Carta a los lectores

Periodismo de sucesos, una gran responsabilidad

David Corral

El tema de portada de este número de Cuadernos de Periodistas –“Periodismo de sucesos”– se desarrolla ampliamente en sus páginas con cuatro artículos titulados “Reporteros de sucesos, especie en peligro de extinción”, “La responsabilidad del periodismo frente al circo mediático”, “Informar sobre el suicidio: rigor, respeto y responsabilidad” y “Frente a los juicios paralelos, información y rigor”.

Desde estas cuatro perspectivas, Cuadernos de Periodistas afronta uno de los asuntos periodísticos más complejos y de una gran trascendencia social, lo que conlleva, por tanto, una gran responsabilidad por parte de los periodistas. Estos enfoques pretenden aportar luz, análisis y criterios éticos a todos los profesionales del periodismo que, día a día, tienen entre sus manos y en sus pantallas noticias de sucesos, en cualquier tipo de medio, ya sea escrito, digital, radiado o televisado. 

Cuadernos parte de la base de que es necesario informar sobre los sucesos –hay opiniones contrarias, sobre todo en lo relativo a asesinatos y suicidios–, pero considera que lo importante en este tema no es informar, sino cómo se informa de los sucesos. Este tipo de información es el más antiguo del mundo, me recordó en una ocasión mi amigo periodista Arsenio Escolar, colaborador habitual de la revista, pues empezó con la narración en el Génesis del asesinato de Caín a Abel. Desde entonces, la información de sucesos ha ido a más y a más y a “muuucho” más…; y, en este momento, llega a inundar redacciones, noticiarios, platós, tertulias, debates, etc., marginando, en algunos casos, las más elementales normas deontológicas.

Los cuatro párrafos que siguen corresponden a otros tantos de los cuatro artículos mencionados. Creo que su reproducción puede animar a los lectores de Cuadernos de Periodistas a interesarse por el texto completo de cada autor.

Manuel Marlasca, en su artículo “Reportero de sucesos, especie en peligro de extinción”, sostiene que “las redes sociales son, salvo excepciones, vertederos de hiel y de odio. En este terreno, los periodistas de sucesos no salimos peor parados que cualquier otro compañero: si nosotros somos carroñeros, los de deportes son asalariados de tal o cual presidente de club de fútbol, los de economía son vendidos al IBEX y los de nacional son terroristas de la información al servicio del partido que quede más lejos de las simpatías del tuitero de turno. No dedicaré más espacio a este frente, salvo para dar un consejo a los que se incorporen a una sección de sucesos: trabajen al margen de lo que lean en las redes sociales y, si es posible, ignórenlas por completo”.

En “La responsabilidad del periodismo frente al circo mediático”, Emelina Fernández Soriano asegura que “el tratamiento informativo que tuvo el caso de El Salobral en magacines de las televisiones privadas vulneró las leyes del Menor y de la Violencia de Género, porque se difundieron datos de la identidad e imágenes de la víctima, además de que se emitieron rumores y conjeturas sobre la vida de los familiares de la joven asesinada y se recogieron testimonios tan espeluznantes como el de un familiar del asesino que llegó a justificar que ‘la había matado porque la quería mucho’”.

Gabriel González Ortiz señala en su artículo “Informar sobre el suicidio: rigor, respeto y responsabilidad” que “dos meses después, todavía, que yo sepa, no hay una confirmación oficial de la naturaleza de la muerte de Blanca Fernández Ochoa. De lo que sí hay constatación es de que en aquella cobertura (no todos los medios, desde luego) se cruzaron todas las líneas rojas que la Organización Mundial de la Salud marca a los medios de comunicación cuando tratemos el suicidio. Todas. No solo no se apagaron los focos a tiempo, sino que faltó respeto, faltó rigor y faltó responsabilidad”.

“Los profesionales de la información”, escribe Carmen de Riego en su artículo “Frente a los juicios paralelos, información y rigor”, “lo que deben tener en cuenta es que, siendo secretas las actuaciones judiciales, cuando tienen acceso a alguna de ellas, puede haber detrás intereses de alguna de las partes que jueguen en favor suyo, y no en favor del derecho a la información. Dependiendo de las condiciones en las que se divulgue, puede dar lugar a una información interesada y, por lo tanto, sesgada, y suponer finalmente una manipulación de lo que de verdad se está investigando. Es durante esta fase del proceso, el de la instrucción, el de la investigación, cuando se pueden dar los juicios paralelos”.

El contenido de Cuadernos de Periodistas se completa con otros siete artículos y las secciones fijas –Buena Prensa, Tribunales y Tendencias–, escritas por Josu Mezo, Teodoro G. Ballesteros e Ismael Nafría, respectivamente. En esta ocasión, las secciones fijas se amplían con una interesante novedad: el Consultorio Deontológico. Fernando González Urbaneja, responde, entre otras, a la pregunta “¿Cuáles son los límites éticos a la hora de informar sobre una persona que se ha suicidado?, relacionada con el tema de portada de este número. 

Los artículos de Xose Martín –“Los muros de pago en la prensa española, un escenario aún en construcción”– y de José Antonio González Alba –“Los emergentes nativos digitales en América Latina: control al poder, verificación, derechos humanos y diversificación del negocio”– analizan y ofrecen datos sobre la marcha e implantación del nuevo modelo económico y de gestión que se está configurando, con más o menos éxito, en los medios de comunicación digitales en español y que afecta de lleno al futuro y a la buena salud de la profesión periodística. 

“Periodismo y publicidad, un matrimonio mal avenido que durará toda la vida”, escrito por Manuel López, no les dejará indiferentes, ni mucho menos; lo mismo que el tema que trata Manuel Moreno, titulado “La influencia de las críticas en Twitter en la labor informativa del periodista”. Son dos artículos actuales y calientes. 

También tienen un interés especial –el robot y la realidad virtual ya tienen espacio en la profesión– los artículos que firman Juan Carlos F. Galindo y Patricia Alonso, los cuales se titulan, respectivamente, “Inteligencia artificial y medios: renovarse o morir” y “(i)Realidad virtual en la era de la desinformación”. 

En las páginas de este número también aparece el destacado periodista político estadounidense Jacob Weisberg, con un artículo titulado “¿Puede la democracia sobrevivir a la crisis de los medios?”. En él se retrata la situación de hoy de los medios de comunicación en Estados Unidos. Cuatro frases de su texto: “Aún es demasiado pronto para afirmar que ha pasado la crisis del periodismo”. “Los nocivos insultos de Trump hacia los medios de comunicación han tenido el efecto perverso de provocar audiencias que estén más dispuestas a pagar por el periodismo”. “En 2018, un estudio de Gallup y la Fundación Knight concluyó que el 69% de los estadounidenses había perdido la confianza en los medios en comparación con la década anterior”. “Según Fortune, las únicas profesiones que están perdiendo puestos de trabajo más rápidamente que los reporteros de periódicos son los carteros, los granjeros y el personal que lee contadores”.

 

Director de Cuadernos de Periodistas

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