14/07/2025

Sin pieza editorial a favor de los demócratas y cambios en 'Opinión'

El ‘Washington Post’ y Trump, parte II: ¿y si la democracia muere en la oscuridad?

the washington post

Escrito por Juan Calleja

Desde las elecciones de 1976 -con la excepción de las de 1988-, el histórico diario ha publicado una pieza editorial o endorsement habitualmente a favor de los candidatos demócratas. Esta tradición se rompió en 2024, cuando, por indicación de su propietario, Jeff Bezos, el periódico no se posicionó a favor de Trump ni de Harris, pues “los respaldos presidenciales no influyen en absoluto en el resultado de unas elecciones”. A raíz de esta decisión se ha desatado malestar e inquietud entre los periodistas, dimisiones y pérdida de suscriptores. Hay motivos detrás de la renuncia al posicionamiento. Según aseguró Martin Baron, director del periódico hasta 2021, en declaraciones realizadas a Cuadernos de Periodistas, es “una decisión impactante, señal de que había cambios en el periódico”.

 

* JUAN CALLEJA

“Necesitamos un medio como el Washington Post en este país. Ahora la democracia está en peligro, hay muchas amenazas y necesitamos medios fiables para informar al público”. Martin Baron, director de The Washington Post entre 2013 y 2021, respondía así a una de las preguntas que le hacía el periodista Javier del Pino en el programa A vivir que son dos días, de la Cadena SER, del pasado 3 de noviembre.

El prestigioso periodista estadounidense de 71 años, impulsor de la investigación del Boston Globe sobre el escándalo de pederastia en el seno de la Iglesia católica del estado de Massachusetts y que narra la oscarizada Spotlight (2015), entraba en antena con motivo del revuelo suscitado por la no publicación del endorsement, una pieza editorial que desde 1976 -a excepción de las elecciones de 1988- aparecía en las páginas de la legendaria cabecera norteamericana semanas antes de las presidenciales de Estados Unidos para mostrar su respaldo a uno de los dos candidatos. Desde aquel año, en el que apoyaron a Jimmy Carter, y hasta la elección de Joe Biden en 2020, el Post ha publicado endorsements pidiendo el voto para los candidatos del partido demócrata.

Estas piezas editoriales son una práctica habitual en la prensa norteamericana -comenzó cuando el New York Times respaldó a Abraham Lincoln en 1860- y medios como el Times, The Boston Globe, The New York Post y Vogue, entre otros diarios y revistas, la mantuvieron en la pasada campaña presidencial.

“Los respaldos presidenciales no influyen en absoluto en el resultado de unas elecciones. Ningún votante indeciso en Pennsylvania va a decir: ‘Voy a votar por el candidato que apoya el periódico A’. Ninguno. Lo que hacen los apoyos presidenciales es crear una percepción de parcialidad. Una percepción de falta de independencia. Ponerles fin es una decisión basada en principios, y es la correcta”, escribía Jeff Bezos en un artículo publicado el 28 de octubre en el periódico que adquirió en agosto de 2013 por 250 millones de dólares (en aquel momento, su fortuna se estimaba en 25.000 millones de dólares; hoy supera los 200.000 millones) para justificar esta polémica decisión de la que se hicieron eco medios de todo el mundo.

Tres días antes, el editor y consejero delegado del rotativo, Will Lewis, lo había anunciado en un comunicado en el que argumentaba este giro editorial como “un regreso a las raíces del periódico”, a pesar de que en 1952 el Post hizo una excepción pidiendo el voto para el candidato republicano, el general Dwight D. Eisenhower. “También lo consideramos una declaración en apoyo de la capacidad de nuestros lectores para tomar sus propias decisiones sobre esta cuestión, la más trascendental de las decisiones estadounidenses: a quién votar como próximo presidente”, esgrimía en la nota. “Por encima de todo, nuestra labor como periódico de la capital del país más importante del mundo es ser independientes. Y eso es lo que somos y lo que seguiremos siendo”, concluía.

