26/12/2023

Verificación con Osint vs. desinformación

Gaza, la guerra de los sesgos

Osint

Escrito por Myriam Redondo

La verificación basada en inteligencia de fuentes abiertas puede ayudar a ejercer un mejor periodismo internacional en contextos como el Gaza.


*MYRIAM REDONDO

Todas las guerras tristes se parecen y su desinformación también, aunque el dolor nos haga percibirlas como distintas y peores cada vez. En Gaza volvemos a culpar a las plataformas digitales por la riada de bulos, pero lo que les abre las compuertas son nuestras emociones, sesgos y falta de reflejos ante la propaganda clásica. La verificación basada en inteligencia de fuentes abiertas (Osint, por sus siglas en inglés) puede ayudar a ejercer un mejor periodismo internacional en estos contextos.

Elon Musk adquirió Twitter en octubre de 2022, le cambió el nombre a X y puso a la venta los signos azules de cuenta verificada, hasta entonces restringidos a usuarios de interés público. Ahora quienes quieren desinformar compran el sello y se convierten en bluetickers. Obtienen un barniz de fiabilidad que no se han ganado y logran seguidores rápidamente, porque los algoritmos de la plataforma promocionan más sus contenidos.

Además, se ha dificultado el seguimiento cronológico de los eventos. Aparecen juntos posts de hace 23 horas y aquellos que solo tienen segundos. Sí, las medidas tomadas por Musk han empeorado la situación y la Comisión Europea le ha pedido explicaciones; pero, aunque tendamos a fijarnos en X por ser la red favorita de los periodistas, las mentiras han circulado también en otros servicios cerrados y abiertos (Telegram, WhatsApp, Facebook, Instagram, YouTube, TikTok). Allí no está el multimillonario sudafricano apoyando a cuentas extremistas, así que quizá esos bluetickers opacos son solo avisos de un problema más profundo.

Imagen 1. Vídeo de TikTok sobre un presunto accidente aéreo en Gaza que toma imágenes de un videojuego

Gaza no es el primer escenario bélico en el que nos medimos contra la desinformación digital. En palabras de Raquel de Miguel, “las lecciones aprendidas durante la guerra en Ucrania se repiten, casi calcadas, en la actual”. Esta investigadora sénior de EU DisinfoLab menciona falsedades tipo que se han vuelto a ver, como las acusaciones de escenificación de ataques, la negación de víctimas o de responsabilidad, falsas imágenes para aumentar la dimensión de bombardeos o de manifestaciones en contra o a favor en Occidente. “Los guiones de desinformación en los conflictos recientes son casi idénticos”, dice. También han llegado de nuevo las imágenes tomadas de videojuegos (Imagen 1) o la figura habitual que engaña a los medios de comunicación sobre su presencia en la zona cuando en realidad no estaba allí -en este caso, un falso mercenario español-.

La ONU impulsa desde 2020 una campaña, Pause, para que reflexionemos antes de compartir información en redes. Ha demostrado ser efectiva, porque nuestras emociones y sesgos están entre las cosas que más gas dan a los bulos. En el conflicto de Israel y Palestina, las emociones llevan décadas fuera de sí y la intensidad nunca vista de esta fase de violencia las ha exacerbado.

Algunos expertos han rechazado expresarse en abierto para este reportaje por la cerrazón que perciben. “No puedo mojarme, porque te trae muchos problemas”, explica uno. “Los medios se han convertido en un campo de batalla frecuentemente utilizado por ambos bandos”, explica Jorge Coronado, director general de Quantika14, que combina servicios técnicos y jurídicos.

La ONU impulsa desde 2020 una campaña, Pause, para que reflexionemos antes de compartir información en redes

Fuentes oficiales: explicar su tendencia

Se nos inculca tanto que hay que recurrir a fuentes oficiales que, cuando estalla un conflicto, cuesta ponerse en guardia con ellas. Como contar con su versión es necesario, lo fundamental es contextualizarle al lector su interés o trayectoria. Si se da una información de Hamás aclarando que el grupo que gobierna Gaza es considerado terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, debe contextualizarse también que cuando Israel informa lo hace con un historial conocido de ocupación violenta y engaños sobre los efectos de sus ataques.

