13/07/2026

El impacto de la precariedad en el periodismo internacional

El corresponsal en la era de la inmediatez

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Escrito por Lidia Fernández

Nunca fue tan necesario contar el mundo con rigor y contexto y nunca fue tan difícil sostener las condiciones materiales para hacerlo. La digitalización impulsó a los medios a priorizar la inmediatez y la producción continua de contenidos para plataformas online, modificando el perfil del corresponsal hacia uno más polivalente y orientado a múltiples formatos. El corresponsal ha pasado a ser un "hombre orquesta". Asimismo, el corresponsal freelance sigue proliferando en los medios.

 

* LIDIA FERNÁNDEZ

Nueva York, 11 de septiembre de 2001, 09:00 horas de la mañana. En España, a las 15:00 horas. Comienza el informativo:

- Matías Prats: Al parecer una avioneta se ha estrellado contra las conocidas Torres Gemelas de New York. Tenemos que ponernos en contacto con nuestro corresponsal en Estados Unidos. Ricardo, ¿qué sabemos?

- Ricardo Ortega: Hola, buenas tardes. Se acaba de producir hace unos minutos. Una avioneta parece que se ha estrellado contra una de las Torres Gemelas, en el tramo del piso 80 al 107. Son las torres más altas del mundo. Puedo ver en estos momentos cómo está la cúpula de la torre absolutamente envuelta en humo. Hasta ahora se desconoce si ha sido un accidente o un acto terrorista.

A las 15:03 hora española, un segundo avión impacta contra la otra torre.

El resto de la secuencia es historia de nuestro tiempo. Movió el tablero político internacional y reconfiguró la sensibilidad televisiva del espectador sobre las retransmisiones en directo.

Después vino la guerra en Afganistán, Irak, la segunda intifada entre Israel y grupos palestinos, el Líbano, el Congo, la segunda guerra de Chechenia… En todos estos lugares hubo personas que arriesgaron sus vidas para contarnos qué pasaba. Fue gracias a esos corresponsales que el mundo informativo siguió girando. Entonces, la tecnología era neófita. Pocos teníamos dispositivos móviles y la televisión digital terrestre andaba en pañales. La presencia de esos compañeros construía en nuestra sociedad una realidad a cientos de kilómetros de nuestras vidas. Eran nuestra fuente primaria de información, y pocos dudaban de lo que contaban, porque eran ellos los que estaban allí.

Entonces, el corresponsal internacional tenía peso en las redacciones, pero también fuera de ellas. Era el profesional que vivía en el país desde donde informaba, acumulaba contexto, estrechaba relaciones sociales y ofrecía una mirada propia sobre el lugar. Era “nuestra persona de fiar” allí, en el lugar que fuera.

Tras la crisis de 2008 y el despliegue de las nuevas tecnologías digitales, nuestro trabajo (el de los periodistas) ha ido transformándose de lo analógico a lo digital; de lo continuo a lo instantáneo; desde la emisión de información hasta un sistema de negocio que, cada vez, se ha ido acercando más a un modelo empresarial en detrimento del modelo informativo. La generalización de internet de alta velocidad, las comunicaciones móviles y las herramientas de edición remota permitían enviar crónicas, imágenes y vídeos en tiempo real sin necesidad de grandes infraestructuras técnicas. Esto posibilitaba que una sola persona “solucionase” el trabajo de tres: periodista, producción y cámara.

Redujo costes operativos sí, pero también calidad. Los pequeños medios y las grandes empresas de información redujeron equipos, recortaron sueldos, compraron en masa tecnología y el foco de la información pasó de la noticia a la inmediatez.

De la noticia a la inmediatez

La digitalización impulsó a los medios a priorizar la inmediatez y la producción continua de contenidos para plataformas online, modificando el perfil del corresponsal hacia uno más polivalente y orientado a múltiples formatos. El corresponsal pasaba a ser el “hombre orquesta”, que tenía que saber de medios técnicos, de información, de producción y economía, porque su trabajo pasó de emitir información a emitir facturas a unos y otros medios. El corresponsal freelance empezaba a proliferar en los medios.

La responsabilidad del corresponsal ha pasado de “traducir” de un lugar de origen a uno de destino a desmentir casi a diario

Esta misma evolución tecnológica reforzó la dependencia de agencias y fuentes digitales, disminuyendo la presencia física permanente sobre el terreno y aumentando la precarización laboral.

