21/01/2026

Ataques físicos y deslegitimación

Los mensajeros silenciados en Gaza

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Escrito por Felipe Sahagún

Desde el 27 de octubre de 2023, cuando Israel comenzó la invasión de Gaza, la cifra de reporteros asesinados no ha hecho más que aumentar, sobrepasando los 200. Organizaciones y medios internacionales han denunciado, y continúan haciéndolo, los ataques del Ejército israelí, el cual tilda a muchos informadores de terroristas, en una campaña que no trata solo de ataques físicos, sino también de deslegitimación.

 

* FELIPE SAHAGÚN

A comienzos de diciembre de 2023, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) estimaba que al menos 61 informadores habían muerto en el primer mes y medio de la invasión israelí de Gaza, casi todos palestinos. Casi dos años y medio después, la cifra se ha multiplicado -por cuánto depende de la fuente que elijamos-, y a ellos hay que sumar otros 40 informadores muertos en los ataques israelíes en Yemen (31), Líbano (6) e Irán (3).

“El CPJ ha documentado 198 muertes de periodistas y empleados de medios (en Gaza) en 2023-2025 -hasta el 22 de octubre-, frente a las 165 registradas en todo el mundo en los tres años anteriores”, informaba la ONG neoyorquina, una de las más importantes de la profesión periodística (Cuadro 1).

Cuadro 1. Periodistas muertos en Gaza y en otras partes del mundo desde 2023. Fuente: CPJ

Al publicar estos datos, el CPJ advertía que sigue investigando más de 130 denuncias adicionales de periodistas asesinados, detenidos y heridos en Gaza, y de ataques a sus oficinas y casas. Son casos difíciles de documentar y de verificar en un contexto que las organizaciones de derechos humanos y expertos de la ONU califican de genocidio.

Por quinta vez en dos años, el pasado 30 de septiembre, Reporteros Sin Fronteras (RSF) denunciaba a Israel ante la Corte Penal Internacional, con nuevas pruebas de crímenes de guerra del Ejército israelí contra periodistas en Gaza.

“Hemos documentado las circunstancias de ataques al menos a 30 periodistas, 25 de ellos muertos y cinco heridos entre mayo de 2024 y agosto de 2025”, señalaba en su denuncia. “La conclusión es inapelable: los periodistas son objetivos en la mayor parte de los casos por su actividad informativa o mientras hacen su trabajo periodístico”, aclaraba.

En la Conferencia para la Protección de Periodistas en Conflictos Armados celebrada de Doha, Catar, a primeros de octubre, representantes de los principales medios y organizaciones profesionales internacionales se dividieron entre los que, para reducir las muertes de periodistas en guerras, creen que hay que tratarlos como civiles y los que, a partir de lo sucedido en Gaza, consideran inútil o absurda esa idea en conflictos como este.

El Observatorio Shireen Abu Akleh, grupo de compañeros, amigos y familiares de la prestigiosa corresponsal de Al Jazeera (AJE) asesinada deliberadamente, según el Washington Post y Bellingcat, por un soldado israelí en 2022, informó en la conferencia que “en Gaza han sido asesinados al menos 300 periodistas y empleados de medios en dos años de guerra; entre ellos, diez de la cadena AJE”.

RSF: 'Los periodistas son objetivos en la mayor parte de los casos por su actividad informativa o mientras hacen su trabajo periodístico'

“Desde el 7 de octubre de 2023, los periodistas palestinos han sido masacrados con impunidad ante la mirada del mundo”, afirmaba Sara Qudah, directora regional del CPJ. “Los periodistas no pueden hacer su trabajo -ni sobrevivir-, mientras son deliberadamente privados de alimentos y de ayuda vital. Israel debe permitir que los humanitarios, los medios internacionales y los investigadores de derechos humanos entren en Gaza de inmediato”.

Aparte de los ataques físicos, los periodistas, en especial los palestinos, han tenido que soportar en estos dos años intensas campañas de deslegitimación por parte del Gobierno y de los medios israelíes, que, con contadas excepciones como Haaretz, sistemáticamente acusan a los informadores palestinos de “terroristas” o de trabajar para Hamás o la Yihad Islámica Palestina sin pruebas verificables.

“Con estas campañas, además de poner en peligro las vidas de los periodistas, se impide la documentación de los crímenes de guerra y de genocidio desacreditando a los testigos”, añadía el CPJ.

“Silenciando a los reporteros palestinos y restringiendo el acceso de los medios internacionales, Israel no solo oculta la realidad de sus operaciones militares al mundo”, advertía el Geneva International Centre for Justice (GJCJ). Asimismo, “impide que los israelíes sepan lo que está ocurriendo en la guerra y refuerza el mensaje victimista del Gobierno. La supresión deliberada de voces independientes tiene profundas consecuencias, permitiendo que florezcan la desinformación y la propaganda, en vez de la rendición de cuentas”.

El peligro de hambruna

La muerte es la agresión más grave, pero no la única, que sufren los informadores en Gaza. La BBC y las tres agencias de noticias más importantes de Occidente -AP, Reuters y AFP- publicaban el 24 de julio una declaración conjunta denunciando “el peligro de hambruna” al que hacían frente los periodistas en el enclave palestino.