Gobiernos, ejércitos o embajadas pueden empezar a funcionar como amplificadoras de desinformación u odio. El perfil del primer ministro de Israel, @IsraeliPM, lanzó un tuit (ahora denominado post) ya borrado que decía: “Esta es una guerra entre los niños de la luz y los niños de las tinieblas, entre la humanidad y la ley de la selva”. La cuenta en español de las Fuerzas de Defensa de Israel, @fdionline, publicó una foto señalando que el bebé palestino que aparecía muerto en ella era un muñeco, y sus embajadas en Austria o Francia lo compartieron. Se trataba de una víctima real.

Se nos inculca tanto que hay que recurrir a fuentes oficiales que, cuando estalla un conflicto, cuesta ponerse en guardia con ellas

El Ejército israelí lleva toda la guerra intentando justificar el bombardeo de centros sanitarios, considerado a priori un crimen de guerra, salvo que se les esté dando un uso militar. En el momento de escribir estas líneas, ha empezado a mostrar túneles terroristas con acceso desde el entorno de estos complejos; pero, antes de acceder a esos pasadizos, mintió para exagerar la presencia de los milicianos de Hamás en los hospitales.

Un post de @IDF con más de siete millones de visualizaciones mostraba al portavoz Daniel Hagari haciendo un tour por el recién controlado Hospital Rantisi. Señalaba que una cuadrícula escrita en árabe era una lista de terroristas y turnos para vigilar a los secuestrados allí mismo, si bien no había escrito ningún nombre, sino los días de la semana (Imagen 2).

La historia muestra cuánto empeño ponen las fuentes oficiales en utilizar a los periodistas en los contextos bélicos, a veces con éxito. Jon Burn-Murdoch, especialista de Datos de Financial Times, cree que en esta guerra ha habido resbalones por seguir recurriendo a fuentes tradicionales de referencia para confirmar lo que ocurre, en lugar de adaptarse a técnicas modernas de recopilación de noticias como la inteligencia de fuentes abiertas (Osint, por sus siglas en inglés). Según él, no existen todavía suficientes equipos de Osint en los medios, y cuando se extiende la niebla de la guerra “la mayoría de las organizaciones mediáticas todavía tienen que basarse en lo que les dicen sus fuentes”, si bien la expresión “según un portavoz” simplemente no basta cuando tienes otras evidencias primarias ahí mismo.

Fuentes digitales: valoración de expertos

Imagen 2. Daniel Hasari, frente al Hospital Rantisi.
Fuente: Fuerzas de Defensa de Israel. https://twitter.com/IDF/status/1724169252054188276

Eliot Higgins, fundador de Bellingcat, cree que en Gaza no hay tanta guerra de la información planificada como usuarios partidistas que comparten bulos para ayudar a su causa, aunque solo la desprestigien. Un estudio de InfoEpi Lab realizado la primera semana de la guerra en cuentas que posteaban a la vez sobre los temas Gaza, Ucrania y vacunas encontró a 37 “triautores” que generaban posts de alto impacto. Todos tenían un pasado en la distribución de falsedades y algunos estaban vinculados a medios estatales de países autocráticos, pero la mayoría eran expertos de sofá con problemas para el filtrado de información. Sus posts, más negativos y polarizados, eclipsaban los de los verdaderos especialistas.

Hay cuentas que logran aparentar solidez y convertirse en influyentes pese a desinformar. Son “desinfluencers” que imitan el lenguaje de los medios y consiguen popularidad con la técnica propagandística de la “selección”. Consiste en difundir solo contenidos favorables a una de las visiones de la guerra; cuanto más emocionales, mejor.

Algunos ejemplos son @visegrad24 en Ucrania o @QudsNen en Gaza. Cada uno de sus posts es respondido con miles de reposteos inmediatos, porque se alinean con la visión de su comunidad. Otras cuentas perjudiciales son las que se hacen pasar por expertos Osint sin serlo. Como ha escrito Rob Lee, del Foreign Policy Research Institute: “Nuestras formas tradicionales de determinar la experiencia en los conflictos (por ejemplo, doctorados o experiencia militar) son a menudo un indicador pobre para entender o reconocer la experiencia Osint, lo que da lugar a imitaciones.