Manuel Castells lo explica en su modelo de “comunicación en red”. El periodismo ha pasado de un modelo centralizado y jerarquizado a uno de comunicación en red, donde la información circula entre múltiples nodos y actores. La digitalización ha generado lo que él denomina una “autocomunicación de masas”, en la que cualquier individuo o actor social puede producir y difundir información a gran escala sin depender de los medios tradicionales. Este cambio ha debilitado el papel de los medios como intermediarios exclusivos de la información. La lógica del periodismo se ha visto desplazada hacia la inmediatez y la actualización constante, lo que ha reducido el peso de los ciclos informativos tradicionales. Esta transformación ha provocado una mayor fragmentación de la audiencia, que consume información de forma masiva y personalizada, convirtiéndolo en un sujeto sobreexpuesto a recibir noticias.

En esa inmediatez de “sobreinformación” y expansión del entorno digital, la realidad no solo pierde contexto, además se ha incrementado de forma notable la circulación de desinformación. Un fenómeno contra el que luchamos los profesionales de la información cada día. Ahora, el corresponsal se encuentra en la responsabilidad de aportar información veraz con doble trabajo de verificación: lo que ve por sus propios ojos y lo que le llega a través de distintas redes sociales. La responsabilidad del corresponsal ha pasado de “traducir” de un lugar de origen a uno de destino a desmentir, casi, a diario.

Mientras, las empresas de comunicación se han visto envueltas en una profunda reestructuración de modelo empresarial que ha afectado a todas las áreas: publicidad, marketing, canales de distribución, relaciones públicas, producción, edición, redacción, etc. El modelo tradicional basado en redes estables de periodistas en plantilla ha ido reduciéndose hasta un modelo de rotación constante, marcado por recortes y externalización; siendo el área de internacional la que más músculo ha ido perdiendo en las redacciones. El corresponsal extranjero, considerado durante décadas un elemento clave de prestigio e influencia informativa, ha pasado a ser un actor eventual en las escaletas de guion, a veces reemplazable por unas “colas”. Es una figura centrada en cubrir acontecimientos tales como elecciones, cumbres, grandes eventos deportivos, etc.; pero que cuesta (tanto económicamente como en tiempo del informativo) que entre en los noticiarios cada día.

A partir de la crisis económica de 2008, numerosos medios comenzaron a cerrar delegaciones internacionales para reducir costes fijos. Esta reestructuración se tradujo en una disminución del peso de los corresponsales propios y un aumento del uso de colaboradores y agencias. En paralelo, el cierre de corresponsalías y la reducción de plantillas se consolidaron como una tendencia general del sector, vinculada tanto a la crisis financiera como a la digitalización, que ha permitido obtener información internacional de forma más barata y ha debilitado el modelo clásico de presencia permanente sobre el terreno. El resultado es un sistema híbrido en el que los grandes medios mantienen menos corresponsales fijos y dependen en mayor medida de redes globales, freelances y agencias, con un impacto directo en las condiciones laborales y en la cobertura internacional.

En el caso español, a día de hoy, solo Radio Televisión Española y la Agencia EFE siguen manteniendo una red más o menos estable de corresponsales propios. Grandes cabeceras, como El Mundo, El País, La Vanguardia u otros, redujeron sus plantillas de corresponsales en el terreno al mínimo, o invitaron de una manera u otra a que sus corresponsales pasaran de ser “de la casa” al modelo freelance; o directamente a ser enviados especiales, cerrando totalmente decenas de corresponsalías en el mundo. En cuanto a las televisiones privadas: Atresmedia solo conserva tres corresponsalías de “la casa”, mientras que el Grupo Mediaset no conserva ninguna. En el resto de medios autonómicos (radio, televisión y prensa), el 100% son corresponsales freelances. Algo desolador para el sector. Los medios no solo pierden profesionales del área de internacional, también dejan de hacer una cobertura íntegra y una mirada única del lugar.