Según un reportaje publicado por The New York Times, el consejo editorial del Washington Post, que forma parte de la sección de “Opinión”, ya tenía preparado el borrador del artículo en apoyo a Kamala Harris, la candidata demócrata, pero el fundador del gigante tecnológico Amazon y de la empresa espacial Blue Origin decidió que no viera la luz, a pesar de las supuestas reticencias iniciales mostradas por Lewis y por el editor de “Opinión”, David Shipley, que abogaban por “no abandonar la tradición tan cerca de unas elecciones”.

Las reacciones dentro de la redacción del periódico fundado en 1877, y que impresionó al mundo durante la época en la que Katharine Graham fue dueña y editora (1963-1981), no se hicieron esperar. Pesos pesados como Bob Woodward y Carl Bernstein, los reporteros responsables de la investigación del escándalo del Watergate (1973) que provocó la caída del presidente Richard M. Nixon, declararon en un comunicado que respetaban la tradicional independencia de la página editorial, pero que una decisión así, a 12 días de las elecciones presidenciales de 2024, ignoraba “las abrumadoras pruebas periodísticas del propio Washington Post sobre la amenaza que Donald Trump supone para la democracia”.

Para 21 columnistas del diario, dejar de publicar los respaldos presidenciales supuso 'un abandono de las convicciones editoriales fundamentales del periódico'

En el equipo de “Opinión” del diario, que opera de forma independiente, siguiendo una antigua tradición del periodismo estadounidense de separar la redacción de opiniones de la cobertura de noticias diarias, 21 columnistas expresaron su desacuerdo, aseverando que la decisión de dejar de publicar estos respaldos presidenciales suponía “un abandono de las convicciones editoriales fundamentales del periódico”. Tres de los diez miembros del consejo editorial dimitieron de este órgano, aunque no abandonaron el periódico, y hubo dos renuncias al puesto de trabajo: la del veterano editor de “Opinión” Robert Kagan, que tras 25 años en el Post dejó su cargo y calificó este cambio de postura como una “capitulación prematura”, y la de Michele Norris, columnista colaboradora desde 2019 que en su cuenta de la red social X (antes Twitter) lo describió como “un terrible error”.

Al malestar entre los periodistas del Post se sumó una oleada de cancelaciones de suscripciones al periódico protagonista de otras históricas investigaciones como los papeles del Pentágono , la filtración que empezó publicando The New York Times y que el Washington Post prosiguió desvelando en 1971 para contar la historia secreta del Departamento de Defensa sobre la guerra de Vietnam. Según dos fuentes internas del periódico consultadas por la National Public Radio (NPR), en tan solo cinco días, más de 200.000 personas habían cancelado su cuota. Una cifra que, según las noticias publicadas posteriormente por este grupo de radio semipúblico, se incrementó en 100.000 cancelaciones más hasta el 5 de noviembre, día de las elecciones presidenciales en las que Donald Trump salió vencedor. En poco más de diez días, “más del 12% de sus suscriptores digitales, que constituyen la gran mayoría de la tirada de pago del periódico”, tal y como recogen las informaciones de la NPR.

“Fue una decisión impactante [dejar de publicar el endorsement], una señal de que había cambios en el periódico”, aseguraba Martin Baron a Cuadernos de Periodistas en una entrevista realizada en Madrid el pasado 24 de marzo. El exdirector del Miami Herald (2000-2001), Boston Globe (2001-2012) y The Washington Post (2013-2021), retirado de las redacciones desde febrero de 2021, se encontraba en España para participar en una serie de charlas sobre periodismo organizadas por el grupo Vocento, empresa editora del diario ABC.

“Lo podría haber decidido un año antes, unos meses antes, pero intuyo que él suponía que Trump iba a ganar. Hasta entonces, Bezos había estado a favor de publicar estos editoriales de respaldo a candidatos. De hecho, en 2016, el Post publicó uno a favor de Hillary Clinton en el que criticaba a Donald Trump diciendo que no era un candidato adecuado para la presidencia de Estados Unidos. Y también en 2020, con una pieza de apoyo a Joe Biden en la que se decía que Trump era el peor presidente de la historia moderna de nuestro país”, explicaba Baron, que trabajó con Jeff Bezos durante casi ocho años como responsable de la cobertura informativa, cuatro de ellos durante la primera presidencia de Trump (2017-2021).