Si se han creado listas de expertos de antemano, es decir, si realmente se sabe del tema, puede comprobarse qué dicen esos expertos de la fuente en cuestión. En X, la siguiente búsqueda entrecomillada muestra las menciones que el reconocido especialista en Osint Steven Harris (@nixintel) hace de una cuenta tan dudosa como popular, @sentdefender: “@sentdefender from: @nixintel”. “Es necesario fomentar la formación en investigación digital para saber distinguir quién está haciendo buen Osint y quién solo instrumentaliza el concepto para pasar por experto”, recuerda De Miguel.

Hay otro ejercicio que ayuda tanto con fuentes digitales como analógicas, y que sería muy útil enseñar en los colegios. Consiste en preguntarse por el “doble quién”: primero, qué marca, persona o cuenta difunde una noticia; segundo, quién le ha informado a ella. No lleva tanto tiempo como parece percibir la falta de solidez en este último plano (noticias que vienen de otros medios, o de fuentes anónimas, o sin fuente conocida). El acto reflejo de republicar se reduce.

Preguntarse por el “doble quién” ayuda tanto con fuentes digitales como analógicas

Atrocidades: respirar, comprobar

Imagen 3. Bulo sobre la muerte de todos los niños en incubadoras en Al Shifa

Las partes en guerra quieren que los demás se radicalicen, tomen partido y se conviertan en activistas de su causa. Para ello recurren a la “propaganda de atrocidades”, centrándose en las monstruosidades de sus enemigos y exagerándolas si hace falta. La embajada de Israel en España hizo un pase privado para reporteros en el que enseñó las imágenes reales más terroríficas del ataque de Hamás el 7 de octubre, mientras su Gobierno bombardea objetivos como escuelas de la ONU. El grupo fundamentalista, que sabía que su operación tendría una respuesta brutal contra la población gazatí, bombea en las redes imágenes insoportables de los efectos de cada ataque israelí en los niños.

Los profesionales que apuestan por la contención en los adjetivos temen el frío que dan una popularidad reducida y la crítica de “equidistante”. Hemos dejado que nos roben el término, que solo debería significar estar a igual distancia de todas las víctimas, especialmente las civiles, y más aún si se trata de menores.

Desde esa perspectiva, muchas otras cosas no son incompatibles, como denunciar la barbaridad de un ataque terrorista con cerca de 1.200 muertos (incluyendo cerca de 30 menores) y 240 secuestrados o denunciar la barbaridad mucho mayor y más continuada de una represalia con más de 13.000 bajas (5.000 de ellas niños) y subiendo.

En los prolegómenos de la Guerra del Golfo (1990-1991), el mundo escuchó el testimonio impactante de una adolescente con nombre ficticio, Nayirah. Lloraba al describir cómo soldados iraquíes habían sacado a bebés kuwaitíes de incubadoras para dejarles morir en el suelo de un hospital. La historia era falsa y estaba diseñada para reforzar la causa kuwaití.

El sábado 11 de noviembre de 2023, la ministra de Sanidad de Palestina dio desde Cisjordania un dato de última hora en rueda de prensa retransmitida por Al Jazeera: 39 bebés habían muerto en el Hospital Al Shifa al quedarse sus incubadoras sin electricidad (Imagen 3).

Su equipo aclaró que solo un prematuro había fallecido y los otros 39 estaban en riesgo, pero la cifra falsa siguió circulando junto a la foto real de 16 de los pequeños afectados, apiñados sobre una cama y envueltos en telas verdes.

En la guerra tenemos derecho a emocionarnos, pero no podemos soltar el freno de la comprobación. La historia de las incubadoras de Gaza se siguió durante días con angustia, mientras los médicos iban informando de más prematuros que morían de verdad. El 17 de noviembre, con los soldados israelíes ya dentro del hospital, un usuario con 358.000 seguidores afirmaba todavía que “todos los prematuros” del centro habían muerto, mientras las propias autoridades sanitarias palestinas decían que eran seis los fallecidos. Otras cuentas afirmaban que habían perecido “todos los pacientes de la Unidad de Cuidados Intensivos de Al Shifa”, algo desmentido por médicos del hospital. Treinta prematuros terminaron siendo evacuados del centro el 19 de noviembre.

Sesgos: cuestionarse los propios

Los medios hacen un extraordinario trabajo frente a una enorme presión; sin embargo, es especialmente peligroso que un solo reportero popular se convierta en desinfluencer, porque sus lectores consideran terreno seguro todo lo que publica. En Gaza, profesionales premiados han difundido contenidos sesgados, falsos o inflamatorios que generan adhesión y no penalizan, como si internet fuese un campo de segunda división donde los requisitos se relajan.

