13/07/2026

Misma asimetría en la guerra militar y en la informativa

La trampa (militar e informativa) de Trump en Irán

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Escrito por Felipe Sahagún

En las guerras, donde casi nadie dice la verdad, el reto principal de los periodistas es decodificar y depurar los mensajes oficiales, y contrastarlos con la realidad sobre el terreno. Si la guerra militar ha sido muy asimétrica, con una superioridad absoluta de EE. UU. e Israel en armas que no han podido doblegar al adversario a pesar del uso masivo de la inteligencia artificial, la asimetría de la guerra informativa ha sido igual o más profunda.

 

* FELIPE SAHAGÚN

Desde que comenzó la guerra de Irán, el pasado 28 de febrero, John Cookson, en su newsletter semanal para el Atlantic Council, con ayuda de dos expertos distintos en seguridad internacional en cada análisis, ha ido respondiendo a algunas de las preguntas decisivas sobre este conflicto. Se indican por orden cronológico.

¿Habrá ofensiva terrestre? ¿Cuál es la estrategia de Donad Trump? ¿Qué se necesita para reabrir el estrecho de Ormuz? ¿Qué lecciones hemos aprendido en las primeras semanas? ¿Dará resultado la escalada de Trump para desescalar y poner fin a la operación militar?

¿Cuáles son las condiciones necesarias para terminar la guerra a corto plazo? ¿Creen los mercados que, tras la tregua aérea del 7 de abril, la guerra ha terminado? ¿Qué podemos esperar de los países del Golfo, Europa, China y el resto del mundo tras el conflicto? ¿Quién manda hoy en Irán?

En carta a los dirigentes del Congreso el 1 de mayo, el presidente Trump decía que las hostilidades habían terminado. Así pretendía librarse de la obligación legal que, según la War Powers Act de 1973, limita a 60 días las guerras de los Estados Unidos (EE. UU.) sin autorización del Congreso. Tres días después volvía a amenazar con “barrer de la faz de la tierra” a los iraníes si no reabrían el estrecho de Ormuz.

En términos parecidos se había expresado el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, la víspera en el Capitolio. Para los legisladores demócratas y algunos republicanos, desde el principio fue una guerra ilegal, y lo seguirá siendo mientras no se llegue a un acuerdo o se retiren las fuerzas estadounidenses y las amenazas de nuevos ataques.

El 61% de los estadounidenses en marzo y el 62% en abril, según Pew Research, desaprobaban la intervención, lo que llevó a Trump, que seguía perdiendo popularidad, a la tregua de dos semanas, prorrogada indefinidamente después, y a la carta del 1 de mayo por miedo a un varapalo a su partido en las elecciones legislativas de noviembre. A pesar de ello, siempre ha mantenido que esa limitación es “totalmente inconstitucional”.

Cuatro relatos y dos censuras

En las primeras semanas del conflicto, podemos distinguir cuatro relatos (el occidental, el iraní, el israelí y el árabe), dos rígidos sistemas de censura (el israelí y el iraní) intensificados y una desconfianza máxima de los periodistas y de la opinión pública en todas las versiones oficiales, en especial la estadounidense, con una Administración Trump en guerra abierta con los medios desde hace años y desacreditada por la verborrea, contradicciones, exageraciones y falsedades de su presidente en su red Truth Social, su principal forma de comunicarse, y de algunos miembros de su gabinete.

Aunque no hay dos medios iguales, los principales de Occidente (Reuters, AP, BBC, CNN, New York Times, Financial Times…) se han interesado, sobre todo, en la estrategia y en el impacto económico; los iraníes (Press TV e IRNA) en sus edificios destruidos, sus víctimas, los escombros y la resistencia frente al agresor; los israelíes en la seguridad interior de su país; y los árabes en la estabilidad regional, su futuro económico, el acceso al comercio y los precios de la energía.

Desde los primeros ataques, el Gobierno israelí, que sigue sin autorizar el acceso de los corresponsales a Gaza, ha reforzado su control de la información.

