14/07/2025

El continente ignorado por los medios españoles

Ser periodista en África: entre la precariedad, la incomprensión y la discriminación de los medios

Èlia Borràs, durante la ceremonia de apertura de la Semana Nacional de la Cultura de Bobo-Dioulasso, 2024. Foto: Bruno Kiemtore

Escrito por Èlia Borràs

El continente africano sigue siendo el gran ignorado por los medios españoles, aunque durante los últimos años haya habido avances para cambiar la percepción y la narrativa sobre África.


* ÈLIA BORRÀS

Uagadugú (Burkina Faso).- Un 80% de los países de África subsahariana han perdido puntos en la clasificación de libertad de prensa que cada año publica Reporteros Sin Fronteras (RSF). Según la organización, Sudán, Eritrea, Somalia, Guinea Ecuatorial y Ruanda son los países donde la libertad de prensa se encuentra en una situación más grave por el hecho de que no existe la independencia editorial y los medios están controlados por un mismo grupo empresarial con intereses políticos concretos.

En toda la región no hay ningún país que roce una buena salud de la información, según los criterios de RSF. Solo Sudáfrica, Namibia, Cabo Verde y Gabón ofrecen un horizonte esperanzador para el periodismo. El país que más puntos ha bajado durante el pasado año -un total de 19 puestos en la lista- es Burkina Faso, donde los periodistas críticos con las autoridades han desaparecido, forzados a luchar en el frente de batalla o amenazados. La misma organización publicó el informe En la piel de un periodista en el Sahel, en el que detallaba los riesgos de secuestro, las presiones editoriales y la lucha contra la desinformación que sufren los periodistas en la zona. El documento lo presentó en abril de 2023, Atiana Serge Oulon, director del medio de investigación de referencia burkinés L’Événement. Hoy la redacción está cerrada y Oulon, desaparecido desde el 24 de junio de 2024.

En toda la región no hay ningún país que roce una buena salud en cuanto a libertad de prensa

Pese a las hostilidades, los periodistas siguen trabajando sobre el terreno y la situación varía mucho según el país desde donde se ejerce. Por ejemplo, el fotógrafo y periodista multimedia nacido en Alcudia, Diego Menjíbar, explica cómo “Kenia es un pequeño reducto donde puedes trabajar bien, a diferencia de Tanzania, donde me interrogaban en el aeropuerto cada vez que quería entrar o salir”. Menjíbar destaca también la red de periodistas que hay en Nairobi, capital de Kenia, con quienes comparte contactos, accesos e información, además de ser miembro de la Foreign Press Association Africa (FPAA), una organización, con sede en Kenia, que trabaja para preservar la libertad de prensa y el derecho a la información.

Además, Menijíbar forma parte de uno de esos colectivos de periodistas que no forman parte de una redacción. Lo que se conoce como “periodista freelance”. Lo que en la práctica significa que no tiene contrato con ningún medio y trabaja por cuenta propia con diferentes medios tanto españoles como internacionales. “Nos encanta nuestro trabajo, pero eso no significa que no se tenga que pagar bien”, aclara. Y esa es una de las trampas con la que cuenta la cobertura informativa española sobre el continente africano y, más concretamente, África subsahariana.

“Hace 30 o 40 años era una cobertura de paracaidistas, enviados especiales y grandes referentes como Ramón Lobo, Alfonso Armada o Javier Pérez Reverte, que hicieron coberturas como las del conflicto en Ruanda; ahora ha emergido la figura del corresponsal, pero el problema es la precariedad y la falta de medios”, explica Pepe Naranjo, colaborador de El País en África occidental y establecido en Senegal desde 2011. Naranjo es, junto con Xavier Aldekoa, de La Vanguardia, uno de los periodistas españoles que más años lleva explicando África de manera continuada y con presencia en los medios. También lo es Gemma Parellada, que ganó el Premio de Periodismo Julio Anguita Parrado en 2023 por su periodismo “en una zona fuera de las agendas oficiales”. No obstante, se cuentan con los dedos de las manos los periodistas que han podido desarrollar una carrera periodística como la de Naranjo y Aldekoa en este basto continente. Aun así, Naranjo apunta que sigue habiendo “mucho voluntarismo, esfuerzo y renuncia personal con poco apoyo de los medios”, que atribuye como más desgarrador después de la crisis de 2008. “África es ese lugar relegado al que no se trata como mereciera”, subraya.