'Freelance' frente a enviado especial, frente a local

En el periodismo internacional actual, conviven dos figuras con lógicas profesionales y económicas claramente distintas: el corresponsal freelance y el enviado especial. El primero trabaja de forma autónoma y sin vinculación estable con un medio, lo que implica que su actividad depende de encargos puntuales, con tarifas por pieza o acuerdos temporales. Su modelo económico está marcado por la inestabilidad a bajo coste: asume los costes de su presencia en el terreno (desplazamientos, alojamiento, equipos), y solo obtiene ingresos si logra vender sus informaciones a uno o varios medios. Esta independencia nos permite a los corresponsales mayor flexibilidad y continuidad en la cobertura de una región, pero también nos expone a una fuerte precarización y a una dependencia del mercado de noticias.

El enviado especial, en cambio, forma parte de la plantilla de un medio o es desplazado de forma temporal con todos los gastos, o casi todos, cubiertos por la empresa. Su modelo económico es salarial o con dietas asignadas, lo que le garantiza estabilidad durante el periodo de cobertura. Su trabajo suele estar centrado en acontecimientos concretos (elecciones, conflictos, cumbres internacionales) con plazos definidos, tras los cuales regresa a su redacción de origen. A diferencia del freelance, el enviado especial opera dentro de una estructura editorial más jerarquizada, con mayor respaldo logístico, acceso a recursos técnicos y una línea informativa definida por el medio.

En términos de funcionamiento, la diferencia también es sustancial: mientras los freelances construimos nuestra agenda informativa desde el terreno y buscamos “colocar” historias en distintos medios, el enviado especial trabaja bajo encargos directos, con objetivos informativos previamente establecidos.

Hoy se depende más de agencias internacionales que distribuyen noticias “a gran escala” a un grupo de países

Por su parte, el informador local trabaja para audiencias extranjeras cuyo contexto mediático, político y cultural no conoce en profundidad. Estos colaboradores locales suelen estar insertos en su propio entorno nacional, lo que les da ventaja en el acceso a las fuentes, pero al mismo tiempo no siempre tienen un conocimiento directo del sistema mediático, las expectativas editoriales, los códigos informativos o el contexto del país para el que producen contenidos. Esto genera una tensión profesional: por un lado, el informador local aporta conocimiento del terreno, acceso a fuentes y comprensión del contexto inmediato; por otro, existe un desajuste cultural y editorial, ya que la narrativa que espera el medio extranjero no siempre coincide con la forma en que el informador local interpreta o prioriza los hechos

Ante esto, es inevitable preguntarse: ¿se está perdiendo profundidad informativa? Con menos presencia de corresponsales internacionales en el terreno, se depende más de agencias internacionales que distribuyen noticias “a gran escala” a un grupo de países, sin diferenciar contexto, actualidad, política o historia del país que recibe esa información. Esto se traduce a una uniformidad de la cobertura global sin distinción alguna, algo que va en detrimento de la propia actualidad nacional, ya que desconoce los hechos relacionados que pueden interferir en su propia agenda setting.

Corresponsal 'freelance'

“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona, se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Lo decía Ryszard Kapuccinski, periodista e historiador, y lo subrayó en su libro Los cínicos no sirven para este oficio, que escribió en Polonia, el lugar desde donde yo escribo este artículo.

Ejercer, los seres humanos, comprender, las intenciones, la fe, los intereses, las dificultades y las tragedias, son los pilares sobre los que nosotros, los corresponsales, cimentamos nuestras crónicas, nuestras noticias y nuestros reportajes. No basta con que llegue la información, hay que “traducir”. Y para transformar un hecho en noticia, hay que conocer el contexto, la intrahistoria…, hay que mirar de frente y estar presente. Un acto imposible para la inteligencia artificial.

Estar presente es el primero de los actos más arduos a los que nos enfrentamos los corresponsales freelances. La paradoja es evidente: nunca fue tan necesario contar el mundo con rigor y contexto, y nunca fue tan difícil sostener las condiciones materiales para hacerlo.

Son muchos los corresponsales que, por desgracia, haciendo su trabajo, han sido asesinados mientras solo portaban un micrófono, un lápiz, una libreta, un chaleco y un casco

El corresponsal internacional reside permanentemente en el lugar desde el que informa, mantiene relaciones sociales de las que se alimentan sus crónicas, conoce la política y la historia del país. Investiga cada día nuevos acontecimientos. Trabaja sobre dos agendas: la del país de origen y la del país de destino. Y economiza sus recursos para poder llegar al mercado de noticias. Invierte tiempo, trabajo y energía en buscar historias, estar al tanto de la actualidad día a día, para luego intentar encajarlo en escaletas que desconoce de primera mano. Trabaja siempre sobre terreno inseguro.

