CARTA A LOS LECTORES - N.º 32

Amenazas en el presente e incertidumbres en el futuro

Victoria Prego
Victoria Prego, presidenta de la APM. Foto: Pablo Vázquez / APM

El contenido de este número de Cuadernos de Periodistas es cualquier cosa menos tranquilizador. Y sin embargo, diría que su lectura es obligada para cualquiera que ejerza o quiera ejercer este oficio que se enfrenta hoy no solo a las amenazas tradicionales y bien conocidas por los profesionales del mundo entero, sino a las condiciones en las que se está desarrollando la comunicación en el presente y a las incertidumbres enormes que se apuntan en el futuro inmediato.

En estas páginas está perfectamente descrita la situación que padece el periodismo hoy en España. Sergio J. Valera desentraña las causas que explican la creciente debilidad de la profesión en nuestro país, en las que están incluidas las nefastas consecuencias de la crisis económica, una de las cuales, probablemente la más dramática y perniciosa para el sistema democrático, es la pérdida de la independencia de criterio de los periodistas. Valera no hace un juicio personal sobre este peligroso fenómeno, aporta los datos, que corrobora con la opinión de los periodistas consultados. La conclusión es demoledora: la presión sobre los periodistas se ejerce masivamente desde todas las instancias políticas, económicas y sociales –esto no es ninguna novedad– y los periodistas reconocen que sus circunstancias les hacen mucho más débiles ante ellas. Naturalmente, la precariedad –que, como dice Valera, ha venido para quedarse– está mayoritariamente en el origen de esa pérdida de independencia que tanto está dañando en España el prestigio de nuestra profesión.

Pero este no es sino el primero de los problemas a los que se enfrenta el acto de informar. La nostálgica descripción que hace Lucía Méndez de los viejos modos de un periodismo que hace tanto como 14 años –una eternidad, al ritmo con que se están produciendo los cambios en el mundo de la comunicación– pudo hacer pública la investigación de la red de pederastia que la jerarquía eclesiástica católica de Massachusetts encubrió durante años, evidencia que esta estampa de un grupo de periodistas con cuaderno y bolígrafo, capaces de levantar con la fuerza de sus plumas los abusos de poder, es una estampa en peligro de extinción.

Las noticias, las historias contadas por la prensa, empiezan a ser devoradas por otras plataformas

Las noticias, las historias contadas por la prensa, empiezan a ser devoradas por otras plataformas que tienen la capacidad de multiplicar su audiencia por millones, pero que no devuelven necesariamente al medio emisor los beneficios económicos, sin los cuales no le será posible seguir contando esas historias.

Emily Bell, directora del Centro Tow para el Periodismo Digital, de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, lo explica con tanta crudeza como sencillez: “Estamos viendo increíbles cambios en el control y las finanzas, que están colocando el futuro de nuestro ecosistema editorial en las manos de unos pocos que ahora controlan el destino de muchos. Las redes sociales no solo se han tragado el periodismo, sino todo (…). Internet y las redes sociales permiten a los periodistas hacer un gran trabajo, mientras que al mismo tiempo están cooperando en que el negocio de las empresas editoras de medios sea poco rentable (…). Los editores han perdido el control sobre la distribución. Ahora las noticias se filtran a través de algoritmos y plataformas que son opacas e impredecibles (…). El resultado inevitable de todo esto es que el poder de las empresas de redes sociales es cada vez mayor (…). Veremos empresas editoras que abandonan por completo la capacidad de producción, la capacidad tecnológica, e incluso los departamentos de publicidad, y que delegan todo en plataformas de terceros en un intento por mantenerse a flote. Esta es una estrategia que tiene un gran riesgo: pierdes el control sobre la relación con tus lectores y espectadores, tus beneficios, e incluso sobre el camino que hacen tus historias hasta llegar a su destino”.