Martin Baron, a 'Cuadernos': “No publicar el 'endorsement' representó una cobardía. Una prueba del temor de Bezos a sufrir represalias por parte de Trump”

“No publicar el endorsement representó una cobardía. Una prueba del temor de Bezos a sufrir represalias por parte de Trump”, opinaba el autor de Frente al poder: Trump, Bezos y el Washington Post (La Esfera de los Libros, 2024), un libro en el que describe, en forma de memorias y con todo lujo de detalles, sus años al frente del Post, una época convulsa y en la que el trabajo periodístico de la redacción fue reconocido con 11 Premios Pulitzer (las tres redacciones que dirigió obtuvieron un total de 18 Pulitzer). “Trump dijo durante la campaña que iba a vengarse de sus enemigos políticos y Bezos siempre fue percibido como tal, obviamente por la cobertura del Washington Post durante todo este tiempo”, añadía.

En su libro, Baron asegura en diferentes pasajes cómo el multimillonario estadounidense jamás se entrometió en la cobertura de noticias. “Bezos nunca interfirió en el periodismo del Post durante mis más de siete años de dirección, incluso cuando la cobertura informativa sobre Amazon no presentaba a la empresa de un modo muy favorable”, escribe en el primer capítulo, que lleva por título “Aprovecha la oportunidad”.

Cambios en la sección de ‘Opinión’

El 26 de febrero, ya con Donald Trump sentado de nuevo en el Despacho Oval de la Casa Blanca, The Washington Post volvía a ser noticia en el ámbito internacional por otro cambio editorial anunciado por Jeff Bezos en su perfil en X. Su post arrancaba así: “Vamos a escribir todos los días en apoyo y defensa de dos pilares: las libertades personales y el libre mercado. Por supuesto, también abordaremos otros temas, pero los puntos de vista opuestos a esos pilares se dejarán para que los publiquen otros”.

“Hubo un tiempo en que un periódico, especialmente uno que era un monopolio local, podía considerar un servicio llevar cada mañana a los lectores una sección de ‘Opinión’ amplia que tratara de cubrir todos los puntos de vista. Hoy en día, internet hace ese trabajo”, proseguía el texto, que antes de ser compartido públicamente, lo habían recibido los periodistas del Post en su bandeja de entrada con el siguiente asunto: Un cambio que llega a nuestras páginas de “Opinión”. En el penúltimo párrafo del correo electrónico, el dueño del periódico explicaba cómo había ofrecido a David Shipley “la oportunidad de liderar este nuevo capítulo”, pero “tras pensarlo detenidamente, David decidió dejar el cargo” y concluía diciendo que iban a buscar un nuevo editor de “Opinión” para que se encargase de “esta nueva dirección”.

La noticia publicada por el Post para informar sobre el cambio editorial también recogía varias declaraciones del editor, Will Lewis: “Se trata de dejar muy claro lo que defendemos como periódico”, señalaba. Y matizaba que este nuevo rumbo en el equipo de “Opinión” no tenía nada que ver con “ponerse del lado de ningún partido político”.

Según una noticia publicada por la CNN, ese mismo día, el responsable de la redacción y de la cobertura de noticias, Matt Murray, quien asumió el puesto de forma interina tras la marcha de la anterior directora del periódico, Sally Buzbee, en junio de 2024, envió un correo electrónico para tranquilizar a sus periodistas sobre la independencia informativa del diario. “El trabajo independiente e imparcial de la redacción del Post permanece inalterado, y seguiremos buscando un periodismo atractivo e impactante sin miedo ni favoritismo”, afirmaba Murray en el correo electrónico al que había tenido acceso la cadena de noticias americana.

Con el cambio en la sección de 'Opinión' se desencadenaron consecuencias similares a la jornada en la que Lewis anunció que dejarían de publicar el 'endorsement'

Como si fuera el día de la marmota, se desencadenaron una serie de consecuencias similares a la jornada en la que Lewis anunció que dejarían de publicar el endorsement. Malestar e inquietud entre los periodistas, dimisiones y pérdida de suscriptores (75.000 en 48 horas, según la NPR).