Muchas veces publicamos lo que queremos que suceda o nos dejamos llevar por el estereotipo. Periodismo no es activismo y para evitarlo podemos preguntarnos siempre: “¿Creería esto si me lo hubiera contado la parte con la que no empatizo? ¿Lo publicaría?”. Entre los verificadores, algunas cabeceras deportivas con millones de seguidores en internet son conocidas por publicar noticias endebles de tabloides extranjeros.

Periodismo no es activismo, y para evitarlo podemos preguntarnos: “¿Creería esto si me lo hubiera contado la parte con la que no empatizo?

En Gaza, la ligereza se ha vuelto a ver en ellos, pero también en otros medios respetables. Se informó masivamente de que Hamás había decapitado a 40 bebés en la comunidad judía de Kfar Aza a partir de una sola fuente: una televisión local israelí que combinó confusamente declaraciones de soldados en su visita a esta comunidad agrícola o kibutz. Hasta el presidente de EE. UU., Joe Biden, se hizo eco de la presunta masacre, y tanto el Gobierno israelí como la Casa Blanca tuvieron que aclarar después que no había pruebas de ella.

Imagen 4. Bulo que describe a la víctima Shani Louk como “actor de crisis”

Otro caso que hace pensar es el de Shani Louk, una bella asistente al festival de música Nova en el kibutz de Re’im que Hamás atacó. Su imagen dislocada en la trasera de una camioneta será difícil de olvidar (Imagen 4). Fuentes palestinas le dijeron a su madre que estaba viva, y aunque es fácil comprender que una madre en esas circunstancias se aferra a un imposible y puede ser víctima de engaño, muchos medios no titularon “La madre de Shani Louk cree que está viva” o “Esperanzas de que Louk viva”, sino “Shani Louk está viva”, apostando por el clickbait o titular anzuelo. El Gobierno alemán dijo poco después haber encontrado muestras del cuerpo de Louk incompatibles con la vida ya en uno de los puntos asaltados el 7 de octubre.

Las conspiraciones: exponer el patrón

Desde el 11-S, no ha habido guerra sin teorías de la conspiración, cuya idea central es que se nos oculta algo grande. Una de las más habituales es la de que ciertos ataques decisivos son de “falsa bandera”, es decir, psyops u operaciones psicológicas organizadas por uno de los bandos con el objetivo de que le echen la culpa al enemigo y proporcionen la excusa precisa para actuar violentamente. No es imposible que suceda, pero sí infrecuente, y esas operaciones complejas nunca se demuestran mediante las explicaciones falsas y simplistas que habitualmente se echan a rodar.

El diario Haaretz ha publicado que, según las investigaciones en marcha, un helicóptero del Ejército pudo matar por error a civiles israelíes mientras disparaba a terroristas que huían del festival Nova, algo que niega la policía israelí. Si esto llegara a demostrarse, seguiría siendo bulo el uso que se está haciendo de vídeos grabados desde un helicóptero israelí la noche de los hechos para convencernos de que el propio Israel organizó la masacre.

La idea de la falsa bandera, así como la de que algunas víctimas palestinas son “actores de crisis” que fingen, “son falsas, pero obtienen enorme índice de reacción en X”, ha escrito el periodista de la BBC Verify Shayan Sardarizadeh, un referente en este torbellino. Rusia ha utilizado esta técnica en ocasiones, como cuando sostuvo que una embarazada herida por su ataque a la maternidad de Mariúpol en 2022 era una actriz. En Gaza hemos visto falacias sobre un presunto cadáver que se mueve (es un niño con un disfraz de Halloween) y gente que se maquilla para parecer herida (era un documental de Médicos Sin Fronteras sobre efectos especiales grabado en 2017).

La repetición de que hay “actores de crisis” está más conectada a una estrategia general de lo que pudiera parecer. Asienta nociones marco despectivas como “Pallywood”, que Israel lleva impulsando años: los palestinos hacen montajes, se inventan sus sufrimientos. Es la técnica del uso de términos para deshumanizar, que se combina con la siembra de dudas sobre las cifras de muertos ofrecidas por el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás. Sus datos de bajas tienden al alza y siempre han mostrado limitaciones que se le deben explicar al lector, como mezclar a combatientes y a civiles, si bien enmendar su totalidad ayuda a blanquear una guerra que es todo menos quirúrgica.

