Desinformación grave y reiterada

La islamofobia en los medios españoles

¿Qué deben hacer los periodistas para reducir la islamofobia en los medios? Mejor formación, especialización, eliminación de tópicos, cumplimiento de las normas básicas de los libros de estilo, equilibrio en las fuentes (casi todas occidentales), acabar con los calificativos que jamás se aplican a los atentados cuando los cometen personas de otra religión, liquidar estigmas, extremar las precauciones sobre fotografías e imágenes y la comprobación de opiniones y datos y, por último, denuncia permanente de los partidos, políticos e ideologías que se alimentan de la islamofobia para ganar votos.


FELIPE SAHAGÚN*

“El ciberespacio es la madre de todos los tormentos, también de la islamofobia”, afirmaba el 2 de marzo Bárbara Ruiz Bejarano, responsable de relaciones internacionales de la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia y profesora de estudios árabes e islámicos de la Universidad de Alicante, en la presentación del cuarto informe de la asociación desde su nacimiento en 2011.

“El ciberodio representa el 70% de los 546 incidentes analizados en el último informe, correspondiente a 2017”, añadía en un encuentro con periodistas en la Casa Árabe de Madrid. “Se ha disparado de tal modo que es imposible contabilizar caso por caso”.

Con un equipo de solo 20 personas para la recogida de denuncias e incidentes y para el seguimiento de los principales medios escritos y digitales, la Plataforma y sus colaboradores son conscientes de que están solamente ante la punta del iceberg. “Necesitaríamos un ejército solo para seguir los incidentes en las redes”, confesaba. “Aparte de que las víctimas muchas veces ni siquiera se atreven a denunciar”.

Resumen del informe
Ruiz Bejarano resume el informe de 2017 en los siguientes titulares:

  • Creciente sesgo islamófobo de líderes de partidos políticos, sobre todo de extrema derecha y grupos neonazis
  • Goteo permanente de ataques a mezquitas, “con un repunte tremendo tras los atentados de Cataluña”
  • Campañas orquestadas contra la apertura de mezquitas
  • Aumento, sobre todo, de la islamofobia contra mujeres
  • Intensificación del discurso negacionista sobre el legado histórico del islam en España

Entre los avances del último año, Isabel Romero, vicepresidenta de la Plataforma, y Aurora Alí, representante de la misma, destacan la cobertura de las celebraciones del Ramadán, el eco que tuvieron las condenas de los atentados de Barcelona y Cambrils por las comunidades musulmanas y la sociedad civil en su conjunto, la formación de unidades especiales para delitos de odio en varias comunidades autónomas y ciudades, el tratamiento positivo de éxitos o logros de algunos musulmanes y el creciente número de artículos en medios escritos contra la discriminación.

Los aspectos más negativos, según Alí, son “la extranjerización sistemática de dos millones de musulmanes” (la Unión de Comunidades Islámicas de España hablaba a finales de 2017 de alrededor de 1,95 millones) y “el uso oportunista de la islamofobia por los políticos” para ganar votos.

En el Informe sobre la Islamofobia en España 2017 (págs. 18-19) se enumeran otros muchos problemas que vienen denunciándose desde hace muchos años en los principales estudios del tratamiento del islam en los medios dentro y fuera de España, y que las redes han agravado en cantidad e intensidad:

  • La ausencia de fuentes y enlaces que respalden afirmaciones muy graves
  • El exceso de generalizaciones
  • Constante estigmatización en titulares mediante el uso de términos como “segundas” y “terceras generaciones” de inmigrantes de países musulmanes
  • Desconocimiento y omisión de los acuerdos de cooperación del Estado español con la Comisión Islámica Española de 1992

 

Cuadro 1. Casos de islamofobia por comunidad autónoma en 2017, con porcentajes

No hay dos medios iguales ni dos territorios iguales. “Por regla general, la televisión informa peor que los medios escritos” y, por comunidades, “Cataluña sigue estando a la cabeza en casos de islamofobia (51 casos, el 31,8% en 2017), seguida de Andalucía (22 casos, el 13,7%), Comunidad Valenciana (20 casos, el 12,5%) y Madrid (17 casos, el 10,6%)”, se señala en el informe (Cuadro 1 y Gráfico 1).