Periodistas veteranos como el editor asociado Cameron Barr, que fue adjunto a Martin Baron, o David Maraniss, vinculado al Post desde 1977 y premio Pulitzer en 1993 por los artículos publicados sobre el expresidente Bill Clinton, dejaron sus puestos el mismo día del anuncio. Barr escribió un post en su perfil de LinkedIn en el que decía que había llegado a la conclusión de que el Post estaba renunciando a su misión, que no es otra que la de exigir responsabilidades al poder. Por su parte, Maraniss decía lo siguiente en su perfil de Blue Sky: “Un paso pernicioso tras otro, Bezos se apoderó de la política editorial del Post. Hoy la aprovechó al máximo. El viejo Washington Post ha desaparecido”.

A principios de marzo, otro peso pesado de la redacción, la columnista y editora asociada Ruth Marcus dejó el periódico de Bezos por no ver publicada una columna en la que mostraba su desacuerdo por el nuevo rumbo editorial anunciado en “Opinión”, un hecho que no había vivido en sus 40 años de trabajo como periodista de esta mítica cabecera (más de 20 en “Opinión”), tal y como aclaraba en su artículo “Por qué me he ido del Washington Post”, publicado por The New Yorker el pasado 12 de marzo. “Siempre habíamos podido asegurar a nuestros lectores que nadie limitaba lo que podíamos escribir. ¿Cómo podíamos ahora afirmar eso con credibilidad? ¿Qué significaban ‘libertades personales y libre mercado’? Sin más aclaraciones, éramos como perros con collares eléctricos que no tenían ni idea de dónde estaba la valla invisible”, describía Marcus.

Uno de los párrafos quizá más polémicos de la mencionada columna que nunca vio la luz en el Post y que sí lo hizo en su artículo para New Yorker deja entrever cómo los conflictos de intereses de Jeff Bezos podrían haber motivado el anuncio de cambios en la sección de “Opinión”: “La misiva de Bezos no llega en un vacío, sino en el contexto de las repetidas insinuaciones del propietario hacia Trump. Sean cuales sean sus motivaciones internas, es pedir mucho a los lectores que no sospechen que los intereses comerciales personales de Bezos no influyen en absoluto en este asunto”.

Cuadernos de Periodistas se ha puesto en contacto con tres reporteros con una larga trayectoria en el Washington Post y que dejaron en los primeros meses de 2025 la redacción situada en el icónico edificio One Franklin Square (1301 K Street NW, Washington, D. C.). Todos han pedido hablar bajo condición de anonimato. Uno de los entrevistados es una veterana periodista que conoce bien cómo se trabaja en el equipo de “Opinión”. “Hasta ahora creo que la cobertura de las noticias ha sido muy contundente y el Post debería estar orgulloso de su trabajo”, afirmaba en una entrevista realizada a finales de abril. Los otros dos periodistas que se han prestado a colaborar para este reportaje comparten esta misma apreciación.

“El plan es no realizar cambios significativos en la sección de ‘Opinión’ hasta que no se elija un nuevo jefe de sección”, detallaba la experiodista del Post. Sin embargo, el pasado 3 de junio, The New York Times adelantaba la noticia de “Ripple”, una iniciativa del diario de Jeff Bezos para ampliar la producción de los artículos de opinión a través de piezas publicadas en otros periódicos estadounidenses e, incluso, de autores que trabajan con la plataforma Substack. Fuentes internas del Post explicaban al Times que este proyecto va a operar fuera de la sección de “Opinión” y usarán Ember, un entrenador de escritura basado en inteligencia artificial para ayudar a los escritores no profesionales. ¿El objetivo? Según las estimaciones internas, optar a un público potencial de 38 millones de adultos estadounidenses que no leen el periódico.