“Estamos profundamente preocupados por nuestros periodistas en Gaza”, lamentaban, “incapaces de alimentarse y de alimentar a sus familias. Durante muchos meses, estos periodistas independientes han sido los ojos y los oídos del mundo en Gaza y ahora sufren las mismas calamidades que están cubriendo”.

Un día antes, 109 organizaciones humanitarias y de derechos humanos -entre ellas, Médicos Sin Fronteras, Save the Children y Oxfam- firmaban un comunicado denunciando el recurso a la hambruna como arma por Israel. “Los trabajadores humanitarios se ven obligados a unirse a las colas de alimentos, con el riesgo de ser disparados solo por intentar alimentar a sus familias”, señalaban.

En esas fechas, los escasos médicos que resistían en Gaza y la Organización Mundial de la Salud denunciaban que uno de cada cuatro palestinos del territorio estaba amenazado por la hambruna y casi 100.000 mujeres y niños sufrían grave malnutrición y necesitaban tratamiento urgente.

AFP: 'Hemos perdido periodistas en conflictos, hemos tenido heridos y prisioneros, pero ninguno de nosotros recuerda haber visto morir de hambre a un compañero'

En los meses anteriores, la ONU había registrado la muerte de 766 personas cerca de los cuatro puntos de distribución de ayuda controlada por Israel y gestionada por contratistas estadounidenses, y de otras 288 cerca de instalaciones de la ONU y de los convoyes de ayuda.

En términos similares se pronunciaban el 21 de julio los ministros de Exteriores de casi toda la Unión Europea (UE), el Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Japón. “Condenamos la reducción de ayuda y la muerte inhumana de civiles, incluidos niños, por tratar de cubrir sus necesidades más elementales de agua y de alimentos buscando ayuda”, denunciaban.

Pocas horas después, el mismo día, la Sociedad de Periodistas (SDJ), asociación de profesionales de la agencia francesa -2.600 empleados en 151 países-, lanzaba una especie de ultimátum desesperado: “Desde la fundación de AFP, en agosto de 1944, hemos perdido periodistas en conflictos, hemos tenido heridos y prisioneros en nuestras filas, pero ninguno de nosotros recuerda haber visto morir de hambre a un miembro de nuestro personal”.

“Durante meses, hemos presenciado con impotencia el dramático deterioro de las condiciones de vida de nuestros periodistas -en esa fecha, mantenía aún un equipo de diez colaboradores en Gaza-. Su situación es insostenible, a pesar de su coraje ejemplar, su compromiso profesional y su resiliencia”. Los desplazamientos de los periodistas en el enclave se veían imposibilitados por la escasez de combustible y por la inseguridad. “Viajar en auto”, explicaba, “es correr el riesgo de ser blanco de la fuerza aérea israelí. Por ello, los periodistas de AFP viajan a pie o en carretas tiradas por burros”.

El 23 de julio, AP y Reuters publicaban el testimonio de dos de los colaboradores de AFP, identificados como Bashar y Ahlam, describiendo con detalle su situación límite, y reconocían que sus equipos en la zona sufrían condiciones parecidas. “Nos preocupa mucho la situación de nuestro personal en Gaza y estamos haciendo todo lo que podemos para ayudarles”, afirmaba Lauren Easton, de AP. “Estamos muy orgullosos del trabajo de nuestro equipo en circunstancias tan duras para mantener informado al mundo de lo que allí sucede”, apuntaba.

El 31 de julio, en carta a los Gobiernos de los 27 miembros de la UE y a sus principales instituciones, 58 exembajadores de la UE se declaraban consternados e indignados por la matanza y el secuestro de israelíes inocentes el 7 de octubre de 2023, si bien añadían: “Hoy, sin embargo, somos testigos del horrible espectáculo que lleva a cabo Israel a diario con crímenes atroces contra el pueblo palestino, sobre todo en Gaza, pero también en Cisjordania. Es una campaña de brutalidad, deshumanización y desplazamientos”.

Israel ha rechazado sistemáticamente todas estas denuncias como propaganda de Hamás.

Las últimas matanzas

El 25 de agosto, el Ejército israelí mató al menos a 21 personas en el hospital Nasser, en el sur de Gaza14. Cinco de ellas eran periodistas que informaban para las agencias AP (Mariam Abu Daqqa), Reuters (Hussam Al Masri y Moaz Abu Taha), la cadena Al Jazeera (Mohammed Salama) y el digital Middle East Eye (Ahmed Abu Aziz).

El 11 de agosto, mató a otros siete (seis de Al Jazeera y un freelance) en la tienda de campaña donde se alojaban junto al hospital Al Shifa, en Ciudad de Gaza. Entre ellos se encontraba Anas al Sharif, de 28 años, corresponsal de Al Jazeera, a quien Israel había acusado sin prueba alguna de dirigir una célula de Hamás.

Israel reconoció que, en ambos casos, hizo fuego deliberadamente contra “terroristas” (nombraba a uno en cada caso y sin pruebas verificables de forma independiente). Los demás periodistas muertos habrían sido, según los propios israelíes, daños colaterales.

