Consultorio Deontológico

En la actualidad, ¿existe discriminación contra las mujeres en el periodismo deportivo español?

La brecha de género que todavía persiste en el periodismo deportivo es injusta para las mujeres que se dedican a esta especialidad y vulnera el deber cívico del buen periodismo, que es representar fielmente toda la realidad.

Más de 150 periodistas deportivas francesas publicaron un manifiesto en el diario Le Monde en el que denunciaban ser víctimas de discriminación, acoso y sexismo en su trabajo y también en las redes sociales. Con esta denuncia pública han abierto un debate que ha traspasado las fronteras de su país, pues una situación similar se da en muchos otros lugares, entre ellos, por supuesto, España. Su grito viene a decir que el deporte dirigido por hombres para hombres y narrado por hombres sobre hombres ya no es aceptable. Y que el sexismo y el acoso que sufren muchas mujeres periodistas resultan intolerables. Con esta iniciativa, las periodistas deportivas francesas han expresado el mismo tipo de hartazgo que ha inspirado el movimiento #MeToo: aquellas conductas machistas y discriminatorias que durante mucho tiempo han sido naturalizadas por la visión masculina del deporte simplemente han dejado de ser soportables.

La discriminación de género en el periodismo deportivo se articula en torno a una doble ausencia: la de los deportes femeninos, que disponen de una cuota mínima en el espacio informativo, y la de voces femeninas en la narrativa del deporte. El Consejo Superior Audiovisual Francés constata que, mientras la mitad de los periodistas son mujeres, en el periodismo deportivo no llegan al 10% y los contenidos narrados o firmados por mujeres apenas ocupan el 13% del espacio dedicado a los deportes.

La discriminación se articula en torno a una doble ausencia: la de los deportes femeninos y la de voces femeninas en la narrativa

Diferentes trabajos corroboran la misma situación en otros países. Un estudio (Gómez-Colell, Medina-Bravo y Ramon, 2017) sobre las portadas de los cuatro diarios deportivos más leídos en España (Marca, As, Mundo Deportivo y Sport) entre 2010 y 2015 constató que solo había alguna información sobre mujeres deportistas en 81 de las 672 analizadas, es decir, el 12%. Otro estudio (O’Neill y Mulready, 2015) sobre la presencia del deporte femenino en la prensa británica a lo largo de diez años reveló que no llegaba al 5% y, lo que resulta destacable, no se observaron cambios significativos tras los Juegos Olímpicos de Londres de 2012. Los Juegos Olímpicos son el marco en el que el deporte femenino está más representado, pero su influencia en la representación del deporte femenino decae en cuanto terminan los Juegos. Y este ecosistema no ha cambiado con la emergencia de los canales digitales.

Me remito y suscribo las conclusiones del interesante trabajo de Xavier Ramón, Eva Gómez-Colell, Mónica Figueras y Pilar Medina-Bravo Las mujeres como ‘outsiders’ del periodismo deportivo sobre las consecuencias de esta ausencia de representación:

“La marginalización sistemática de la mujer en la agenda deportiva no ha hecho sino aumentar en el nuevo entorno caracterizado por la ‘plenitud digital’ (Hutchins y Rowe, 2009). La baja diversidad de la agenda deportiva, caracterizada por la uniformidad temática y la dominación en muchos contextos de la ‘tiranía’ del fútbol (English, 2014; Manfredi, Rojas-Torrijos y Herranz de la Casa, 2015; Rojas-Torrijos, 2011) se mantiene también en el escenario caracterizado por la multiplicidad de canales y plataformas. Como señalan Daum y Scherer (2018: 560), ‘la dependencia creciente del deporte profesional en busca de la audiencia digital masculina’ ha erosionado aún más la presencia del deporte femenino y amateur, ahondando en la ‘aniquilación simbólica’ (Musto, Cooky y Messner, 2017: 589) de la mujer deportista que durante décadas se ha observado en los medios tradicionales. Esta invisibilidad conlleva graves consecuencias a nivel social, deportivo y comunicativo, entre ellas ‘la ausencia de modelos de referencia femeninos para niños y jóvenes que practiquen deporte o se quieran dedicar a ello’ (Gómez-Colell, Medina-Bravo y Ramon, 2017: 794)”.

En este contexto de devaluación general de lo femenino, las periodistas que se han adentrado en este mundo dominado por la masculinidad no solo tienen que hacer doble esfuerzo para hacer respetar su valía, sino que tienen que desenvolverse en un ambiente emocional adverso, cuando no hostil, y en ocasiones claramente tóxico para su autoestima y sus expectativas profesionales. Sienten que son tratadas como outsiders del periodismo. Pese a todo, el número de mujeres que apuestan por la especialización deportiva es creciente y eso está propiciando un cuestionamiento de los modelos profesionales y los comportamientos. Además de dar la batalla de la presencia y dignificación del deporte femenino, han de luchar contra su propio techo de cristal, que en este caso es especialmente grueso.

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