Jeff Bezos: conflictos de intereses y acercamiento a Trump

Martin Baron. Foto: Essdras M. Suárez

En el prólogo del libro Frente al poder, Martin Baron describe cómo el 18 de junio de 2017, después de una cena con Donald Trump en la Casa Blanca a la que fue invitado junto con Jeff Bezos, Fred Ryan, el editor y CEO del periódico en aquel momento, y Fred Hiatt, el responsable de la línea editorial, el por entonces presidente número 45 de Estados Unidos telefoneó al fundador de Amazon exigiéndole que hiciera que el Post fuera más amable con él. Según cuenta Baron, esta fue la última llamada que recibió Bezos de Trump. Y en un corto lapso de tiempo comenzaron los ataques contra Amazon y contra el periódico.

Más allá de que Trump llamase en el verano de 2017 al Post “Amazon Washington Post” en su perfil de Twitter o que dijese que solo daba “noticias falsas” por esta misma red social, las repercusiones económicas llegaron más tarde, como cuenta Baron en otro pasaje. Y destaca una por encima de todas. En marzo de 2018, el Pentágono sacó a concurso el contrato JEDI, un desarrollo de una infraestructura en la nube para el Departamento de Defensa de EE. UU., así como su mantenimiento y suministro durante diez años. Las principales compañías tecnológicas pugnaron por la licitación y Amazon Web Services, la filial cloud del gigante de internet, y Microsoft Accenture quedaron como finalistas. El 2 de agosto de 2019, el Post publicó otra pieza en la que se afirmaba que Trump había ordenado al nuevo secretario de Defensa, Mark Esper, que reexaminara la licitación ante los “temores de que el contrato pudiera recaer en Amazon”. En octubre de 2019, el Departamento de Defensa concedió el contrato a Microsoft y Amazon elevó su queja judicialmente al solicitar una declaración formal del presidente y del secretario de Defensa. “La animosidad del presidente Trump hacia el señor Bezos, Amazon y The Washington Post es bien conocida, y tiene su origen, al menos en parte, en la desafección con la cobertura informativa que el Post hizo de él antes de que asumiera el cargo”, rezaban parte de las líneas de la protesta formal.

Tras una sucesión de litigios y una suspensión contractual, se decidió cancelar el programa completo y empezar de nuevo. Ya en 2021, con Trump fuera de la Casa Blanca, el Pentágono volvió a sacar de nuevo el concurso. Finalmente, en diciembre de 2022 se adjudicaron contratos a Amazon, Microsoft, Google y Oracle por un total de 9.000 millones de dólares para desarrollar y mantener JEDI.

La otra gran compañía de Jeff Bezos, Blue Origin, “ahora puede competir por la próxima ronda de contratos de lanzamiento de seguridad nacional, por un valor total de 5.600 millones de dólares”, anticipaba un reportaje publicado por el Washington Post el 29 de octubre de 2024 sobre los negocios de Jeff Bezos y su cada vez mayor dependencia de los contratos con el Gobierno federal. Y es lo que ha comenzado a suceder con Donald Trump en su vuelta a la presidencia. Según informaba Reuters en una noticia publicada el pasado 5 de abril, Space X, la compañía espacial de Elon Musk, United Launch Alliance y Blue Origin han obtenido contratos por un valor total de 13.500 millones de dólares hasta 2029 para el lanzamiento de cohetes de la Fuerza Espacial de EE. UU. Blue Origin obtuvo siete misiones por un valor de 2.300 millones, mientras que su máximo competidor, Space X, consiguió 28 por un valor de 5.900 millones de dólares.

A pesar de esta rivalidad empresarial existente entre Blue Origin y Space X por hacerse con los contratos más suculentos del Gobierno estadounidense en el sector aeroespacial, fue precisamente Elon Musk -el multimillonario ha formado parte de la Administración de Trump hasta el pasado 28 de mayo, impulsando el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE)- quien publicó un post en su red social X felicitando con un “bravo” a Bezos tras anunciar los cambios en la sección de “Opinión” del Post. La felicitación que venía precedida de varios encuentros: el primero, el 18 de diciembre de 2024 en una cena con el presidente electo Donald Trump en Mar-a-Lago. Después, coincidieron junto a otros multimillonarios como Mark Zuckerberg, de Meta, o Tim Cook, de Apple, en la primera fila de la toma de posesión de Donald Trump, celebrada el pasado 20 de enero en el Capitolio.