Hay imágenes de sobra que demuestran cada día los terribles daños reales sobre la población gazatí, especialmente niños. Airwars, que verifica puntillosamente asesinatos de civiles con drones desde 2014, ha empezado a estudiar esta guerra caso por caso, incluyendo a los asesinados por Hamás. Solo el bombardeo israelí del 9 de octubre contra el antiguo campo de refugiados de Yabalia mató a 126 civiles, la mayor cifra que esta entidad no lucrativa ha registrado nunca para un solo ataque.

Los vídeos que se utilizan para mover teorías de la conspiración basadas en actores y muñecos son muy parecidos o los mismos de guerra en guerra. ¿Es útil desmentirlos cada vez, como otros bulos tipo? Probablemente, la mejor forma de combatir esta tendencia desinformativa, como tantas otras, sería explicar sus patrones repetitivos desde la escuela.

Tendencias: evitar su arrastre

Las redes hubieran sido el sueño de grandes estrategas pasados de la orquestación: fuentes relevantes repitiendo la misma idea desde lugares diferentes y haciendo pensar que tanta gente no puede estar equivocada. Siempre es fácil caer por esta técnica: “Ah, Fulanito está apoyando ese lado, entonces creo que ese lado es el correcto”, describe Jezer Ferreira, analista Osint y organizador de las conferencias Osintomático.

La orquestación está tras muchos trending topics o temas del momento que se expanden en medios sociales. En distintos idiomas, la etiqueta #hamasesisis fue tendencia varios días respaldada por las palabras de Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel: “Al igual que las fuerzas de la civilización se unieron para derrotar al ISIS, las fuerzas de la civilización deben apoyar a Israel para derrotar a Hamás”. Esta equivalencia oculta importantes diferencias de ideología y propósito entre el terror de ambos grupos, según los expertos. También hay diferencias entre muchas de las personas que acudían al concierto a divertirse y un colono radical, aunque cuentas propalestinas hayan impulsado digitalmente la idea de que “israelí=colono=extremista”.

Algunas tendencias artificiales triunfantes en las redes pueden proceder de lejos, como un vídeo falsamente atribuido a la BBC en el que se señala que armas para Ucrania están yendo a parar a Hamás. Aranza Rodríguez Mora, analista de inteligencia y perito judicial, observa que se han impulsado corrientes engañosas desde India. En ese país, de fuertes tensiones religiosas que celebrará elecciones en 2024, cuentas prohindúes han aprovechado para publicar desinformación que provoque indignación y rechazo hacia el pueblo palestino y musulmán.

Las redes no son la realidad, son su realidad. A veces hay alguien moviendo la batuta de la orquestación, aunque cada vez más las tendencias enlatadas proceden incluso de unos algoritmos de funcionamiento incorrecto. TikTok ha estado mostrando a sus anunciantes la etiqueta #Israel como viral, pero no la de #Palestina, utilizada por muchos más usuarios, por una particularidad en su sistema de clasificación de noticias.

La confusión se completa en X por “la eliminación del acceso a la herramienta de datos que los académicos empleaban para identificar las cuentas dedicadas a difundir información falsa”, explica Rodríguez. Aun así, en esta plataforma todavía se puede investigar quién fue el primer usuario que empleó un término o etiqueta, como ha enseñado a hacer el experto Marcelino Madrigal mediante el uso del operador de búsqueda “until”.

Cada vez más las tendencias enlatadas proceden incluso de unos algoritmos de funcionamiento incorrecto

Imágenes: hacer búsqueda inversa

Rodríguez destaca que “contenidos violentos y falsos sobre la guerra, ataques sobre población civil inocente y, en general, cualquier imagen de caos y sangre son los que más visibilidad consiguen, se vuelven virales”. Gaza ha asentado el uso de imágenes falsas basadas en inteligencia artificial, como la del padre que huye con tres niños a cuestas o la del niño que levanta una mano con seis dedos a favor de Palestina. Adobe ha recibido críticas por ofrecer este tipo de productos en su base de datos sin asegurarse de que los medios que los compran advierten de la técnica empleada cuando los publican.