Sus autores critican la presencia en muchas tertulias de “expertos” sin conocimiento del tema y el tratamiento que se suele hacer del islam después de cada atentado terrorista cometido por algún musulmán.

“Queremos hacer una mención especial al programa de Salvados que emitió La Sexta el 5 de noviembre de 2017 con el título ‘Capital Daesh’”, agregan. “Volvieron las imágenes con decapitaciones y chándales naranjas, un resumen de la campaña propagandística de una banda terrorista a la que tanto el presentador como el primer invitado nombran como Estado Islámico (más de 20 veces, aunque el transcriptor usó Daesh), Califato, Allahu Akbar (que significa Dios es grande, aunque solo se traduzca la mitad), la guerra santa, inexistente en la fe islámica, etcétera”.

La terminología incorrecta se ha convertido en un mal endémico

Junto con la terminología incorrecta, un mal endémico, destacan “una práctica muy extendida como la de regalar la fe islámica a unos terroristas y no a sus cientos de miles de víctimas”, las cuales también son musulmanes.

Desde el Movimiento contra la Intolerancia, que colabora con la Plataforma, Esteban Ibarra ve la islamofobia como “otra forma de racismo con vida propia”, pide al Ministerio del Interior que la incluya en sus informes regulares sobre delitos de odio, considera el ciberespacio un verdadero infierno para este tipo de delitos y aboga por una ley integral contra ellos. “Las grandes plataformas en la red se están esforzando, pero no son eficaces y no podemos seguir confundiendo libertad de expresión con impunidad y libertad de agresión”, añade.

Gráfico 1. Casos de islamofobia por comunidad autónoma en 2017

Ciberodio: 269 denuncias analizadas

Cuadro 2. Denuncias analizadas de casos de islamofobia en las redes sociales

En los casos de ciberodio analizados a partir de 269 denuncias recibidas por redes sociales, el año pasado (ver Cuadro 2), los autores del informe observaban una multiplicación de los “ataques de odio coordinado (AOC)”, que se producen “cuando una sola persona recibe en un periodo breve de tiempo (horas o días seguidos) decenas o centenares de comentarios de odio, ya sean ataques islamófobos, racistas, sexistas, homófobos, etc.”.

Los términos más agresivos de los contenidos estudiados son:

  • Acusaciones de machismo supuestamente intrínseco al islam
  • Deseo de que la persona atacada vuelva “a su país”, aunque haya nacido en España
  • Deseo de que todos los musulmanes vuelvan a sus países, aunque sean españoles
  • Deseo de que la persona se muera, mensaje que a veces va acompañado de imágenes de armas o balas
  • Deseo de que todos los musulmanes se mueran
  • Culpar a la víctima de todo lo que sucede o haya sucedido alguna vez en los países musulmanes o en sus países de origen (lapidaciones, penas de muerte, etc…)
  • Presentar el terrorismo como intrínseco al islam
  • Amenazas aleatorias
  • Insultos humillantes o degradantes
  • Acusaciones de una supuesta islamización de España/Europa
  • Bulos sobre musulmanes queriendo instalar la sharía en Europa
  • Bulos sobre ayudas solo para musulmanes
  • Pasajes manipulados de supuestos textos sagrados sin aportar nunca pruebas: fotos reales de libros reales
  • Calumnias de pedofilia como intrínseca al islam
  • Negación de la islamofobia
  • Discursos propios de la ideología neonazi y supremacista blanca
  • Bulos sobre “muchos refugiados musulmanes” que violan a chicas en el norte de Europa (el país varía según el bulo)
  • Deseos o melancolía de “reconquista”
  • Acusaciones de homofobia como intrínseca al islam
  • “Bromas” sobre explosiones o atropellos
  • Memes con imágenes manipuladas

Libros de estilo
Los periodistas estamos para informar. Con conocimiento, rigor, honestidad, imparcialidad, precisión, equilibrio, datos y testimonios contrastados.