Una toma de posesión para la que Amazon donó un millón de dólares, siguiendo el ejemplo de Meta, y la retransmitió por Prime Video (un servicio valorado en un millón de dólares). En 2017, Amazon donó aproximadamente 58.000 dólares para la primera toma de posesión de Trump y también retransmitió la toma de posesión de Biden por Prime Video, según Associated Press (AP). Cinco días antes de esta ceremonia, Amazon anunciaba que había comprado los derechos de un documental sobre Melania Trump coproducido por la propia primera dama por 40 millones de dólares, casi tres veces más con respecto a la oferta más alta que le había hecho la competencia, tal y como detallaba The Wall Street Journal en un reportaje del 13 de febrero.

Ann Telnaes, caricaturista del 'Post', premio Pulitzer 2025, renunció a su trabajo después de que no viese la luz una viñeta con Bezos y otros multimillonarios postrados ante Trump

La imagen de magnates y consejeros delegados de las mayores compañías tecnológicas del país dio la vuelta al mundo y supuso toda una declaración de intenciones de Trump y de los dueños de estas empresas. La caricaturista del Washington Post galardonada con el Premio Pulitzer de 2025 en la categoría de Reportaje Ilustrado y Comentarios, Ann Telnaes, renunció a su trabajo con el Post después de que una de sus viñetas no viese la luz. En la ilustración representaba a Bezos y otros multimillonarios postrados de rodillas y con bolsas de dinero ante una estatua de Trump.

Según una noticia del Post sobre su nuevo Pulitzer, fue el entonces director de “Opinión”, David Shipley, el que rechazó la viñeta, porque el periódico había publicado una columna con el mismo tema. En su perfil en la plataforma Substack, Telnaes publicó un post explicando su decisión de dejar de colaborar con el periódico en el que llevaba trabajando desde 2008. “Como caricaturista editorial, mi trabajo es hacer que las personas y las instituciones poderosas rindan cuentas”, decía. “Por primera vez, mi editor me ha impedido hacer ese trabajo crítico”, argumentaba.

Turbulencias bajo la batuta de Will Lewis

La crisis que azota al Washington Post empezó antes del inicio del segundo mandato de Donald Trump. Paradójicamente, las cifras de audiencia e ingresos comenzaron a descender cuando el magnate inmobiliario abandonó a regañadientes la Casa Blanca tras perder las elecciones presidenciales de 2020 contra Joe Biden, y después de los hechos acontecidos durante el conocido como asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Fue precisamente en 2021 cuando se alcanzaron los mayores beneficios económicos de la era Bezos (“hasta el punto de que cubrieron el precio de 250 millones de dólares que costó su compra”, apunta Baron en el epílogo de Frente al poder) y se registró uno de los mayores picos de audiencia: más de 111 millones de usuarios únicos en enero de 2021. El tráfico web ha descendido en un 50% desde 2020; y, en enero de 2023, el diario dejó de publicar sus cifras oficiales.

En el ámbito económico, la compañía editora entró en números rojos en 2022, perdió 77 millones de dólares en 2023; y, según The Wall Street Journal, las pérdidas en 2024 aumentaron hasta los 100 millones. Como recoge la información publicada por el WSJ, los ingresos en publicidad pasaron de 190 a 174 millones. Y las suscripciones, que se calculan en 2,5 millones, han sufrido cerca de 300.000 cancelaciones los últimos meses.

“La última vez que hablé con ellos sobre la pérdida de suscripciones me dijeron que habían logrado recuperar una cuarta o quinta parte de las cancelaciones. Lo han conseguido con ofertas y descuentos agresivos”, contaba a Cuadernos de Periodistas David Folkenflik, corresponsal de medios de la NPR, en una entrevista realizada a finales de abril. “Si Bezos no hubiese hecho eso [frenar el endorsement y el anuncio del cambio de rumbo en la sección de “Opinión”], se estaría generando una situación de años de beneficios extraordinarios, porque habrían ganado un montón de lectores de nuevo con este segundo impulso de Trump”, estimaba en conexión telefónica, desde el otro lado del Atlántico.