La posición del corresponsal se está viendo debilitada dentro de las redacciones por varios factores estructurales del sistema mediático: la competencia por las audiencias, el peso de otras secciones en los informativos y la transformación empresarial de los medios.

La presión por atraer audiencia ha favorecido contenidos de consumo rápido, menor coste y alta rotación. La información internacional, que requiere tiempo, contexto y presencia sobre el terreno, ha perdido peso relativo frente a contenidos más inmediatos. Esto reduce la demanda de piezas elaboradas por corresponsales independientes. Secciones como “Sociedad” han ganado espacio en parrillas y portadas; contar la historia a pie de calle ha ido urgiendo en las escaletas, una permutación que ha ido acompañada por el cambio de nuestra sociedad. La historia personal tensa, el relato mantiene activa a la audiencia y, económicamente, atrae más publicidad a costes bajos. Este desplazamiento ha limitado la presencia de información internacional y, con ello, las oportunidades de trabajo para corresponsales freelances, que dependemos de la compra puntual de piezas por parte de los medios. El otro gran factor ha sido la transformación empresarial de los medios hacia un modelo más de negocio, que ha tenido efectos directos y demoledores sobre los corresponsales freelances.

En este espacio, los corresponsales extranjeros nos encontramos en la tesitura diaria de “colocar” nuestras historias adelantándonos a los acontecimientos que fluyen e influyen en el mundo entero, pero con la lucha diaria de explicar por qué es importante que esa noticia entre en el informativo, en el artículo o en la crónica de radio. Y lo hacemos a bajo coste para las empresas que nos compran, mientras nosotros asumimos grandes pérdidas: en transporte, manutención, viajes, etc.

Según los últimos datos publicados por diferentes sindicatos, de media, un corresponsal freelance cobra unos 70 euros por una crónica de prensa; unos 40 euros por crónica de radio; unos 200 euros por un falso de televisión; 300 euros por un directo; y 400 euros por pieza de reportaje. Precios insuficientes para la inversión del corresponsal freelance que asume todos los gastos: IVA, IRPF, seguros, transporte, seguridad social, mantenimiento de equipos, etc., y cualquier imprevisto relacionado con el buen desarrollo de su trabajo.

Guerras y conflictos

Dice el periodista Juan Tortosa que: “No hay poesía en la cobertura periodística de una guerra, ni componente romántico alguno”.

El periodista que cubre guerras y conflictos desarrolla su trabajo en un entorno marcado por la inestabilidad, el riesgo físico y la complejidad informativa. Opera en contextos donde las condiciones de seguridad son cambiantes, con acceso limitado a infraestructuras básicas, restricciones de movimiento y una alta exposición a situaciones de violencia. Son muchos, por desgracia, los que, haciendo su trabajo, han sido asesinados mientras solo portaban un micrófono, un lápiz, una libreta, un chaleco y un casco que, en la mayoría de los casos, eran prestados por asociaciones periodísticas.

Además de las vicisitudes personales, la forma de trabajar del corresponsal de guerra está condicionada: debe desplazarse constantemente, verificar información en escenarios donde abundan la propaganda y la desinformación, y producir contenidos con rapidez, pese a las dificultades técnicas y logísticas. En este proceso resulta fundamental la figura del fixer, un colaborador local que facilita contactos, traducción, acceso al terreno y lectura del contexto; la fiabilidad de este intermediario es clave, ya que de ella dependen tanto la seguridad como la calidad de la información obtenida. Una figura que también tiene que costearse el corresponsal freelance.

En el plano laboral, especialmente para los freelances, han de costearse seguros caros para protegerse ante posibles incidentes, deben anticipar costes y asumir altos riesgos económicos, además de los personales. Y todo, sin garantías de publicación. Los medios, por su parte, tienden a priorizar contenidos de alto impacto inmediato, que influye en qué historias se compran y cómo se cubren. A estos factores se suman desafíos constantes: dificultades para contrastar fuentes, barreras culturales y lingüísticas, presión temporal y la necesidad de mantener criterios profesionales en entornos hostiles. Todo ello configura un ejercicio periodístico que exige autonomía, capacidad de adaptación y una gestión permanente del riesgo en condiciones estructuralmente precarias. Si no hubiese corresponsales en Gaza, Ucrania, el Líbano, Israel y en tantos otros lugares donde los compañeros se dejan literalmente la piel, no sabríamos qué ocurre allí.