En un documento desclasificado el 5 de marzo, el jefe de la censura del Ejército, el coronel Netanel Kula, obligaba a someter al censor, antes de su publicación, cualquier referencia a operaciones, inteligencia, preparativos de defensa, lugares de impacto de los misiles/drones lanzados contra Israel, noticias sobre armamento (munición, interceptores, aviones, defensa aérea…) y cualquier vulnerabilidad de sus defensas o fuerzas de ataque. “Las imágenes (fotografías y vídeos) también necesitan autorización”, añadió Kula.

Las restricciones han llevado a situaciones tan absurdas como un misil iraní que destruye un objetivo militar israelí, algunos de sus fragmentos caen sobre una escuela y los medios solo han podido informar de la escuela, sin poder acceder al lugar ni mencionar la instalación militar.

Como ya sucedió en la Guerra de los Doce Días de junio de 2025, varios periodistas internacionales y locales han sido retenidos o detenidos por violar la censura.
En los primeros 40 días de guerra, hasta el comienzo de la tregua aérea, el Committee to Protect Journalists (CPJ) de Nueva York comprobó las siguientes violaciones de la libertad de prensa en Israel, Irán y otros siete países de la región: nueve periodistas muertos, uno secuestrado, siete heridos, 11 detenidos o interrogados, 16 atacados, amenazados o acosados, nueve medios alcanzados por bombas, misiles o drones y censura en los países más afectados, con un apagón casi total de internet en Irán desde el 28 de febrero.

Hasta en la India se ha bloqueado a medios en internet por informar de protestas contra la guerra y se ha detenido a periodistas por informar de buques iraníes en sus puertos.

Si informar desde Israel es complicado (ocupa el puesto número 116 en la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2026 de Reporteros Sin Fronteras [RSF]), hacerlo desde un estado autoritario y policial como Irán (el 177 peor de los 189 analizados) lo es mucho más. Ya lo era antes de la guerra, pero desde que comenzó la ofensiva, la situación ha empeorado dramáticamente.

“Los periodistas (en Irán) están trabajando bajo las bombas extranjeras y recibiendo amenazas telefónicas de las autoridades”, denunciaba un periodista iraní a RSF. Informar, para muchos profesionales en Irán, se ha pagado con la cárcel. Según el CPJ, el 6 de marzo ya había al menos 15 en la cárcel, entre ellos Narges Mohammadi, periodista y Nobel de la Paz 2023, una de las defensoras de los derechos humanos más importantes del país.

Detenida desde las protestas de diciembre, Mohammadi fue trasladada el 2 de mayo desde la cárcel de Zanyan, en el norte de Irán, a un hospital tras “desmayarse por la caída repentina de su presión arterial”, declaró su abogado, Mostafa Nili. El presidente del Comité del Nobel, Jorgen Watne Frydnes, advirtió en un comunicado que si no era trasladada inmediatamente a Teherán para ser atendida por médicos especializados, su vida corría peligro.

Según la Agencia de Noticias de Activistas de los Derechos Humanos (HRANA), con sede en Washington, “más de 53 iraníes fueron detenidos durante las protestas contra el régimen del pasado enero y antes de la guerra. Desde que comenzó la guerra, se cree que han sido detenidos muchos miles más”.

Además de las detenciones, Irán ha batido el récord de ejecuciones de detenidos por motivos políticos en los últimos 30 años: 21 ahorcados en los primeros dos meses del conflicto (nueve por las protestas de enero, diez por colaborar supuestamente con grupos de la oposición y dos acusados de espionaje).

David contra Goliat

Así se ha presentado Irán. “Somos las víctimas de una guerra ilegal”. Este ha sido su mensaje central al mundo desde el primer día de la guerra y, si nos atenemos a las principales encuestas de opinión en los EE. UU., ha tenido éxito, como se puede observar en el siguiente cuadro.

El arma principal de la propaganda iraní en esta guerra ha sido la riada de vídeos elaborados con inteligencia artificial para convencer a los estadounidenses, sobre todo a la base republicana MAGA [acrónimo del eslogan Make America Great Again, es decir, hacer que EE. UU. vuelva a ser grande], que dio la victoria a Trump en 2016 y 2024, de la estrategia incoherente de su líder, sus previsiones sin fundamento y errores de cálculo, sus contradicciones y amenazas apocalípticas, y sus esfuerzos por tapar el escándalo Epstein.