Como todos los seres humanos, los periodistas vemos el mundo con las lentes que nos ha ido poniendo la vida desde que nacemos. La mayoría comparte las actitudes, los temores, los prejuicios y los estereotipos de nuestros padres, amigos, escuelas, iglesias, trabajo, partido, profesores y héroes que admiramos, libros que hemos leído, películas que hemos visto y experiencias vitales que nos han dejado huella. Casi todos somos hijos de nuestra tierra, familia, cultura y tiempo, de lo que oímos, vemos, leemos y vivimos.

El gran reto del buen periodista: cuestionar permanentemente su visión del mundo

El gran reto del buen periodista es cuestionar permanentemente su visión del mundo y luchar cada día por salvarse de sus prejuicios, de sus estereotipos y, cada día más, de las campañas de desinformación, hoy aceleradas e intensificadas por internet y las redes sociales.

Si, como demuestran los principales análisis de contenidos en Europa y en los Estados Unidos, seguimos desinformando de forma grave y reiterada sobre el islam y los musulmanes, lo primero que falla es el conocimiento y cumplimiento de las normas básicas incluidas en los principales libros de estilo de los grandes medios.

En uno de los más prestigiosos, el de la BBC, traducido al español y publicado por la Asociación de la Prensa de Madrid en 2007, se exige “tratar con precisión, exactitud e imparcialidad todas las creencias y prácticas religiosas”, “garantizar que las opiniones y creencias religiosas de un individuo, una religión o una organización o confesión religiosa no sean malinterpretadas, insultadas o discriminadas” y “respetar todas las sensibilidades religiosas al referirse a, o utilizar, nombres, imágenes, deidades, rituales, escrituras o el lenguaje propio de las distintas religiones…” (pág. 133).

En el libro de estilo de El Mundo (edición de 1996) se prohíbe el uso de “expresiones despectivas sobre etnias, religiones o grupos determinados” y se ordena “vigilar de cerca aquellos casos en los que aparentemente una mención no es racista, pero en el contexto resulta serlo”.

“No todo lo que se publica”, admite El Mundo, “es periodismo. El ejercicio de este se distingue no solo por la libertad, sino por una moralidad civil, un sentido de la responsabilidad que no siempre ha reinado en los medios informativos”.

En su Libro del estilo urgente, Efe, la principal agencia de noticias española, enumera los siguientes límites éticos de la información: “el respeto a las minorías y a los discapacitados, el rechazo de la violencia, del racismo y de la discriminación, la protección de los menores, la observancia de los derechos humanos y el pluralismo democrático”, fronteras morales que equipara a la objetividad y la independencia profesional como criterios necesarios en el tratamiento de todas las informaciones (pág. 52).

En un capítulo sobre “cuestiones sensibles”, el Libro de estilo de la prensa canadiense (2004) aconseja a los periodistas citar en sus artículos detalles identitarios delicados como la religión solo cuando sea “verdaderamente pertinente” para la noticia (pág. 19). En la cobertura de casos criminales, propone evitar referencias a la religión, la raza, el partido político, la profesión o la cualificación de la persona “si no tienen una relevancia directa en el caso”.

Se advierte igualmente a los periodistas que se abstengan de presentar a personas como categorías, especialmente tratándose de una religión con más de 1.700 millones de creyentes, como si la responsabilidad penal fuera compartida y no individual. 

Hasta la revisión de 2017, el libro de estilo de la agencia Associated Press, considerado guía esencial para miles de periodistas, no admitió el uso de términos como homofobia, xenofobia e islamofobia, concepto definido por el diccionario Merriam-Webster, el oficial de la Asociación Estadounidense de Psicología, como “el odio irracional de, la aversión a, o la discriminación del islam o de personas que practican el islam”.