En las crisis suele ser un buen consejo empezar a recopilar contenidos visuales lo antes posible, cuando los fabricantes de mentiras todavía no han tenido tiempo de actuar. Ya en ese momento, pero sobre todo más tarde, es temerario publicar fotografías chocantes sin comprobarlas. En BBC Verify, Sardarizadeh y su colega Olga Robinson (Imagen 1) han detectado muchos de los bulos sobre Gaza con una búsqueda inversa, la técnica más sencilla para comprobar si una imagen está manipulada o extraída de otro contexto.

Esta acción puede completarse con otras más avanzadas como la geolocalización, que asegura el lugar donde sucedieron los hechos, o la cronolocalización, que se vale de las sombras para corroborar el momento del día en que se sacó la foto. Ferreira dice haber utilizado frecuentemente estas opciones para verificar los muchos vídeos que se han descrito como gazatíes cuando procedían de África, Siria o Ucrania.

El principal mandamiento del periodismo internacional es trabajar sobre el terreno, si bien en una guerra, y especialmente en aquellas donde no se puede acceder a la zona, como es el caso de Gaza, no se pueden rechazar otras posibilidades. Es bueno estar cerca de un incendio para describirlo mejor, pero también subir a una montaña para comprender su movimiento. “Un corresponsal puede estar en primera línea, puede verificar lo que vea o esté en su cámara, pero nosotros podemos tener muchas otras cosas, como los vídeos de los soldados de Gaza o Israel”, dice Aimery Parekh. Este analista y fundador de la comunidad Brigada Osint cree que los periodistas aún no han entendido el potencial de todo lo que se puede conseguir.

Según Parekh, la investigación con fuentes abiertas no es tarea de aficionados, sino de expertos de muchos ámbitos, como armas o geolocalización: “Cuando se hace un buen análisis de algo sucedido en Gaza, no se habla por hablar, es que hay un especialista que sabe qué tipo de misil es, dónde cae, qué impacto puede tener”. Pese a ello, Parekh cree que, independientemente de sus conclusiones, “los fanáticos no nos van a creer”.

Las autorías: no dar por hecho

La noche del 17 de octubre se observó una gran explosión en Gaza. Medios con autoridad informaron rápidamente de que un misil israelí lanzado contra el hospital Al Ahli había dejado 500 muertos. Sin embargo, cuentas especializadas en geolocalización pusieron esas afirmaciones en duda. En un vídeo nocturno emitido por Al Jazeera se veía un cohete virar y explosionar en vuelo, lo que esas cuentas consideraron un posible lanzamiento fallido de Hamás con caída de elementos sobre el centro médico. Además, las imágenes tomadas al amanecer mostraron un cráter en el aparcamiento -no en el propio centro médico- y había escasos daños estructurales en el edificio que no encajaban con el elevado número de víctimas reportadas. Estados Unidos las rebajó a “entre 100 y 300” fallecidos.

El caso se ha convertido en símbolo de los límites de la Osint y del periodismo internacional sobre el terreno; a mi juicio, con mayor gravedad en el segundo campo por la distinta forma de reaccionar. Especialistas Osint siguieron colaborando para llegar a explicaciones más perfeccionadas. The New York Times pidió perdón, convencido de haber emitido información no suficientemente contrastada. Algunos medios y profesionales le siguieron, pero otros no dieron explicaciones o hicieron contorsiones para sostener sus crónicas sin asumir responsabilidad, bromeando sobre la utilidad de las técnicas Osint, culpando a la información facilitada por Hamás o tirando de hemeroteca para convencer de que al final el culpable sería Israel. Si finalmente se descubre que lo es, eso no cambiará la mala praxis.

Algunos medios y profesionales no dieron explicaciones o hicieron contorsiones para sostener sus crónicas sin asumir responsabilidad

El equipo de Investigaciones Visuales de The New York Times esperó hasta el 25 de octubre antes de publicar su análisis forense digital. Recopiló todos los vídeos disponibles de esa noche, analizándolos y trazando las líneas de trayectoria de los proyectiles que veía en ellos. Concluyó que el presunto “misil fallido” visto en Al Jazeera era un interceptor lanzado desde Israel, no desde Gaza, y que su explosión había tenido lugar demasiado lejos del hospital como para haber provocado la masacre.