En las guerras, donde casi nadie dice la verdad, el reto principal de los periodistas es decodificar y depurar los mensajes oficiales, y contrastarlos con la realidad sobre el terreno.

Si la guerra militar ha sido muy asimétrica, con una superioridad absoluta de EE. UU. e Israel en armas que no han podido doblegar al adversario a pesar del uso masivo de la inteligencia artificial, la asimetría de la guerra informativa ha sido igual o más profunda.

Los propagandistas de Irán han hecho frente con relativo éxito en las redes a la versión dominante de Washington e Israel en los medios occidentales y sus mensajes, sobre todo la avalancha de memes producidos con inteligencia artificial (contenido humorístico compuesto de imágenes y texto relacionado normalmente con personajes o elementos de la serie Lego) han resultado tan eficaces en la guerra de la propaganda como los drones y los misiles balísticos en la militar.

“Me llama la atención la precisión de muchos de esos mensajes, como la brecha de los precios de la gasolina, con imágenes aparentemente infantiloides de Trump y de sus asesores con juguetes bélicos en sus manos, para mostrar a los dirigentes estadounidenses como acosadores”, señala Nazila Fathi, excorresponsal del New York Times en Teherán.

“La propaganda iraní sobre Ormuz no hubiera sido tan eficaz de no reflejar la realidad”, explica Alireza Doostdar, profesor asociado de la Universidad de Chicago. “Su insistencia en que el bloqueo… empeoraría la situación es un hecho comprobado y lo que más credibilidad aporta a la propaganda iraní”.

Lo más sorprendente, advierte Maral Karimi, profesora de la Universidad Metropolitana de Toronto (Canadá), es “la coordinación de los mensajes, integrados en las acciones políticas y militares, que ha permitido a Teherán saltarse a los gatekeepers tradicionales (los grandes medios internacionales) sin intentar convencer a analistas y editores, aprovechando simplemente la gran fragmentación del mapa mediático”.

La eficacia de la propaganda de Irán, en cualquier caso, no hubiera sido tan eficaz sin el apagón de internet desde que se iniciaron los ataques, que ha dejado sin conexión con el mundo a la mayor parte de sus 90 millones de habitantes, una brutal represión interior y un goteo constante de confesiones de detenidos, muchas de ellas forzadas, declarándose espías o colaboradores del enemigo y/o “vendedores de información a los medios internacionales”.

Tener la iniciativa en la propaganda, sin embargo, no garantiza la victoria si se fracasa en los otros campos de batalla. Más de 3.000 iraníes han muerto, más de 10.000 han resultado heridos y unos tres millones han sido desplazados de sus hogares en mes y medio de ataques aéreos.

Los daños económicos, según diversas fuentes, pueden superar el billón de dólares (cifra equivalente a lo que Teherán reclamó durante décadas a Irak por los diez años de guerra en los 80).

Es una cantidad similar a la que la profesora de Harvard Linda Bilmes calcula que costará a los EE. UU. esta guerra, cifra muy alejada de los 25.000 millones que el propio Pentágono reconocía que le habían costado los primeros dos meses de conflicto.

Más difícil de reparar que los daños materiales (los humanos son irreparables) es el deterioro de la reputación de los EE. UU. en el mundo, en declive durante años.

La pérdida estadounidense de lo que Joseph Nye llamó “poder blando e inteligente”, una de las principales fortalezas de los EE. UU. durante décadas respecto a sus competidores por la hegemonía global, ya no tiene marcha atrás. El gran error de Trump 2-0, advierte el profesor de Harvard Stephen Walt, ha sido “creer que basta con el poder duro”.

Llegados a este punto, Christopher Caldwell, uno de los columnistas conservadores más prestigiosos del New York Times, solo ve tres salidas: irse de Irán tras comprobar que su dominio militar no es el que Trump creía, toda una humillación; retirar fuerzas de otras regiones vitales para la seguridad nacional y mantener indefinidamente, cueste lo que cueste, su “excursión iraní”; o cumplir sus amenazas militares más extremas y hundir a los EE. UU. y al mundo en un caos sin precedentes .

 

Pie de foto: imagen de Engin Akyurt

 

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