David Folkenflik: Si Bezos no hubiera frenado el 'endorsement' y anunciado el cambio en 'Opinión', 'se estaría generando una situación de años de beneficios extraordinarios'

Para Folkenflik, que cubre para la radio pública la actualidad del Washington Post desde antes de la llegada de Bezos, los reportajes que publicaron sobre las consecuencias de los escándalos que salpican el pasado profesional de su actual editor y CEO, Will Lewis, cuando trabajó para medios de Rupert Murdoch en Reino Unido, “afectaron a la moral de la redacción”.

Lewis fue fichado por Bezos en noviembre de 2023 y empezó a ejercer su rol en enero de 2024, tras la renuncia en junio de 2023 de Fred Ryan (anterior consejero delegado). El veterano editor británico se encontró con una mala situación financiera, una pérdida de audiencia y suscriptores y con una compañía de casi 2.500 empleados (980 periodistas en la redacción) que habría sufrido unas 240 bajas incentivadas en los meses anteriores.

Lewis trabajó para Rupert Murdoch entre 2010 y 2020 como director general de News Corporation (2010-2011), director ejecutivo de Dow Jones and Company y editor del Wall Street Journal (2014-2020), y antes dirigió el Telegraph (2006-2010). Obtuvo prestigio periodístico en el Telegraph por la investigación del escándalo de los gastos de los parlamentarios, pero su reputación quedó manchada cuando aterrizó en News UK y asumió la misión de gestionar la crisis del escándalo de escuchas telefónicas por la que fueron acusados periodistas de medios británicos de Murdoch (News of the World, principalmente), al piratear ilegalmente móviles para extraer mensajes de voz de miles de personas, incluyendo políticos o miembros de la realeza británica.

Como sucede con su dueño, Bezos, u otros periodistas, Lewis está sometido al escrutinio de la redacción de la que ahora es editor. Y así ha pasado con informaciones publicadas sobre su relación con el escándalo de las escuchas y eliminación de millones de archivos informáticos para ocultárselos a Scotland Yard. La salida de estas noticias fue uno de los supuestos motivos de la renuncia el 2 de junio de 2024 de Sally Buzbee, la directora que sustituyó a Martin Baron en junio de 2021, según fuentes del periódico consultadas por el periodista David Folkenflik. Buzbee no recibió órdenes de paralizar las piezas sobre Lewis, pero la exdirectora quedó desconcertada tras varias reuniones en las que abordó el tema con su CEO.

Pero la razón de peso por la que dimitió Buzbee, según apuntaba el propio Post, fue que no estaba conforme con la reorganización de la redacción en tres áreas y el nuevo rol para supervisar una nueva división de servicios y redes sociales.

El mismo día en que los periodistas se enteraron de la renuncia, Lewis anunció la llegada del hasta entonces editor del Wall Street Journal, Matt Murray, como nuevo director de forma temporal, hasta la incorporación tras las elecciones presidenciales de Robert Winnet, subdirector de The Sunday Times. Winnet nunca llegó a ocupar el puesto al declinar la oportunidad tras ser protagonista de una investigación publicada en el Washington Post sobre su supuesta conexión con una antigua fuente que realizó prácticas ilegales trabajando como informador para reportajes elaborados en The Sunday Times.

Una de las consecuencias de esta crisis interna ha sido la fuga de talento de periodistas de prestigio a medios de la competencia

“Al principio, Will Lewis era un tipo agradable. Escribía notas personales cuando le gustaba tu trabajo o te mandaba un correo electrónico. Trataba de conectar con las personas una a una”, cuenta uno de los tres periodistas entrevistados para este artículo bajo condición de anonimato.