El ejercicio casi matemático del equipo encabezado por Malachy Browne perfeccionaba otros trabajos previos con fuentes abiertas, como el que @eekadfacts publicó ya el 18 de octubre, y se ha convertido hoy en la versión más aceptada de lo sucedido. A partir de ella, cuentas del ámbito de la Osint que se centraron en el vídeo de Al Jazeera han reconocido la invalidez de su tesis.

Otros medios como Associated Press han actualizado también sus explicaciones, aunque siguen apuntando a Hamás como autor. Los servicios de inteligencia de EE. UU. o Israel, que se supone tienen más información que los medios, desinformaron al referirse al vídeo de la televisión árabe como una de sus pruebas para culpar al lado palestino. Hoy aún no sabemos quién atacó el lugar. Hamás tampoco ha dejado ver restos del proyectil, algo extremadamente inusual y que permite seguir sospechando de ellos tanto como de Israel (Imagen 5).

Imagen 5. Un portavoz israelí da por buena la versión de que la explosión en vuelo de un cohete de Hamás provocó la detonación en el aparcamiento del Hospital Al Shifa.
Fuente: https://pbs.twimg.com/media/F-689v9WYAAuRL0?format=jpg&name=4096x4096

Fiabilidad, no prisa

El caso Al Ahli deja tres lecciones importantes sobre esta guerra y la de Ucrania, porque algunas de las cuentas Osint que erraron con la explosión del hospital son las mismas en las que nos hemos basado para seguir los movimientos de Rusia en su invasión, sin que nadie haya dudado. Uno, antes de geolocalizar, hay que asegurarse de contar con todos los materiales posibles. Dos, geolocalizar no es verificar, un proceso que requiere más comprobaciones que la de situar algo en un mapa. Y tres, puede que los investigadores de fuentes abiertas discrepen y tengan sesgos. Cuentas que denunciaron muy activamente los bulos en la guerra de Ucrania no están tan activas en Gaza. Es decir, la Osint no es infalible ni puede averiguarlo todo.

Pese a esas limitaciones, no se puede rechazar una disciplina que da muestra sostenida de transparencia y utilidad y que rectifica sin dudar cuando hace falta, algo que deberían imitar más los medios. Reconocerle al lector que hemos cometido un error o que nuestro trabajo es un conocimiento aún en construcción no desprestigia la profesión. Por el contrario, ayuda a recuperar la confianza de unos lectores que ya reciben contenidos rápidos en las redes y buscan en los medios transparencia y fiabilidad.

Reconocerle al lector un error o que nuestro trabajo es un conocimiento aún en construcción no desprestigia la profesión

En España, Quantika14 trabajó para conseguir que la familia de la militar fallecida Maya Villalobo encontrara su cuerpo. “Es un buen ejemplo de cómo la inteligencia obtenida a través de fuentes abiertas puede ser de gran ayuda para localizar a personas desaparecidas o secuestradas”, nos dice su director general, Jorge Coronado. “Parte de una guerra se gana por la narrativa, por la capacidad de contar mejor la historia”, dice Ferreira, para quien la Osint “no es magia, no presupone, trabaja con datos reales” y “puede ayudar a descubrir la verdad más allá de esa narrativa”.

“La Osint puede no ser cien por cien infalible, pero es lo que más se acerca a la ciencia en términos de investigación digital. Ha ayudado a arrojar luz sobre episodios muy oscuros de la historia reciente como el envenenamiento de Navalny, el accidente del MH17 o la persecución de la minoría Royinga por Myanmar. En investigación digital, es lo más parecido que tenemos a la ciencia empírica y debemos darle credibilidad, aunque los resultados contradigan nuestras expectativas”, explica De Miguel.

Hay que desmentir bulos, pero sobre todo hay que enseñar a comprender los mecanismos de manipulación y reacción que los impulsan. Y hay que apostar más por la enseñanza de la verificación digital y la Osint en las facultades de Periodismo.

Hay que desmentir bulos, pero sobre todo hay que enseñar a comprender los mecanismos de manipulación y reacción que los impulsan

Las guerras del futuro serán difíciles de cubrir y nos seguiremos equivocando. En cada conflicto encontraremos patrones de propaganda parecidos, pero cada vida perdida será única. La lucha contra esa desinformación será también una pelea por el control de nuestras propias emociones: el dolor de lo que vemos y la necesidad de trazar líneas asépticas que ayuden a denunciar lo que pasó.

 

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