Aunque Israel siempre ha negado que ataque deliberadamente a los periodistas, las pruebas indican lo contrario. “Hasta la fecha, Israel no ha presentado ninguna prueba verificable por fuentes independientes de que alguno de los periodistas que ha admitido matar deliberadamente fueran terroristas”, escribía la directora ejecutiva del CPJ, Jodie Ginsberg.

En un caso, el del periodista Ismail al Ghoul, asesinado junto al cámara de su equipo, también de Al Jazeera, el 31 de julio de 2024, las pruebas presentadas por Israel supuestamente indicaron que había sido jefe de un batallón de Hamás cuando tenía diez años. Increíble, pero verídico.

Aunque Israel siempre ha negado que ataque deliberadamente a los periodistas, las pruebas indican lo contrario

¿Por qué actúa Israel con esta impunidad? “Se atreve a admitir que, para matar a uno, ha asesinado a seis -todo el equipo de la cadena AJE que cubría la información- porque la comunidad internacional ha sido patética en su condena de las acciones israelíes”, respondía Ginsberg.

“Y en ese término incluyo a la comunidad periodística. Mientras el CPJ recibió muchas muestras de apoyo y solidaridad cuando los periodistas morían en Ucrania al comienzo de la invasión de Rusia (2022), la reacción de los medios internacionales a las matanzas de nuestros colegas en Gaza al comienzo de la guerra fue, en el mejor de los casos, discreta. En algunos asesinatos de alto perfil, como el del periodista de Reuters Issam Abdallah, algunos Gobiernos recurrieron a la defensa manida de la libertad de prensa, pero ni siquiera se atrevieron a censurar en serio a Israel, y pocos tomaron medidas concretas, como la suspensión de la venta de armas o de acuerdos comerciales, que podría haber obligado a Israel a cambiar de rumbo”, argumentaba.

Han sido necesarios más de 200 informadores muertos -al menos, 26 de ellos en ataques selectivos deliberados según el CPJ, que sigue investigando cuántos de los demás también han sido deliberados-, para que algunos Gobiernos, periodistas individuales y medios importantes se hayan atrevido a alzar sus voces contra estos crímenes, una gota en el océano si se tienen en cuenta los cerca de 70.000 palestinos muertos en 25 meses, hasta mediados de noviembre, sin distinción entre civiles o militares, culpables o inocentes.

Territorio prohibido

El pasado 11 de septiembre, la Asociación de la Prensa Extranjera en Jerusalén declaraba en un comunicado que llevaba un año esperando respuesta del Tribunal Supremo (TS) israelí a su segunda petición de acceso libre e independiente a Gaza para los periodistas.

El 5 de octubre, cinco días antes de la entrada en vigor del último alto el fuego promovido o impuesto por la Administración Trump a Israel, el CPJ presentaba un escrito amicus al tribunal israelí, señalando que la prohibición de acceso “viola los compromisos de Israel de proteger la libertad de expresión de los periodistas, según el artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”.

El cerrojo israelí en Gaza ha sido una copia de dictaduras como las de Rusia, Myanmar o Papúa Occidental

El 23 de octubre, el TS daba al Estado hebreo 30 días para reconsiderar la prohibición de entrada en Gaza a los periodistas extranjeros, pero sin una sola medida concreta. “Israel sigue silenciando y evitando que los periodistas sean testigos de lo que sucede en Gaza e informen del genocidio contra el pueblo palestino”, declaraba el presidente del Sindicato de Periodistas Palestinos, Nasser Abu Bakr.

A mediados de noviembre, la esperanza de que Israel responda positivamente tras el alto el fuego no se había hecho realidad. La explicación, según Ginsberg, es que, “durante dos años, Israel ha tratado de controlar la narrativa sobre Gaza con medidas sin precedentes en cualquier guerra reciente”, lo que incluye “asesinatos selectivos de periodistas palestinos, ataques a instalaciones de medios, prohibición de medios de comunicación y prohibición de acceso a medios independientes”.

A pesar de los riesgos, los periodistas extranjeros han podido acceder a las zonas más peligrosas en las guerras de Irak, de Afganistán y en el frente de la guerra de Ucrania controlado por Kiev. El cerrojazo israelí en Gaza, sin zonas de acceso específicas ni otros mecanismos que garanticen la libertad de prensa en el conflicto, ha sido una copia de dictaduras como las de Rusia, Myanmar o Papúa Occidental.

En lugar de garantizar el acceso independiente, Israel solo ha permitido empotrados con escoltas militares: viajes muy controlados, poco frecuentes, de unas pocas horas, con itinerarios planificados por el Ejército para medios internacionales cuidadosamente seleccionados, los cuales, mientras permanecen en Gaza, no pueden relacionarse con los palestinos. El Israel de Netanyuahu, como Putin en Ucrania, está aplicando un control de la prensa mucho más estricto que el tan criticado sistema de empotrados impuestos por EE. UU. en sus guerras de la posguerra fría.

 

Pie de foto: imagen recogida de la web de RSF España