No obstante, avisa de que el uso de estas palabras debe limitarse a “acciones observables” y no reflejar presunciones personales sobre los motivos que provocaron tales hechos. Este cambio difícilmente se habría producido sin la avalancha de ataques xenófobos e islamófobos en los meses anteriores tanto en los EE. UU. como en muchos países europeos. De hecho, Dictionary.com declaró “xenofobia” su “palabra del año” 2016, citando la propaganda a favor del brexit y un discurso del expresidente Barack Obama sobre la retórica política de Trump.

La aplicación responsable de las normas deontológicas recogidas por el libro de estilo del diario ABC (págs. 174-181) ayudaría a evitar muchos de los casos detectados en España por la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia y por el Observatorio de la Islamofobia en los Medios, del IEMed y la Fundación Al Fanar, desde que empezó su seguimiento de seis medios españoles (La Vanguardia, El Mundo, La Razón, 20 Minutos, El País y ElDiario.es) en enero de 2017.

Los abusos más reiterados
Aunque la islamofobia, como reconocen los autores de estos informes, es poliédrica, un repaso de los casos permite ordenar en cinco grupos los abusos más reiterados:

  • Estigmatización, ofensas, insultos y calumnias
  • Explotación de miedos, amenazas y falsificación de informaciones
  • Entrevistas y artículos divulgativos de islamofobia
  • Presunta incitación, apoyo y actos de intolerancia, discriminación y violencia
  • Campañas, propaganda, música del odio, agitación en redes y activismo (Informe Anual. Islamofobia en España 2016, pág. 13)

Uno de los estudios más completos, sin precedentes hasta entonces por su exhaustividad, sobre la imagen del mundo musulmán en la prensa española antes de 2011 es el informe publicado por la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo sobre el contenido de seis medios en 2008: El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, El Periódico y La Razón. Estas fueron sus principales conclusiones, basadas en el análisis cualitativo y cuantitativo de casi 10.000 piezas informativas:

De manera categórica y general, no se puede concluir que nos encontremos ante una representación islamófoba de los árabes y musulmanes en la prensa española.

  • Se transmite una imagen negativa y, en cierta medida, estereotipada del mundo árabe y musulmán, pero las diferencias en el tratamiento informativo y, sobre todo, editorial entre unos y otros diarios son tan evidentes que resulta difícil llegar a una conclusión común de este tipo.
  • Si en algunos diarios –La Razón y ABC sobre todo– encontramos un tratamiento orientado a la demonización y el estigma, en otros simplemente estamos ante una selección muy limitada de temas relacionados con este mundo, que al ser generalmente negativos contribuyen a generar una imagen desequilibrada y, con frecuencia, exagerada y falsa.
  • La selección de una agenda informativa muy limitada respecto a los árabes y los musulmanes es una de las características comunes de todos los diarios de referencia españoles.
  • Otros elementos comunes son una imagen predominantemente peyorativa, un espacio muy importante y muy crítico dedicado a la situación de la mujer en el mundo árabe y musulmán, la identificación de ese mundo con el retraso y la opresión, la vinculación del islam con el terrorismo, una visión etnocéntrica y occidentalista y la presentación del islam y de los musulmanes como un ente homogéneo (La imagen del mundo árabe y musulmán en la prensa española, págs. 146-149).

¿Qué podemos y debemos hacer los periodistas para reducir la islamofobia en los medios? Mejor formación, especialización, eliminación de tópicos, cumplimiento de las normas básicas de nuestros libros de estilo, equilibrio en las fuentes (casi todas occidentales), acabar con los calificativos que jamás aplicamos a los atentados cuando los cometen católicos o personas de otra religión no islámica, liquidar estigmas, extremar las precauciones sobre fotografías e imágenes y la comprobación de opiniones y datos, denuncia permanente de los partidos, los políticos y las ideologías que se alimentan de la islamofobia para arañar votos y ganar escaños…

Si en la cobertura de conflictos en el siglo XXI es difícil progresar sin ayuda de las ONG, en la información sobre el islam es imprescindible la cooperación entre los periodistas y los centros de detección y análisis de la islamofobia. Esa cooperación no puede ser esporádica ni voluntarista. Es imprescindible para avanzar.

