado.

Publicado por la Editorial Diëresis, que también nos ha traído los libros de otro veterano corresponsal de La Vanguardia como Tomás Alcoverro, La cara oculta de China es un ameno e instructivo retrato periodístico del país que, para bien y para mal, está cambiando el mundo en que vivimos. 

Pablo M. Díez
Corresponsal de ABC en China

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