Información internacional

Cumpliendo con nuestra función social como periodistas, la información internacional ocupa un papel central en el ecosistema mediático contemporáneo, porque permite interpretar fenómenos que, en un contexto globalizado, trascienden las fronteras nacionales y afectan de forma interconectada a economías, sociedades y sistemas políticos.

En un mundo donde las decisiones financieras, las crisis humanitarias, los conflictos armados o las transformaciones tecnológicas tienen repercusiones transnacionales, la cobertura exterior funciona como un mecanismo de contextualización que ayuda a comprender relaciones de causa y efecto que no siempre son visibles desde una perspectiva local. Sin embargo, su presencia en los medios ha tendido a disminuir en las últimas décadas, debido a la presión por la inmediatez, la competencia por la audiencia y la reducción de recursos destinados a corresponsalías y reportajes en profundidad.

Este desplazamiento tiene implicaciones relevantes en nuestro mundo actual. Por un lado, la reducción de la cobertura internacional limita la capacidad de las audiencias para formarse una visión estructurada de los procesos globales, lo que puede favorecer lecturas fragmentadas o simplificadas de la realidad. Por otro lado, la dependencia creciente de agencias de noticias y de contenidos estandarizados reduce la diversidad de enfoques y la proximidad al terreno, elementos esenciales para captar matices culturales, políticos y sociales. En este contexto, la información internacional no solo cumple una función informativa, sino también educativa y democrática, al ampliar el marco de referencia de los ciudadanos y permitir una comprensión más completa de fenómenos que, aunque ocurran lejos geográficamente, tienen efectos directos en la vida cotidiana en áreas como la economía, la política, la seguridad o el medio ambiente.

Los 'freelances' deben costearse seguros caros para protegerse ante posibles incidentes, anticipar costes y asumir altos riesgos económicos, además de los personales. Y todo, sin garantías de publicación

En definitiva, en un sistema global interdependiente, la cobertura internacional no es un ámbito accesorio atento a rellenar telediarios, sino un componente estructural del periodismo que contribuye a construir una ciudadanía informada capaz de interpretar un entorno cada vez más complejo y conectado.

Ricardo Ortega murió tres años después de aquella crónica del 11 de septiembre, en 2004, asesinado en Puerto Príncipe por disparos en plena calle mientras cubría la crisis política que culminó con la caída del presidente Jean-Bertrand Aristide en Haití. Luis Espinal Camps en 1980, detenido por paramilitares en La Paz (Bolivia) fue torturado toda una noche hasta que, a la mañana siguiente, fue tiroteado a quemarropa. Juan Antonio Rodríguez Moreno perecía en Panamá, abatido a tiros por una tanqueta del Ejército. Jordi Pujol Puente se iba de este mundo en mayo de 1992 mientras cubría la Guerra de Bosnia a causa del estallido de una granada de mortero. Cinco años después, en 1997, se iba Luis Valtueña asesinado en Ruanda de un disparo en la cabeza por guerrilleros. Miguel Gil Moreno de Mora, en el año 2000, falleció en Sierra Leona cuando su convoy fue alcanzado por disparos de la guerrilla. Julio Fuentes Serrano moría en 2001 en Afganistán, en una emboscada que hicieron al convoy donde viajaba. Julio Anguita Parrado fue asesinado en 2003, en la Guerra de Irak, cuando un misil estalló en medio del centro de operaciones tácticas. José Couso Permuy, también en 2003, falleció en Bagdad cuando un proyectil cayó en el hotel en el que se encontraba. David Beriain y Roberto Fraile fueron asesinados en 2021 en una emboscada en Burkina Faso mientras grababan un reportaje.

Por el trabajo y dedicación de todos ellos, muchos elegimos esta profesión. Ellos nos enseñaron a hacer corresponsalía internacional y en ellos está nuestra mente cuando salimos a la calle a informar. Sus reportajes, crónicas y noticias se colaron en nuestras televisiones, emisoras de radio y portadas de periódicos.

Que no se olviden sus nombres. Este artículo va para todos ellos.

 

Referencias

 

Pie de foto: imagen de Hosny Salah

 

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