Los reportajes bien pagados en España oscilan entre los 300 y 400 euros, dependiendo de si hay fotos o no. Hay otros medios, cabeceras muy destacadas del país, que se limitan a los 100 euros. Y otros que se quedan en los 200. Para un periodista freelance que se ha desplazado hasta el terreno y costeado los gastos de producción del reportaje -transporte, hospedaje, comida, traducción y gastos de visado- es casi imposible que las cuentas salgan positivas; y esto afecta, al final, a la salud del periodismo y de la información, porque hay que publicar muchos reportajes para que salgan los números. “Para que sea rentable hay que publicar unos siete u ocho artículos al mes y esto hace que disminuya la calidad del periodismo”, lamenta Menjíbar, ganador del Premio Injuve de Periodismo Escrito 2023 con un reportaje desde Malaui, publicado en la sección de desarrollo de El País, “Planeta Futuro”, una de las que más temas sobre África publica en el panorama mediático español.

Para un 'freelance' que se ha desplazado hasta el terreno y costeado los gastos de producción del reportaje es casi imposible que las cuentas salgan positivas

“No se invierte porque no hay dinero”, asegura el corresponsal de La Razón en África, Alfonso Masoliver. En su opinión, “los medios, al fin y al cabo, son empresas e invierten en aquello que les da ganancias”. Masoliver ha ganado el Premio África Mundi a Mejor Corresponsal. Fue su madre quien subió al escenario a recogerlo mientras en una pantalla del CaixaForum de Madrid se proyectaba un vídeo de su hijo desde el lago Kivu en República Democrática del Congo (RDC). Desde allí decía que tenemos miedo a lo desconocido, igual que tenemos miedo a volar, porque muchos no entendemos cómo un hierro se sostiene en el aire, y esto es lo mismo que pasa con los países africanos, que no los entendemos.

Para viajar hasta RDC y, en concreto, hasta las orillas del lago Kivu no hay vuelo directo, ni un visado que te llega en dos días, ni una agencia de viajes que lo organice. “Hay diferentes argumentos que explican porque África subsahariana aparece con cuentagotas en los medios: por una parte, por la mirada de los medios y, por otra, por la dificultad de moverse por el continente”, afirma Jaume Portell, periodista freelance especializado en África y en economía y autor del libro ¿Por qué no se quedan en África?

Por un lado, Portell destaca el hecho de que es más barato viajar de Dakar a Barcelona (cuatro horas de vuelo) que de Dakar a Abiyán (dos horas de vuelo). Y las conexiones terrestres muchas veces son inexistentes, temerarias o muy lentas e impredecibles. Por otro, “los medios aún siguen con la mirada de los años 30 y consideran que se puede explicar el mundo con un corresponsal en Washington, otro en Londres, París, Bruselas y Berlín, todos en un rincón, y esto ha tenido unas consecuencias funestas; porque ahora, con los aranceles de Trump, hemos visto que el rol de Europa en el mundo ha disminuido considerablemente, incluso en las negociaciones de paz en Ucrania”. Y agrega: “Los medios parece que no quieren aceptar esto y no se han dedicado a leer lo que pasa en el resto del mundo, y ahora la ciudadanía está perdida”.

Tener a periodistas trabajando en condiciones precarias en África también es una forma de menospreciar la información y relegar la buena ética y la voluntad del periodista

Las dificultades para acceder a zonas recónditas, la falta de medios de transporte o la precariedad en la que trabajan los periodistas en el continente africano hace que muchas coberturas se hagan de la mano de organizaciones internacionales y de las ONG que en algunos casos pueden costear los medios de transporte y así abaratar los costes del viaje sobre el terreno.

Pero esta práctica a la que periodistas y medios se agarran para seguir trabajando puede mostrar una realidad tergiversada del contexto. Masoliver la considera “periodismo de cooperación” y la relaciona con que a estos temas les falta “profundidad”. También Naranjo lo explica: “El tema migratorio, la pobreza, el subdesarrollo, los conflictos y las epidemias son el sota, caballo y rey de la información africana, y nos estamos perdiendo la emergencia de nuevos actores, temas de geopolítica y procesos de cambio”. A eso le suma el “papel tan relevante que fundaciones, ONG y agencias de las Naciones Unidas ocupan al marcar la agenda de la información sobre África, reforzando el discurso de las epidemias y las enfermedades”, como algo relativamente nuevo. Asimismo, Portell hace hincapié en ello: “No se tiene en cuenta que los países africanos pueden tener una agenda propia, y a veces los medios solo quieren integrar noticias que alimenten los prejuicios que ya tenemos”.