Pero todo cambió tras la reunión en la que explicaron la marcha de Sally Buzbee y la llegada de Matt Murray y Robert Winnet. “Nos anunció el plan de dividir la redacción y que iba a traer a su amigo Robert, a quien nadie conocía y que nunca había estado en Estados Unidos. Y todo esto sentó muy mal, claro”, recuerda. “Imagínate a unos 100 periodistas con Will en el centro. Se puso muy tenso y a la defensiva. Por primera vez nos dijo que nadie nos estaba leyendo, que estábamos fracasando y que teníamos que dejar de resistirnos a los cambios porque eran necesarios. En cambio, al principio, cuando llegó, nos dijo todo lo contrario, que continuásemos con el gran periodismo que hacíamos y que ellos se iban a encargar de la parte comercial. Ahí perdió toda la credibilidad. A partir de entonces, dejó de enviar mensajes, se empezó a esconder y a no pasar por la redacción”, agrega.

Tanto los periodistas entrevistados como diversas informaciones publicadas en diferentes medios coinciden en que la redacción del Post lleva meses solicitando reuniones con Lewis por los cambios editoriales y la nueva estrategia, pero no han recibido respuesta. Y una situación similar se vive con Jeff Bezos: según The Guardian, el pasado mes de enero, cerca de 400 redactores pidieron un encuentro con él. Con fecha de 29 de abril, The Washington Post Guild, el histórico sindicato de periodistas de la cabecera, respondió por correo electrónico a Cuadernos de Periodistas confirmando que no habían podido reunirse con Bezos ni con Will Lewis “durante meses, a pesar de las múltiples solicitudes”.

Una de las consecuencias de esta crisis interna ha sido la fuga de talento de periodistas de prestigio a medios de la competencia: The Atlantic, The New York Times, The Wall Street Journal y CNN, entre otros. En contrapartida, desde comienzos de este año el diario de Bezos ha incorporado editores de medios como el WSJ y The Financial Times.

El futuro de un periódico legendario

Tras la tormenta, con Trump asentado en la Casa Blanca y las consecuencias detalladas a lo largo de este artículo, puede que haya llegado una tensa calma al Washington Post, a pesar del anuncio de otro proceso de bajas incentivadas anunciado en mayo en una comunicación interna del periódico desvelada por medios como Axios.

A finales de abril, Murray anunció los tres nuevos departamentos en los que se iba a dividir la redacción y a los responsables de cada uno de ellos. Las áreas son las siguientes: Futuro, que estará centrada en tecnología, negocios, clima, salud y ciencia; Política y Gobierno, y Nacional, con el objetivo de informar sobre lo que pasa en “todos los rincones de Estados Unidos”.

Además, desde principios de 2025 está en marcha otra pata del diario: WP Ventures, para llegar a audiencias más jóvenes y diversas distribuyendo contenidos en TikTok, YouTube y otras plataformas, y para potenciar nuevas formas de monetización a través de micropagos.

La redacción lleva meses solicitando reuniones con Lewis por los cambios editoriales y la nueva estrategia, sin respuesta, como confirmó 'Cuadernos' con el sindicato del 'Post'

“El ADN del Post consiste en asegurarnos de salir a la calle todos los días y tratar de descubrir la verdad, y de pedir cuentas a los poderosos e instituciones públicas. Los periodistas se entregan en cuerpo y alma para revelar los hechos”, subraya otro exrreportero y editor que dejó a principios de año el diario. “El periódico sigue haciendo un trabajo excepcional cada día, revelando nuevos detalles sobre lo que está haciendo la Administración Trump”, concluye.

Martin Baron relata en Frente al Poder cómo fue Jeff Bezos el que impulsó y aprobó el ya histórico lema que reza debajo de la cabecera del medio: “Democracy Dies in Darkness (“La democracia muere en la oscuridad”, en su traducción al castellano). Y lo hizo después del primer mes de Trump durante su primer mandato. En aquel momento, el multimillonario estadounidense y uno de los hombres más ricos del mundo, afirmó que no era un eslogan, sino “una declaración de intenciones”.

Está por ver si Bezos mantiene esta visión de un periódico que conlleva una gran responsabilidad: 148 años de historia en los que se ha erigido como un faro mundial del mejor periodismo de investigación, ejerciendo un servicio público de contrapoder y de perro guardián de la democracia. Así, 78 Premios Pulitzer avalan el prestigio de su trabajo. Son tiempos oscuros para la democracia en Estados Unidos y el periodismo tiene que seguir arrojando luz en la penumbra.

 

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