El caso estadounidense
Con menos de 3,5 millones de musulmanes a comienzos de 2018 (Pew Research) y un nivel de renta y educativo relativamente más elevado que el de las demás minorías y de los musulmanes en Europa, el desafío de la islamofobia en los Estados Unidos, tanto en los medios como en los tribunales, presenta algunos rasgos comunes y otros notablemente diferentes a los de Europa.

Según el FBI, solo un 21% de unos 15.000 delitos de odio catalogados en el país en 2016 estuvieron inspirados por motivos religiosos; casi un 54% de las víctimas fueron judías, y menos de una cuarta parte, musulmanas. Las víctimas de los casi 3.500 delitos motivados por la raza, la etnia o el origen, según el FBI, fueron negras (50,2%), blancas (20,5%), latinas (10,9%), indias aborígenes (3,8%), asiáticas (3,3%) y árabes (1,3%).

Imprescindible cooperación entre periodistas y centros de detección de islamofobia

Las cifras son engañosas. En su serie sobre periodismo y terrorismo con Democracy Fund Voice, el Centro Tow de Periodismo Digital de la Universidad de Columbia, en Nueva York, ha comprobado un aumento significativo de los mensajes islamófobos y antimusulmanes en Google, Twitter y Facebook, y un escasísimo número de denuncias ante los tribunales y las fuerzas de seguridad y en los medios de comunicación.

“Ello indica que la mayor parte de los musulmanes estadounidenses no se siente cómoda a la hora de compartir sus problemas con el FBI y otras instituciones…. y que los grandes servidores de internet deben mejorar mucho sus propias directrices, que prohíben cualquier contenido que promueva el odio contra un grupo particular”, concluye el Tow en uno de sus últimos informes.

Es difícil encontrar ejemplos más flagrantes de delitos de odio y de islamofobia que los asesinatos del imán Maulana Akonjee y de su ayudante Thara Uddin junto a su mezquita de Queens, Nueva York, el 13 de agosto de 2016. A pesar del excelente trabajo del New York Times y de otros medios sobre el caso, ni el fiscal ni el juez lo admitieron.

“En 2015 se produjo un ataque motivado por islamofobia en los Estados Unidos cada 48 horas y, según Think Progress, en los primeros ocho meses de 2016 –contando los asesinatos de Queens y el del joven Khalid Jabara por un vecino en Tulsa, Oklahoma, a mediados de agosto de ese año–, uno casi cada 13 horas”, concluye el equipo de Bridge Initiative, de la Universidad de Georgetown, pionero en los estudios de islamofobia en los Estados Unidos y en Europa.

Reforzamiento de la islamofobia tanto en Europa como en los Estados Unidos

En sus numerosas publicaciones desde 2015, los investigadores de Bridge han detectado un reforzamiento de la islamofobia tanto en Europa como en los Estados Unidos, impulsada por el avance de la extrema derecha en 17 países europeos en los últimos cinco años y por la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos.

Tesis doctorales de Alanazi y Nicholson
Los anuarios de la Plataforma y los informes del Observatorio en su primer año de vida han venido a confirmar tendencias señaladas tiempo atrás en tesis doctorales como la de Abdullah M. N. Alanazi sobre El País, defendida en la Universidad de Málaga en 2015, y la de Megan Nicholson sobre la prensa canadiense, presentada en 2011 en la Universidad de Guelph.

Según el exhaustivo estudio de Alanazi sobre El País, el diario de información general de mayor tirada en España, el 90% de las fuentes utilizadas en su información sobre el islam y los musulmanes son occidentales y solo un 4% de los términos islámicos o araboislámicos que utiliza aparece en contextos positivos (el 51% tiene un sesgo neutro y un 45% negativo) (pág. 588).

Aparte del sesgo, la mayor parte de las referencias se limita a seis temas recurrentes: el terrorismo de origen supuestamente islamista, la mujer musulmana, los continuos conflictos y enfrentamientos armados entre grupos, etnias o Estados islámicos, el supuesto odio y rencor de los musulmanes hacia el mundo occidental que les aboca supuestamente a una yihad violenta contra Occidente, la incompatibilidad entre islam y democracia, entre islam y modernidad, y la incapacidad de los musulmanes para integrarse, en grupo e individualmente, en las sociedades occidentales (págs. 585-586).