El único medio español con presencia estable en África subsahariana es la Agencia EFE, con sede en Nairobi, Kenia. Esta delegación se ocupa de 44 países y tiene una redacción de cuatro personas y colaboradores en casi todos los países. “Por razones históricas, Mali, Níger, Mauritania, Sudán y Sudán del Sur son países que se explican desde El Cairo o Rabat”, cuenta desde Nairobi Lucía Blanco, redactora de la Agencia. “Yo siempre he defendido que sería interesante tener una oficina en todas las regiones [África occidental, central, este y austral] para poder trabajar mejor”, afirma. En este caso se trata de 44 presidentes diferentes, contextos históricos, políticos y culturales, incluso idiomas distintos. “Tenemos un mapa general de lo que pasa y sabemos más de algunos de estos países de los que más escribimos o que más nos interesan, pero evidentemente no puedes ser experta en todos”, aclara Blanco.

Una de las frases que más se repiten o que suenan con eco en las redacciones es “África no interesa” o “los países no tienen peso a nivel mundial”; total, ¿por qué hablar de África si su papel en el mundo es insignificante?

Portell, que es un estudioso de las relaciones internacionales y económicas, dice que “la suma del PIB de todos los países de África subsahariana equivale aproximadamente al PIB español”, teniendo en cuenta que estos albergan 1.000 millones de personas y hay aproximadamente 47 millones de españoles, pues es verdad que su peso mundial es inferior a Rusia o China. No obstante, y sigue Portell, “se trata de una mirada miope y el secreto más bien guardado de los que explotan y se benefician de sus recursos, porque si estas economías estuvieran más desarrolladas, sencillamente, utilizarían sus recursos y después quien tendría un problema sería Europa”.

Menospreciar lo que pasa en el continente africano es una decisión. “Se continúa aplicando una perspectiva en la que Europa es el centro de interpretación y África existe solo en la medida en que entra en relación, generalmente conflictiva o problemática, con los intereses europeos, ya sea por migraciones, recursos naturales o inestabilidad”, argumenta Soraya Aybar, periodista y directora de África Mundi, la primera newsletter en castellano con noticias de cultura, actualidad y curiosidades de los 55 países africanos.

Tener a periodistas trabajando en condiciones precarias en el continente africano también es una forma de menospreciar la información y relegar la buena ética y la voluntad del o de la periodista y la calidad del reportaje. Periodistas que a la vez buscan otras maneras de explicar y acercarse a la realidad africana. Aybar dice que “el eurocentrismo invisibiliza la riqueza de África” y “esto impide al público español (y europeo) entender que África no es un bloque homogéneo ni un ‘problema’ externo, sino un continente vibrante, diverso y esencial para el futuro global”.

Además, añade que para cambiar la imagen de África se necesita “invertir en periodismo que ponga el foco en narrativas locales, en corresponsales bien formados y colaboraciones directas con periodistas africanos”. Y Masoliver recurre a la historia para recordar que “cuando en la Ilustración se escribió sobre las primeras exploraciones en el continente, se construyó una imagen del africano como un salvaje por civilizar, y esta es una idea preconcebida que aún no hemos sabido exterminar”.

En el continente africano viven 1.400 millones de personas, y en 2050 se prevé que una de cada cinco personas en el mundo sea africana. “El caso de Marruecos y el Magreb es muy particular”, subraya Pepe Naranjo, pero incluso teniendo más cobertura, solo cuenta con una corresponsalía de RTVE, de El País y de la Agencia EFE. Los demás son periodistas freelances que colaboran con diferentes medios y que no están en plantilla. Marc Ferrà, periodista freelance asentado en Rabat, asegura que “los medios escritos hacen una cobertura más continua y las televisiones funcionan al ritmo de las breaking news”. Ferrà destaca que parte de la atención del Magreb se la lleva Marruecos y que aparece en los medios cuando se trata de un tema “político, diplomático o migratorio”. En lo que respecta a África subsahariana, solo hay un colaborador estable de El País, de La Vanguardia y de la Agencia EFE. Los demás, también son autónomos, sin estar en plantilla.

¿Cómo se puede explicar un continente, 55 países, y cambiar la mirada que se tiene sobre este si quienes lo explican y tienden puentes no pueden vivir de ello?

 

Pie de foto: Èlia Borràs, durante la ceremonia de apertura de la Semana Nacional de la Cultura de Bobo-Dioulasso, 2024. Foto: Bruno Kiemtore

 

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