No es un relato de ficción, es la descripción de la realidad que los medios de comunicación del mundo entero están viviendo. A ello hay que añadir un fenómeno nuevo por lo que se refiere a su multiplicación: la extensión de los bloqueadores de anuncios. Pepe Cerezo, director de Evoca Media, lo analiza: “Los medios, cuyos ingresos provienen mayoritariamente de la publicidad, son los más afectados por el incremento del software de filtrado (…). El bloqueo afecta a casi todos los formatos. Los efectos económicos sobre el sector son evidentes. Aunque no existen datos contrastados, las estimaciones que la propia industria maneja cuantifican las pérdidas en 2015 por publicidad bloqueada en torno a los 21.800 millones de dólares a escala mundial. En España, algunas fuentes sostienen que actualmente el bloqueo afectaría al 25,9% del volumen de publicidad online (…). En un momento crucial para el sector, en el que las plataformas, incluida Apple, están adquiriendo un mayor protagonismo en la distribución y, por tanto, en el negocio de los medios, la aparición de los ad blockers debilita su posición”.

El periodismo no solo se enfrenta a la necesidad de defender su independencia, ahora también al cierre del grifo de los ingresos publicitarios

De manera que el periodismo no solo está enfrentándose a la necesidad de defender su independencia frente a las presiones de los más poderosos, frente a la concentración en muy pocas manos de un gran número de medios de comunicación y frente a la voracidad de los gigantes como Google, Facebook y otros, sino que debe enfrentarse ahora también al cierre del grifo de los ingresos publicitarios, sin los cuales los medios no pueden pagar a sus periodistas para que hagan su trabajo.

Pero aquí sí cabe apuntar a la esperanza. Los usuarios se descargan bloqueadores de publicidad porque se sienten mayoritariamente agredidos por anuncios intrusivos que irrumpen en su actividad sin darles opción a rechazarlos. “Una de las primeras actuaciones del sector debería consistir en repensar el modelo actual”, dice Cerezo, “reconociendo que se ha sometido al usuario a un enorme estrés publicitario, abusando de formatos intrusivos, rastreadores, etc. A partir de esta reflexión, las posibilidades de actuación son variadas en cuanto al cómo y al cuánto, es decir, con qué grado de intensidad se llevan a cabo dichas acciones. Hay varias opciones, desde los medios que intentan disuadir a los usuarios para que inactiven sus bloqueadores hasta los que directamente impiden el acceso sus contenidos”. Pero el diario británico The Guardian ha intentado una “tercera vía” como solución: “Aunque los detalles aún están por definir, se basa en el desarrollo de un modelo de publicidad más personalizado y menos intrusivo en el que el ‘usuario tiene el control’ sobre la publicidad que recibe. Mientras este modelo se concreta, el diario británico utiliza a sus redactores como reclamo para convencer a los usuarios de que el futuro del periodismo de calidad que ofrecen solo es posible gracias a los ingresos publicitarios”.

Todos estos problemas de la información en un mundo globalizado y digitalizado palidecen hasta desdibujarse por completo si fijamos nuestra mirada en otra realidad rotunda e inapelable. A los periodistas se les asesina en muchos lugares del mundo por cumplir con su función, que es la de informar. José Crettaz, periodista del diario argentino La Nación, hace en estas páginas un relato estremecedor de los riesgos que corren los periodistas en determinados países latinoamericanos. “Ninguna amenaza ha sido más grave que el narcotráfico para el periodismo latinoamericano en los últimos años. Una amenaza que crece y se concreta en cada vez más asesinatos de periodistas, atentados contra medios de comunicación y graves ataques, no solo en México y Honduras –los países más peligrosos para la profesión en el subcontinente–, sino también en Brasil, Paraguay y hasta Argentina. Un fenómeno nuevo asoma de forma incipiente, pero con cada vez más casos: periodistas perseguidos en sus ciudades de origen que buscan refugio en países más seguros y entidades civiles dedicadas a su acogida (…). Los medios también fueron golpeados en esta región por los regímenes populistas, mediante la distribución arbitraria de subvenciones públicas, la persecución judicial y la sanción de leyes. Además, grandes multinacionales aplicaron estrategias cuestionables en el trato con los periodistas y medios”.

Y a pesar de todo, Crettaz asegura que el periodismo latinoamericano goza de una gran vitalidad. Afirmación que podemos hacer extensiva al ejercicio de la profesión en las democracias occidentales. Es conveniente, sin embargo, conocer las interioridades de los problemas que nos acucian. Este Cuadernos de Periodistas quiere contribuir a su enumeración.

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