En su investigación doctoral, Nicholson demostró que la imagen dominante de los musulmanes canadienses en los medios está vinculada al terrorismo, la delincuencia, violaciones de los derechos humanos, la inmigración ilegal y la amenaza que supuestamente representan para los valores sociales de los canadienses (pág. 152), pero encontró también muchas más referencias positivas de las que aparecen en estudios similares realizados en los EE. UU., el Reino Unido y otros países europeos.

La hostilidad hacia los musulmanes va de la mano de un profundo desconocimiento del islam

Una ojeada a las encuestas del Pew Research, Gallup, YouGov y otras desde 2011 permite observar que más de la mitad de los estadounidenses tiene una opinión “algo o muy desfavorable del islam” y que la hostilidad hacia los musulmanes va de la mano de un profundo desconocimiento del islam y de los musulmanes dentro y fuera de los EE. UU. Siete de cada diez nunca han tenido relación con un musulmán, nueve de cada diez jamás han entrado en una mezquita, cuatro de cada diez se mostraron a favor de la descabellada idea de Trump de un registro nacional de musulmanes y, todavía en 2015, tras siete años con Obama de presidente, tres de cada diez daban crédito a la reiterada patraña de Trump de que es musulmán.

La ignorancia, la importancia decreciente de la prensa de prestigio en la opinión de los ciudadanos, la influencia de cadenas de televisión como Fox, impulsora destacada de las peores fobias, la fragmentación de la opinión pública a causa de la digitalización acelerada de la información y las campañas masivas de los partidos y de los dirigentes populistas para desacreditar a los medios responsables que denuncian los abusos más graves explican en gran medida el aumento de la islamofobia, especialmente tras cada gran atentado, cuando los ánimos son más propensos a aceptar la manipulación y la propaganda.

Poco importa, como indica el Center for Investigative Reporting en su estudio de los 201 atentados terroristas más importantes cometidos en los EE. UU. entre 2008 y 2016, que 115 de ellos fuesen obra de extremistas de derechas, supremacistas blancos con frecuencia, y poco más de la mitad (63) de personas o grupos vinculados directa o indirectamente a Al Qaeda o al Estado Islámico. Tampoco parece importar mucho que el 76% de los casos con participación de musulmanes fueron abortados antes de cometerse, mientras que solo se frustró un 35% de los atentados de extremistas de derechas.

La distorsión de la amenaza terrorista
La identificación del terrorismo y de los terroristas con el islam y con los musulmanes, una de las más graves y más extendidas manifestaciones de islamofobia tanto en los EE. UU. como en Europa, no se sostiene.

Como se señala en el primer Anuario del Terrorismo Yihadista editado en España (primera publicación del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo), en 2017 se cometieron en el mundo 1.459 atentados con ese origen en 42 países, pero uno de cada tres tuvo lugar en Irak y dos de cada tres en ocho países, casi todos de mayoría musulmana, ninguno de ellos occidental.

En cuanto a víctimas mortales, el 93% de las 13.634 contabilizadas fueron asesinadas por cuatro grupos terroristas (Daesh y filiales, Talibán, Boko Haram y Al Shabab) y el 98% en ocho países: Irak, Afganistán, Siria, Somalia, Nigeria, Egipto, Pakistán y Mali.

Con estos datos, resulta difícil justificar el llamado “terrorismo yihadista” como una de las dos o tres grandes amenazas para la seguridad internacional en que los EE. UU. y las grandes potencias europeas lo han convertido desde los atentados del 11-S. Sin embargo, así es como aparece reflejado todavía en los informes anuales de riesgo internacional de los grandes think tanks [laboratorio de ideas]. Es inevitable, por ello, atribuirlo a intereses políticos, electorales, económicos o estratégicos que poco o nada tienen ver con la realidad ni con la verdad de la amenaza, pero esta es otra historia.

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