Infoentretenimiento: ¿hasta dónde puede llegar la información y hasta dónde el entretenimiento?
En los últimos años, hemos asistido a una mutación de los géneros periodísticos hasta dar lugar a la actual hibridación entre información y entretenimiento. Este fenómeno comenzó en la televisión; y, en nuestro caso, tuvo su eclosión con el nacimiento de las cadenas privadas. Entonces se dijo que una mayor competencia elevaría la calidad de los contenidos, pero ocurrió lo contrario: la competencia por la audiencia llevó a la aparición de fenómenos como la telebasura y a una deriva hacia el entretenimiento como fórmula para captar audiencia. Esa hibridación hace que en determinadas franjas horarias predomine ya un formato que toma la actualidad informativa como base y la transforma mediante una combinación de géneros y narrativas en un producto que convierte la realidad en un espectáculo.
Ese modelo surgido en la televisión se está extendiendo a todo el sistema mediático en la medida en que todos medios se están convirtiendo en plataformas multimedia. Asimismo, los cambios que se han producido en el modelo de negocio en el entorno digital han obligado a los medios a entrar en la pugna por las audiencias como un elemento central de la viabilidad económica.
Así es como el infoentretenimiento se ha convertido en un fenómeno general y en constante expansión. Se caracteriza por la tendencia a primar la capacidad de impacto y la espectacularidad de los asuntos noticiosos, lo que provoca una alteración de los criterios de selección de los contenidos de la agenda informativa. Eso tiene un doble efecto: por un lado, provoca que lo impactante pase por delante de lo importante; por otro, provoca que todos los asuntos, incluidos los que se abordan en los programas informativos, tiendan a presentarse por su vertiente más espectacular, problemática o conflictiva. Se ha comprobado que morbo, emoción y escándalo son los ingredientes que mejor captan la atención del público, por eso proliferan los programas de actualidad que exacerban la controversia y la polarización para captar y retener audiencias.
El problema es que, en un contexto de saturación informativa, cada vez es más difícil captar la atención del público y conseguir así las audiencias que garanticen la viabilidad económica del medio. Obviamente, el drama, la intriga, el escándalo o el impacto emocional de un suceso o una historia humana tienen mayor capacidad para atraer la atención que la pura información presentada de forma aséptica y racional. Y hay tantas noticias que cumplen estos parámetros, que los medios rigurosos han de hacer un gran esfuerzo para sustraerse a esta tendencia.
El infoentretenimiento tiende a llevar al extremo la hibridación entre realidad y ficción, lo que tiene importantes consecuencias éticas
Además de difuminar la línea divisoria entre información y espectáculo, el infoentretenimiento tiende también a llevar al extremo la hibridación entre realidad y ficción, lo que tiene importantes consecuencias éticas. Afecta tanto a la selección de los contenidos como a la forma de presentarlos. La mayoría de las veces, estas hibridaciones se presentan como trabajos de investigación periodística y, a veces, incluyen formatos que recrean la realidad con técnicas de ficción. Por ejemplo, en la reconstrucción de crímenes impactantes. Una parte del éxito de audiencia de estos programas radica precisamente en el plus de credibilidad que produce en el receptor la idea de que lo que se le ofrecen es la pura realidad y no una ficción, aunque el producto final tenga más de ficción que de realidad.
Esta deriva ha contribuido poderosamente a la polarización, a la sentimentalización de la política y a la distorsión y empobrecimiento del debate público. Este abordaje priva a los ciudadanos de una aproximación completa y ajustada a la realidad, con el agravante de que con la versión simplificada y distorsionada que reciben ya se consideran bien informados. A la larga, una práctica periodística basada en la simplificación y la manipulación informativa, en la distorsión de la realidad, la explotación de las emociones, la invasión de la intimidad y la mercantilización de las vidas privadas acaba minando la credibilidad del conjunto de los medios.
El periodismo debe primar, ante todo, el respeto a la verdad, que se consigue con rigor, exactitud expositiva y la mayor adecuación posible de la narrativa informativa a los hechos y datos de la realidad. “El primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad”, dice el primer punto del Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). “El compromiso con la búsqueda de la verdad llevará siempre al periodista a informar solo sobre hechos de los cuales conozca su origen, sin falsificar documentos ni omitir informaciones esenciales, así como a no publicar material informativo falso, engañoso o deformado”, añade el Principio 13. En los programas que tengan una base informativa y se presentan como tales, debe exigirse el cumplimiento estricto de estas normas deontológicas. La información no debe recurrir a formatos propios del entretenimiento si ello conlleva una merma de esos principios.
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